Los vecinos de Río Negro celebran la merecida designación del "Paisaje cultural industrial de Fray Bentos" como parte del Patrimonio Mundial. Esta distinción ubica al conjunto de edificios e instalaciones del frigorífico Anglo en la misma categoría que el barrio histórico de la Colonia del Sacramento, declarado Patrimonio Mundial en 1995.
Las diferentes denominaciones utilizadas para referirse a aquel proyecto reflejan la interesante historia de aquel "paisaje industrial".
El punto de partida fue un saladero instalado en el año 1858. Allí llegó un químico alemán, Jorge Giebert, quien hizo ensayos para elaborar un extracto de carne según el procedimiento inventado por su compatriota, el profesor Justus von Liebig. Fue la idea apropiada en el momento apropiado. En Europa existía una fuerte demanda por alimentos, resultado del aumento de la población, la industrialización y la expansión de las ciudades. En el Río de la Plata se encontraban cantidades importantes de ganado. La industria frigorífica recién se encontraba en sus principios. Las mejores formas de comunicar aquella demanda por proteínas con el suministro era la fabricación de extractos, como el propuesto por Liebig, o de productos enlatados.
El investigador alemán se entusiasmó con las muestras que le envió Giebert. El resultado fue la creación de la "Compañía Fray Bentos para la producción del Extracto de Carne Liebig". Pero, como su producción era demasiado pequeña en comparación con la demanda, en 1865 se fundó la compañía "Liebigs Extract of Meat Company Ltd", con capitales británicos y belgas. Más tarde, la compañía construyó un moderno frigorífico.
El impacto de la planta sobre el Litoral fue importante. En 1865, cuando comenzó a funcionar, procesó 3.181 novillos y vacas. En 1910-1911 procesó 179.155 animales. Durante la Primera Guerra Mundial llegó a ocupar, en sus momentos de mayor actividad, hasta 4.000 obreros que, en algún momento, produjeron 250.000 latas de 459 gramos de corned beef al día. La marca "Fray Bentos" alcanzó fama mundial. Un tanque de guerra británico que combatió en una de las batallas más sangrientas de aquel conflicto fue bautizado por su tripulación (¿con cierta ironía?) "Fray Bentos".
A principios de la década de 1920 la compañía Liebig fue comprada por una importante empresa frigorífica y naviera británica, que lo denominó "Anglo".
Finalmente, las actividades de la planta prácticamente cesaron en 1967. Los años siguientes fueron difíciles, tanto para las instalaciones como para la ciudad de Fray Bentos que había dependido de esa fuente de trabajo por décadas.
Los esfuerzos para rescatar tan importante patrimonio histórico han sido el producto de un prolongado esfuerzo impulsado por las sucesivas administraciones municipales de Río Negro y los vecinos del departamento, con el respaldo del gobierno nacional.
La planta del ex Frigorífico Anglo y su complemento, el Barrio Obrero (Barrio Anglo), fueron declarados monumento histórico nacional en junio de 1987.
El Gobierno Departamental, encabezado en aquel entonces por el intendente Mario Carminatti, comenzó con los trabajos de reciclaje y reconversión del ex frigorífico Anglo y creó el Circuito Histórico Cultural y del Parque Industrial Municipal en 1988. Dos años después fundó el Proyecto del Museo de la Revolución Industrial. En el año 2008, con Omar Lafluf al frente de la Intendencia, fue establecida la Comisión de Gestión del Sistema Patrimonial Industrial Anglo, integrada por dos representantes de la Intendencia de Río Negro, un representante de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación y una delegada por la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial del Ministerio de Vivienda Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. En el 2011, expertos de la Unesco y técnicos de órganos internacionales visitaron el Frigorífico Anglo con el fin de evaluar si cumplía con los exigentes criterios definidos en la Convención sobre el patrimonio mundial cultural y natural para ser incluido en la lista del Patrimonio mundial.
La designación del "Paisaje cultural industrial Fray Bentos" como Patrimonio Mundial es una gran distinción.
También es una fuente de considerables deberes y responsabilidades. Incluyendo las de asegurar la conservación del lugar, incrementar la educación de la sociedad sobre ese patrimonio y fomentar la participación de las comunidades locales en las actividades para tutelarlo con orgullo. Ha terminado una etapa, ahora comienza otra, quizás aun más importante.
Editorial