Sería indisculpable que nuestro país asociara a Vaz Ferreira únicamente con el maravilloso jardín que creara en su casa de Atahualpa, con su casa misma, su austera vida, sus reuniones musicales de los jueves (su discoteca era de una riqueza proverbial), el amor familiar que cultivó, los cargos que desempeñó, las fecundas iniciativas que tuvo y la creatividad que demostró poseer al proponerlas y ejecutarlas, amén de sus clases y conferencias.
Todo ello es sumamente valioso y hay que destacarlo siempre. Y, por tanto, no se incurre en una falsa oposición cuando se afirma que el Vaz Ferreira imperecedero es el que nos enseñó a pensar, a conocer y superar los paralogismos, a escandalizarnos ante los dogmas, a tener una firme actitud crítica frente a todas las ideologías y a todas las situaciones, a tener independencia de criterio y a mantenernos mentalmente abiertos.
Nos enseñó a sopesar soluciones, a valorar matices, a tener presente que lo bueno y positivo de las cosas y de las ideas puede existir en posiciones contrarias y, fundamentalmente, que el individuo y la sociedad no deben olvidar que todos esos bienes son emergentes naturales de la libertad.
Este es el Vaz Ferreira que quisiéramos se recordara en las escuelas, liceos y universidades. Y en los medios de comunicación masiva.
En esta ocasión, pasados pocos días de un nuevo aniversario de su nacimiento en 1872, nos referiremos a una de sus preocupaciones básicas: los problemas sociales y, en particular, los que se vinculan con el marxismo y sus derivaciones. Sorprende, y genera un altísimo respeto, su confesión sobre estos temas: "Siento mucho pero sé poco". Ello le permite poner en evidencia su método para abordarlos consistente en colocarse antes de la cuestión planteada, sentirla libremente y sin perjuicios teóricos.
Así, frente a la polarización individualismo-socialismo, Vaz Ferreira expresa que el primero es más favorable a la libertad, la personalidad y la diversidad. Agrega que el individualismo es fermental, acorde con la naturaleza humana y con el instinto de la especie en marcha. En lo rechazable, apunta su dureza, su defensa de lo actual que se asienta sobre la desigualdad y la inseguridad ya que valora, más que nada, los puntos de vista económicos, que todo lo absorben.
En cuanto al socialismo, Vaz Ferreira lo considera más humano, piensa que tiende a la igualdad y que defiende al pobre y al débil. Como contrapartida, el socialismo limita la individualidad e iguala, en el mal sentido de este concepto. Además, implica demasiado estatismo, suprime la personalidad y la posibilidad de su progreso. Es entonces que Vaz Ferreira acude a una de sus expresiones clave: el socialismo es fijante.
En resumen, ninguna de las dos formas expuestas es totalmente buena o totalmente mala. Está convencido que las soluciones puras no se dan en la realidad. En otra de sus conferencias, Vaz Ferreira aborda otra vez el tema y dice: "Cuando yo pienso y siento sinceramente sobre el socialismo lo encuentro inconcretable, aún en pensamiento... buscando en los escritores, en los propagandistas, nunca lo he podido encontrar concretado... ¿Cómo es? ¿Quién manda?, ¿Quién mantiene el orden teorizado? ¿Cómo es el Estado o lo que haya en su lugar? ¿Cómo se hace para que cada uno dé lo que podría dar en materia de trabajo y de energía? ¿Y cuáles son las sanciones? ¿Cómo se reparte?
El pensador expone sus dudas: "O supone un cambio espiritual muy grande en la humanidad o sustituye a la libertad. O la utopía sicológica o la tiranía. Respetuoso y hasta condescendiente con las ideas ajenas, manifiesta que "todo esto es separable de su valor y efectos pragmáticos, como ideal de combate".
Se impone una aclaración: Vaz Ferreira expuso sobre este tema entre 1917 y 1920, años iniciales de la revolución bolchevique, cuyos excesos podían explicarse por el simple hecho de estar frente a los primeros pasos de una revolución. Faltaba aún lo peor, aquello en lo que la historia dio la razón a Vaz Ferreira. Faltaba el régimen de tiranía permanente y sin excepciones. En "Resumen de ideario", 1951, treinta años después de lo reseñado, Vaz Ferreira se reafirma: "Yo lo prefijé en mis clases de Filosofía del Derecho: o utopía sicológica o tiranía... en realidad, la utopía sicológica no tenía sentido, tuvo que ser la otra disyuntiva del dilema, fue la peor de las tiranías totalitarias, la más triste y peligrosa de las actuales".