Panorama alarmante

Sabido es que el tránsito y el transporte público son dos de los temas que generan mayor preocupación para los habitantes de Montevideo. Cuando se están por cumplir 16 años de gobierno del Frente Amplio en la capital del país, la comparecencia del actual jerarca de la división de Tránsito y Transporte, Gonzalo del Toro, a la Junta Departamental, sirvió para ver el grado de ineficiencia y falta de respuestas ante el problema que han tenido las sucesivas gestiones del partido en esta área vital que hoy ocupa el gobierno nacional.

Uno de los aspectos más dramáticos que toca enfrentar a esta repartición municipal es el del tránsito, y especialmente los accidentes. Según datos que se manejan a nivel oficial, unas 600 personas mueren al año por esta causa. En la sesión de la Junta mencionada, los ediles que interrogaron al jerarca comunal plantearon diferentes aspectos de este asunto, como ser las carencias en la formación de los conductores, la alarmante tasa de reprobación en los exámenes de conducir, o los nuevos obstáculos, tales como volquetas o contenedores de basura. La respuesta del jerarca dejó mucho que desear. Muy suelto de cuerpo afirmó que su repartición no tiene datos estadísticos confiables sobre los accidentes. Que éstos solo comenzaron a llevarse en forma rigurosa desde el 2004. Cabe preguntarse cuáles son la prioridades de una división de Tránsito y Transporte que en 14 años de gestión de un mismo partido, no logra implementar un sistema apropiado para enfrentar un problema que se ha convertido en la primera causa de muerte entre los jóvenes de 18 a 32 años.

Otra de las cuestiones abordadas en la sesión de la Junta, y muy vinculada a los accidentes, fue el de los carritos de hurgadores. Según se informó, circulan por Montevideo unos 8 mil vehículos de este tipo, que no cumplen ninguna norma de seguridad, muchas veces son conducidos por menores, y por supuesto no cuentan con seguro alguno, ni deben someterse a los onerosos "tests" de seguridad que sí enfrentan los coches comunes. El Director de la IMM deslindó responsabilidad ante lo que denominó "un problema de exclusión social", y pese a que admitió lo grave del tema, dijo que los consideraba "un medio de transporte más" y solo prometió esfuerzos para empezar a trabajar en una normativa. Ahora, si es un medio de transporte más, sería bueno preguntarse por qué es el único que no tiene que respetar ninguna norma de tránsito, ni de ningún tipo. También, por qué si en ningún país del mundo se permite circular animales por las principales calles de las ciudades, incluso países mucho más pobres que el nuestro, en Montevideo, tras 16 años de gobierno frenteamplista, las cosas van de mal en peor.

En cuanto al transporte público, el jerarca admitió que "es insuficiente, no es de buena calidad, es caro, inseguro, y tiene falta de confiabilidad". Pese a esta admisión, no hay señales que alienten una esperanza de mejoría. Se habla de cambios tecnológicos, de matriz energética, pero la realidad es que según se informó, la última renovación importante de la flota de autobuses se produjo en el año 95. Se dijo que para controlar el funcionamiento de una flota de 1.500 autobuses, sólo habría siete inspectores (sí, siete, de casi 10 mil empleados municipales). Dentro de este panorama, llama la atención el tema de los famosos transbordos de la Ciudad Vieja, que según ediles capitalinos costó más de U$S 500 mil, pero que fueron luego descartados por el regreso de la Presidencia a la Plaza Independencia, con las complicaciones que ello ha traído a los usuarios y vecinos.

Por supuesto que se abordaron otros temas igual de preocupantes, la proliferación de permisos para taxis, los cuestionamientos a las mamparas ( "que hasta ahora no tiene solución", admitió el jerarca), o la increíble Terminal del Cerro, que a un año y medio de inaugurada, presenta problemas estructurales muy graves.

Por lo que se vio en la Junta, ante esta avalancha de cuestionamientos, las respuestas de la IMM son más promesas de estudios, buenas intenciones, excusas basadas en la crisis del 2002, o directamente la declaración de impotencia ante una realidad que no saben cómo enfrentar. Ahora bien, ¿son estas respuestas aceptables para una fuerza política que lleva 16 años de gobierno? ¿Hasta cuándo habrá que esperar para ver mejorar las cosas?

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