SEGUIR
El segundo semestre del año será internacionalmente de muchas y graves dificultades. Importa tenerlas muy presente por las consecuencias que tendrán para nuestro país y la región.
En primer lugar, de prolongarse la guerra rusa en Ucrania, el conflicto está llamado a internacionalizarse. Porque más allá de que lo esencial de las acciones bélicas ocurran en suelo ucraniano, ya se verifican ataques en territorio ruso de parte de la valiente resistencia de Kiev, y porque los apoyos que ha conseguido el presidente Zelenski implican un mayor involucramiento en provisión de armas y apoyos logísticos de las principales potencias de Europa.
Si esa guerra se prolonga y se agrava, sus consecuencias en el campo de la alimentación mundial serán muy graves. Ya hoy Ucrania tiene enormes dificultades para poder exportar su producción agrícola, que es fundamental para la seguridad alimenticia en particular del norte de África. Pero, además, no está siendo posible plantar para la próxima zafra, por lo que el déficit de exportaciones de una zona que ha sido conocida como el granero del mundo, será mayor para fines de año.
En segundo lugar, a esta situación derivada de la guerra debe agregarse un factor clave que hace a los recursos energéticos y sus consecuencias en los procesos económicos europeos. En efecto, las duras sanciones occidentales contra Rusia han tenido como consecuencia una baja sustancial de importaciones de gas y petróleo rusos de parte de Europa. El problema es que, para el gas natural en particular que es fundamental en varios procesos industriales como metalurgia, por ejemplo, y para la calefacción y la electricidad de los hogares, ningún país europeo cuenta con un suministro alternativo que rápidamente supla al protagonismo del gas ruso.
Es previsible entonces que en toda Europa el precio de la energía aumente y que haya industrias enteras que marchen a media máquina o que directamente cierren por causa de falta de energía para funcionar, con sus consecuencias de pérdidas de empleos, de exportaciones y producción en general. Además, este panorama se viene a sumar a lo que ya hoy está ocurriendo en el viejo continente: inflaciones cercanas al 10%, con recesiones económicas en puerta -Alemania, por ejemplo, por primera vez en muchos años no logró tener un gran saldo exportador favorable en su comercio exterior-, y mayores tensiones políticas en todo el continente.
En tercer lugar, más lejos del escenario europeo, la situación en Estados Unidos lleva a pensar en una fuerte recesión económica para la segunda parte de 2022. Además, el objetivo fundamental de bajar una tasa de inflación que es la más alta allí desde al menos cuarenta años, llevará a un aumento de tasas de interés que tendrá consecuencias enormes en el encarecimiento del financiamiento para los países y empresas de regiones en desarrollo, y por tanto para sus planes sociales y sus inversiones que generen más empleo.
Con países centrales en recesión económica y por tanto comprando menos en el exterior; con aumento del costo del financiamiento internacional; y con serios problemas para proveerse de materias primas alimenticias cuyo precio además estará llamado a subir por falta de oferta, es claro que el panorama de varios países del continente africano, de América Latina y de Asia se verá muy complicado en este segundo semestre. La combinación de todo esto, junto a problemas estructurales o expectativas populares frustradas por mucho tiempo, son una bomba de tiempo política que puede llevar a desestabilizaciones graves con consecuencias de conflictos internos y de emigraciones internacionales muy importantes.
Con países centrales en recesión económica e importando menos, con aumento del costo de financiamiento y problemas para obtener materias primas, el panorama de países de América Latina se verá muy complicado.
Nuestra zona es productora de alimentos, por lo que se podrá beneficiar de los previsibles aumentos de sus precios a la vez que, para el caso uruguayo, de la esperable baja del precio del petróleo por causa de la recesión mundial. Sin embargo, no debe perderse de vista que Rusia es gran productor y exportador de fertilizantes y que sin ellos es imposible producir a gran escala: tan es así, que incluso Estados Unidos dejó de lado ese producto clave en las medidas de embargo contra Moscú por causa de la guerra en Ucrania. ¿Logrará esta zona de Sudamérica una producción agrícola que se termine beneficiando de la falta de oferta mundial?
Ninguna de estas circunstancias podía ser prevista siquiera hace un año atrás, cuando, por ejemplo, nadie a nivel mundial pensaba en que Europa y Estados Unidos alcanzarían inflaciones cercanas al 10% anual. Será pues una segunda mitad de año muy complicada.