El hecho de que el oficialismo monopolice todos los cargos en la administración pública obliga a la oposición a recurrir a los dos mecanismos que dispone, -que son la prensa y el Parlamento-, para requerir información o trasmitir su opinión y las soluciones que entienda pertinentes en los temas que lo requieran.
Esa actitud no está animada con finalidad política, como se ha dicho, sino que es la única a la que puede recurrirse, no sólo para mantenerse informados e informar a la vez a la opinión pública sobre lo que está sucediendo, sino además para ejercer las tareas de contralor a las que no puede renunciar.
Querer retacearle ese derecho recurriendo a aquel argumento, significa cortar la posibilidad de toda crítica, lo que no es sano ni legítimo en un régimen democrático.
Hay que tener la humildad de aceptarlas y reconocer los aportes que puedan ofrecerse a través de esa vía.