Parecía un chiste de uno de esos portales satíricos como “El Cascote News”, pero no lo era. Hace un par de días, la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Universidad de la República difundió un aviso ilustrado con una foto de terroristas encapuchados, uno de ellos mirando a cámara. Lejos de intentar poner en entredicho su práctica deleznable de violencia política y religiosa, pretendía lo contrario: bajo el título La gran Palestina, publicitaba “una película de Rafael Rangel en colaboración con combatientes de la Resistencia (HAMÁS)”, a exhibirse en el Aula Magna de dicha Facultad.
No tenemos noticia de que alguna autoridad universitaria haya reaccionado de inmediato ante semejante mensaje antisemita, rol que sí cupo a distintos legisladores de la oposición, a través de sus redes sociales. Al respecto, el diputado colorado Gabriel Gurméndez expresó que “cruzaron el límite”: “los enmascarados del afiche desenmascaran a las autoridades de la Udelar. Esto no es libertad de cátedra ni autonomía educativa, ni laicidad, esto ni siquiera es por Palestina o los palestinos. Acá se está usando a la universidad pública como plataforma de propaganda de una organización terrorista, sin disimulo ni recato. Esto no es análisis del conflicto, es una declaración de odio antisemita, de la facción de asesinos y fanáticos religiosos del 7 de octubre de 2023. Esto no es nuestro Uruguay. No nos quedaremos callados”.
También hubo una rápida reacción de egresados de la Udelar, que reclamaron a la Universidad la cancelación de esa proyección. La FIC deslindó responsabilidad sobre su origen.
Felizmente la historia terminó bien: no solo la película no fue exhibida, sino que además hasta el propio Centro de Estudiantes de Información y Comunicación (Ceico), que había organizado el evento y firmado el mensaje, emitió un comunicado aclarando que “no estábamos informados sobre las características de la realización difundidas en un flyer que circuló por redes sociales. Dicho flyer no es de nuestra autoría, fue realizado y difundido sin nuestro consentimiento”.
El País intentó comunicarse con integrantes del Ceico pero no obtuvo respuesta. También deslindó responsabilidad la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Significativamente, ahora nadie se hace cargo de la movida, un poco por aquello que decía Napoléon, de que las victorias tienen cien padres pero las derrotas son huérfanas.
Más allá del alivio que produce que ni la Universidad ni su colectivo de estudiantes rubrique ahora tamaña incitación a la violencia antisemita, vale la pena preguntarse cuánto de este cáncer alimentan en forma indirecta. Intelectuales afines a la izquierda, así como legisladores y dirigentes de importantes sectores del FA, advierten un día sí y otro también que la negativa uruguaya a calificar de genocidio la guerra de Israel contra Hamás explica la desaprobación del gobierno. Es que los sectores radicales, tanto del sindicalismo como del mismo FA, sacan partido del deterioro de imagen de la administración Orsi, usándolo como presunta justificación para impulsar sus propias agendas. Resulta paradójico que hayan estado todo este tiempo exigiendo al gobierno que defienda los intereses estratégicos de Hamás, y que ahora no se hagan cargo de una promoción explícita de su accionar terrorista.
A esta altura sería bueno que se decidieran: se puede cuestionar la cruenta guerra urbana emprendida por el gobierno de Netanyahu, pero cuando repiten el latiguillo por una nación palestina “desde el río hasta el mar”, deberían saber que esa frase está extraída directamente de la carta fundacional de Hamás, la organización criminal que ahora dicen que no promueven.
¿Cómo hay que interpretar este doble rasero? Es cierto que en mucha gente hay un componente importante de ignorancia, de simplificación de un conflicto complejo. ¿Pero estamos ante un caso así o más bien frente a una estrategia de comunicación intencionada, de entreverar las cartas para hacer pasar a los asesinos del 7 de octubre como una resistencia heroica? Aún con todos sus desbordes, Israel es una democracia. No así la opresión que ejerce Hamás sobre su pueblo. Si realmente quieren proteger a los palestinos, deberían empezar por denunciar a sus dictadores, en lugar de homenajearlos con películas y afiches laudatorios.
La indignación pública hizo que bajaran esa indignante apología de la violencia. Pero si la sociedad no hubiera reaccionado… lo del título.