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Punto de partida hacia octubre

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Mucha agua ha corrida bajo el puente en la última semana. La acumulación de hechos políticos nos deja la sensación, incluso, de que el período de tiempo transcurrido ha sido bastante mayor, pero lo cierto es que hace solo siete días todavía estábamos votando y aguardando el veredicto de las urnas respecto a las internas de cada partido. Hoy, con los presidenciables y las fórmulas de los principales partidos cerradas, podemos analizar mejor cuál es el punto de partida hacia las elecciones nacionales, intentado develar las estrategias de los distintos partidos.

La estrategia frentista puede definirse como un “cierre hacia adentro” con una fórmula representativa de casi el 100% de sus electores que sufragaron el domingo. El timing, la forma y el fondo fueron los que recomiendan los expertos de comunicación política. El candidato elegido por las urnas fue el más moderado y la candidata elegida como vice es más representativa de los sectores radicales de su partido. El principal escollo que se divisa en la campaña frentista es cómo pararse frente al plebiscito impulsado por el Pit-Cnt y partidos de la propia coalición de izquierda como el Comunista y el Socialista. Todos los expertos coinciden en que su aprobación representaría un hecho dramático para nuestro país, por lo que será un parteaguas clave en los próximos meses. Si el Frente logra contener a sus sectores más radicales y plantarse en contra de esta iniciativa ganará puntos decisivos; si debe transar con los radicales más irresponsables pagará un costo de consecuencias impredecibles.

La estrategia del Partido Nacional, por su parte, puede definirse como un “cierre hacia afuera”, ya que no se procuró dejar contentos a todos los votantes blancos sino alcanzar un electorado más amplio pensando en octubre y noviembre, como expresó el propio candidato presidencial. Dejar descontentos a algunos militantes y dirigentes es una mala noticia solo si esto no se ve compensando por un crecimiento en el electorado que procura captar la fórmula elegida. Fue una jugada riesgosa que solo el paso del tiempo permitirá evaluar en su justa dimensión, pero que en todo caso procura mostrar un partido más abierto, más urbano y más corrido hacia el centro.

El Partido Colorado siguió una estrategia similar a la del Frente Amplio, conformando su fórmula con el primer y segundo candidato de las internas. Ojeda ha mostrado un perfil centrista y Robert Silva también corrió por este andarivel, por lo que deberá verse en la campaña cuál es el nicho que pretenderá ocupar este partido entre consolidar una mejor votación que la elección pasada o ir por el complejo camino de pelearle el primer lugar de la Coalición Republicana a los blancos. Al analizar este panorama en términos más globales una vez más se constatan las peculiaridades de nuestro país. Nuestro sistema de partidos sigue siendo sólido y estable, los candidatos a la presidencia de la República que seguramente definirán la elección en segunda vuelta son los que todos pensábamos que lo harían desde hace varios años, y esa contienda seguramente será sumamente estrecha y competitiva. Esto, aunque puede despertar críticas, es esencialmente positivo. Da muestras de madurez tanto de los electores como de los políticos y da cuenta de que la política en nuestro país sigue teniendo la sana característica de que logra representar adecuadamente a los votantes.

Por otro lado, también nos ha dejado a salvo de los radicalismo a izquierda y derecha que se ven en todo el mundo, desde nuestro propio continente a Europa y más allá. Que el populismo y la demagogia radical no forme parte de las propuestas de nuestros principales partidos también es un aspecto positivo que debe resaltarse.

Quizá el tono menos positivo sea lo estrecho que resulta el debate de ideas en campaña. Todos los políticos uruguayos parecen querer ser de centro, moderados y poco propensos a cambiar mucha cosa, en un país que pese a los avances registrados en el actual gobierno sigue necesitando una agenda reformista, especialmente en materia económica. Necesitamos propuestas audaces en términos de apertura, burocracia, competencia, baja de impuestos, des regulación, mercado laboral, entre otros temas. La dimensión ideológica, sin embargo, parece estar fuera del debate, quizá porque no existe un electorado que lo reclame. En todo caso, el acumulamiento en el centro deja al liberalismo bien entendido sin claros representantes, al menos por ahora. Ojalá la campaña nos sorprenda positivamente.

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