Provincianismo, medios y operetas

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La entrevista del presidente Lacalle Pou con el programa HardTalk de la BBC agitó polémica en Uruguay. No por sus declaraciones sobre apertura comercial, ni las críticas al Mercosur, ni siquiera por los peligros del vínculo con China.

El tema volvió a ser el desplome de Uruguay en el ranking de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras.

La pregunta del periodista británico sobre el tema era pertinente y razonable. Stephen Sackur es un profesional acostumbrado a entrevistar a oligarcas rusos, dictadorzuelos africanos, y empresarios corruptos. Y una investigación mínima previa habrá mostrado el llamativos desplome de Uruguay en el ranking de la entidad francesa. Para cualquier europeo promedio, esa noticia en esta región se asocia a gobiernos represores.

El problema de fondo aquí es la fuente de información que genera esa noticia. Algo que el corresponsal de CNN latina en Uruguay, Darío Klein, puso en evidencia en sus redes sociales, al decir esta semana que “¿Hay realmente gente en Uruguay tan provinciana y endogámica como para creer que detrás de una entrevista de BBC, un informe de DW, un reportaje de AP o un ranking mundial de una organización francesa hay una conspiración operando para perjudicar a un gobierno? ¿En serio?.”

Lo verdaderamente provinciano es pensar que un periodista de la BBC británica (la en serio) va a estar siguiendo de cerca la política uruguaya. O que va a tener muchas fuentes de información sobre lo que pasa en este perdido rincón del mundo. Sus insumos pasan por un ranking, como el de RSF, algún informe de cadenas europeas, como la DW. Y en el caso de ambas cosas, éstos tampoco toman un trabajo enorme para generar sus datos, menos en un caso como Uruguay, donde nunca pasa nada.

Estas cosas funcionan de otra manera. Es probable que se conecte a algún personaje que haya tenido visibilidad externa por algún cargo burocrático regional, o algún informe local, del cual no se averigua demasiado. Es ahí donde entran a jugar la mala fe, y partidismo de algunas fuentes interesadas.

La entrevista del presidente Lacalle Pou con la BBC británica volvió a poner sobre la mesa la situación de la prensa en Uruguay, y la mala fe de algunos operadores y ex periodistas que agitan cucos con una frivolidad dolorosa.

Y hay muchas señales que dejan en claro cómo vino la cosa.

Recordemos primero el informe de la DW, donde la única fuente era el ex relator de CIDH, Edison Lanza, donde se acusaba a Uruguay de ser un infierno para los periodistas. Fue tanta la repercusión que la propia cadena hizo un nuevo informe semanas después, donde la tónica era totalmente diferente. Ese no fue tan comentado, claro.

Luego vino el informe de Cainfo, una organización creada por el propio Lanza, y que ha alegado que en los últimos años habría habido dos problemas: un aumento de las amenazas a periodistas, y un aumento de los juicios civiles y penales a medios de prensa.

Sobre lo segundo, es algo que no está en la órbita del gobierno. En Uruguay la justicia es independiente, y hay leyes muy restrictivas en materia de demanda contra los medios. Pero eso no nos da derecho a decir cualquier cosa. Por otro lado ¿cuál ha sido el resultado de esas demandas? ¿Ha habido sanciones injustas? La verdad que no, entonces no se entiende de dónde sale el victimismo.

Sobre las amenazas... tampoco ha pasado nada. En tiempos de redes sociales, las amenazas proliferan, porque no hay casi costo en hacerlas. Ahora, ¿eso amerita decir que se ha agravado la situación de libertad de prensa en Uruguay? Pues no. A menos que uno tenga una sensibilidad muy frágil.

Por su parte, el propio Lanza ha escrito intentando justificar la caída de Uruguay en los rankings. Eso sí, aclarando que él no tiene nada que ver con eso. Y sus argumentos son tan flojos como decir que es porque no se responden los pedidos de acceso a la información pública (al parecer no se enteró que hubo una pandemia que acaparó la atención del gobierno estos dos años). Y que la LUC, al prohibir los piquetes, afectaría la libertad de expresión. ¿En Costa de Marfil se puede hacer piquetes? Porque ni en Noruega ni en Suecia, países que encabezan ese ranking, están permitidos.

La pregunta es bien clara. ¿Alguien cree que es más libre el periodismo en Afganistán, Timor Oriental o Argentina que en Uruguay? Y la respuesta de cualquiera con un mínimo de mundo es que no. ¿Ha hecho este gobierno algo para que comparativamente caigamos 20 puestos? Salvo para gente obnubilada por su partidismo, es obvio que no.

Todo lo demás es humo y mala fe. Y privilegiar la agenda política de “pegarle” al gobierno, sin importar que después la imagen del país termine asociada a la realidad de países donde hacer periodismo sí es una aventura peligrosa. Una verdadera, y provinciana, frivolidad.

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