Pan, Cosse y circo

Los antecedentes de la vicepresidenta Carolina Cosse en el uso dispendioso de recursos públicos para entretenimientos masivos dejan mucho que desear.

Primero fue su faraónico Antel Arena de cuando era presidenta del ente de telecomunicaciones, que triplicó sus costos previstos -de 40 a 120 millones de dólares- y fue construido con proveedores elegidos en forma directa, rodeado de secretismo.

Después, aquel emblemático show gratuito de Lali Espósito, del que trascendió que la cantante argentina había cobrado un cachet de 250.000 dólares por menearse cantando “cómprame un brishito”.

Más tarde, los desmesurados festejos por 300 años de Montevideo que no eran tales, pero había que hacerlos coincidir como fuera con el ciclo electoral y sus aspiraciones de ser candidata a la presidencia por el Frente Amplio. El resultado: un déficit récord que tiene al actual intendente Bergara a mal traer, en su más que difícil afán de ordenar las cuentas departamentales.

Pero si uno cree que estas experiencias bastan para que la vicepresidenta calme sus ímpetus despilfarradores, se equivoca. Cosse intentó hacerlo de nuevo.

Días pasados promovió un festejo por el primer centenario del Palacio Legislativo (por suerte-solo con artistas nacionales), que se realizaría dos días antes de la efeméride, el sábado 23, para el que previó destinar 200.000 dólares. Esta semana se supo que el monto se conformaba con 50.000 para los músicos -quienes ya estaban seleccionados de antemano- y 150.000 para el armado del escenario, iluminación, audio, vallado y baños químicos. A ello se iban a sumar otros 17.000 dólares a pagar a canal 5 por la trasmisión del espectáculo.

La bancada oficialista estaba encantada: todo lo que sea gastar dineros públicos le viene bien, quizá porque supone que el inefable impuesto a los ricos solucionará cualquier problema. Pero la oposición puso el cartel de pare y felizmente hizo naufragar la iniciativa.

El Partido Nacional advirtió que “más allá de los esfuerzos que puedan realizarse, los números no se ajustan a la probidad con que debe manejarse el parlamento”. Como bien agregó el senador blanco Javier García, en la actividad se pensaba gastar “una cifra muy grande y desproporcionada”.

Trascendió que Cosse reprochó personalmente al diputado nacionalista Juan Martín Rodríguez por “buscar sacar provecho político de una instancia institucional histórica”, como si ella no quisiera sacar su propio provecho político concretándola. Alcanzar ese objetivo con buenas ideas siempre es bienvenido: pero qué fácil es hacerlo derrochando plata de los contribuyentes. El tema se enturbia aún más porque el FA suele dedicar los 25 de agosto a celebrar no la independencia del país, sino su infaltable Día del Comité de Base. Aparentemente, en esta oportunidad iban a correr la fecha de ese festejo partidario entre el 20 y el 30 del mismo mes, pero no había que ser adivino para imaginar que el show multitudinario del 23 estaría generosamente sazonado con banderitas de la coalición de izquierda. ¿Quién de verdad estaba pensando en el “provecho político” y quién en el manejo austero y responsable de los recursos públicos?

Oponerse a una nueva festichola que paga el ciudadano de a pie, ¿significa despreciar a los músicos nacionales? Claro que no.

El costo de sus contratos era apenas la cuarta parte del presupuesto total del evento proyectado. Pero aún así no parecía razonable que se los designara por simpatías personales o políticas; hubiera debido hacerse a través de mecanismos de selección abiertos y transparentes. Defender la cultura nacional no es lo mismo que asalariar a un número reducido de privilegiados, dejando de lado a la inmensa mayoría de los artistas que, desde variados géneros musicales, ponen su talento en crear un arte diverso y fermental.

Búsqueda informó ayer que el diputado Gerardo Sotelo (PI), se pronunció a favor de un espectáculo multitudinario, pero “a un costo razonable”.

Por su parte, el representante por Cabildo Abierto Álvaro Perrone volvió a manifestar su complacencia con el oficialismo, señalando que “ni un artista más o menos, ni el tamaño del escenario ni las pantallas pueden frenar la posibilidad de realizar la conmemoración”.

Es más que necesario, imprescindible celebrar los grandes hitos históricos del país.

Pero usarlos como excusa para el despilfarro al que el FA nos tiene acostumbrados, acomodando amigos políticos y propiciando demagogia electoralista, ¡ya no más!

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