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Sindicalismo anticapitalista

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Para el próximo 8 de marzo, día internacional de la mujer, el Pit-Cnt resolvió convocar a un paro exclusivo de mujeres. Esto es una novedad que las mujeres sindicalistas venían reclamando hace años. La idea es visibilizar la ausencia de mujeres, aunque aún falta ver cómo esto baja a la realidad. Pero más allá de esta evolución en el vínculo del sindicalismo con el movimiento feminista, me llamó mucho la atención la consigna bajo la cuál se hace dicha convocatoria: “por un feminismo de clase, antirracista y anticapitalista”.

Que el movimiento sindical se proclame antirracista es una buena noticia, y que reivindica una mirada “de clase” no tiene nada sorpresivo, es lo que vemos cada 1ero de Mayo.

Pero la apelación a una mirada “anticapitalista” sí es novedosa aunque alguno pueda creer lo contrario.

Claro que siempre hubo en el Pit-Cnt sectores “anticapitalistas”, pero esa no suele ser la consigna de una convocatoria general de la central. Y no lo era por un motivo, quizás contraintuitivo, pero muy notorio si se atiende la evidencia. Fue siempre en sociedades capitalistas dónde el sindicalismo alcanzó mayores niveles de desarrollo y obtuvo logros más relevantes.

Probablemente, la Europa posterior a la segunda guerra mundial es el ejemplo más claro de mejoras de las condiciones de vida de los trabajadores alcanzadas, en parte, por la actividad sindical en el marco de sociedades capitalistas. La literatura llamó ese período “la edad de oro del capitalismo”, ya que fue un período de gran crecimiento económico que redundó en notorias mejoras de las condiciones de vida de las personas que permitió que los sectores obreros alcanzaran niveles de ingreso y bienestar desconocidos hasta entonces.

En ninguna experiencia no capitalista, el sindicalismo obtuvo logros ni remotamente asimilables. Claro que existe un sindicalismo revolucionario anticapitalista. Es un sindicalismo más preocupado por el sistema político general que por lograr mejoras materiales de los trabajadores concretas y de corto plazo. Pero el sindicalismo que mejoró las condiciones de vida de los trabajadores fue siempre, explícita o implícitamente, capitalista. Esto solo puede ser polémico para algún ingeniero social que cree poder reformular todo de acuerdo a sus ideas teóricas, en la práctica el capitalismo y el sindicalismo se pueden llevar muy bien.

No es muy distinta la situación si analizamos la evolución del rol de las mujeres en la sociedad. ¿En qué sociedades se avanzó más? Sin desconocer las inequidades que persisten, parece evidente que fue en el marco de democracias liberales y economías de mercado dónde las mujeres lograron irrumpir en las altas esferas de la política y la economía. En ninguna sociedad agrícola pre capitalista, ni en ningún régimen socialista se vió nada similar.

La aparición del anticapitalismo en el centro de una convocatoria del Pit-Cnt es una novedad y puede responder a cambios en la correlación interna de fuerzas y la toma de fuerzas de sectores anarquistas. El papel aguanta todo y, por suerte, cada uno puede gritar la consigna que quiera. Pero la realidad inequívoca en que el único sindicalismo exitoso que existe y existió es capitalista.

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Agustín Iturralde

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