Sindicatos en campaña

Los uruguayos estamos acostumbrados a la politización de la vida sindical. Tal vez demasiado acostumbrados. Por eso hemos perdido la capacidad de asombro y vemos hasta normal determinados pronunciamientos de la dirigencia gremial, que en otros países serían causa de escándalo nacional. Pero en los últimos días, este problema se ha disparado, llegando a límites inaceptables.

El primer tema que ha dejado en claro este problema es el del proyecto oficial de negociación colectiva laboral. El mismo propone cosas insólitas como que los empresarios tengan que suministrar información reservada a los gremios sin ningún tipo de garantía acerca de lo que éstos harán con ella, y en general establece una injerencia cada vez mayor del gobierno y los sindicatos en el manejo de las empresas, en desmedro del empresario. Tal vez, como pago por tener la audacia de poner su capital a trabajar en el país.

Como era previsible, las cámaras empresariales mostraron su desacuerdo, sólo para recibir los insultos y ataques de sindicalistas y jerarcas oficiales al unísono. Un "coro" que a medida que se acercan las elecciones entona cada vez mejor en conjunto.

Otro tema que reveló hasta dónde es preocupante esta politización de los gremios fue la noticia publicada esta semana en El Observador, de que el Pit-Cnt quiere eliminar las zonas francas, porque dice que "no colaboran con un verdadero proceso de desarrollo productivo en Uruguay". Más allá de lo interesante que sería que alguien definiera de una buena vez que quiere decir eso de "productivo", este tema sirve para darse cuenta hasta qué punto los sindicatos han perdido el Norte. Las zonas francas en Uruguay vienen siendo desde hace años, un polo de desarrollo envidiable en el país. Enclaves de economía primer mundista que con su empuje han generado más de diez mil puestos de trabajo, y aportado al país riqueza por casi 4 puntos del producto bruto interno. Por ejemplo, es ilustrativo saber que toda la Pepsi que se consume en Japón, es hecha a partir del concentrado que la empresa fabrica en la zona franca de Colonia.

Pero hay más. No sólo es importante la cantidad de puestos de trabajo que estas zonas francas han creado, sino la calidad de los mismos, con un nivel salarial y condiciones laborales que en muchos casos son la envidia del resto de los trabajadores. Ahora bien, si la función del Pit-Cnt es luchar por la mejora de las condiciones de trabajo, ¿no sería lógico que buscaran expandir esa pujanza y capacidad de pago que allí existe al resto de la sociedad, en vez de querer eliminarla? Ahí queda claro que la preocupación gremial por el bienestar de los trabajadores pasa a segundo plano ante la ignorancia y los preconceptos ideológicos.

Pero para redondear una semana negra para la dirigencia sindical, y para el país que la padece, ahora se anuncia una marcha en contra de lo que llaman "el modelo neoliberal de los 90". Por detrás de ese eslogan tan hueco como infantil, ha quedado en evidencia que la protesta es contra los candidatos de la oposición. Particularmente claro fue el secretario general de Fucvam, Daniel De Souza quien dijo que la marcha "es contra Lacalle, el candidato que tiene más chance de ganar en el Partido Nacional", y para redondear el disparate dijo que su actitud "es parte del juego democrático". Asombroso.

O sea que para la dirigencia del Pit-Cnt la democracia consiste en que un grupo de personas aullantes le vengan a decir a la mayoría de la población a quien le conviene votar. En que una corporación, que afilia personas con el objetivo de defender sus intereses laborales, se ponga a opinar sobre quien puede y quien no puede gobernar el país. ¿Para qué precisamos elecciones entonces? La gran pregunta es qué va a pasar si la mayoría del pueblo uruguayo decide que uno de esos candidatos denostados por los sindicalistas sea quien deba gobernar el país. ¿Se van a oponer a la decisión popular? ¿Esa es su visión de la democracia?

Está claro que uno de los principales problemas que enfrenta Uruguay en su camino a un desarrollo acorde a los tiempos actuales, son las corporaciones. Entidades egoístas que bajo la supuesta intención de defender el interés de un sector, se convierten en grupos de presión que pretenden imponer su visión a la fuerza al resto de la sociedad, sin respetar las normas básicas de la democracia. Lamentablemente, algunos de los actuales dirigentes gremiales, son un ejemplo clarísimo de este problema.

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