Otra de las herencias malditas que las autoridades de la Intendencia de Montevideo recibieron de sus antecesores -además del juicio que le ganaron los funcionarios y que le va a costar a los contribuyentes capitalinos nada menos que U$S 20: 000.000 y de una lista a la cual nos refiriéramos en un editorial anterior-, está constituida por el problemazo del Hotel Carrasco. A lo que se agrega como circunstancia agravante que se trata de la misma familia y ha tenido lugar entre parientes muy próximos.
La historia comenzó el 16 de diciembre de 1999 cuando se procedió al remate de los bienes muebles que lo alhajaban. Bajo el martillo cayeron así 1.399 lotes integrados por sábanas y manteles, camas de bronce, muebles, cubiertos de plata de Christofle y de Hepp, cristalería de Baccarat, útiles de cocina de Gaillard, vajilla y artículos sanitarios que habían llegado al Uruguay a principios de siglo; cunas, sillas tapizadas, artefactos de iluminación, mesas Luis XV y hasta el escritorio donde Federico García Lorca escribió el tercer acto de "Yerma" en el verano de 1934. Todo por la irrisoria y ridícula suma de U$S 270.000, incluido un sugestivo lote 797 compuesto por 1.232 cubiertos de plata que en su momento se dijo que tenía nombre y apellido. Y, por si faltara algo, antes del remate, una "compañera" del Centro Comunal repartió directamente en algunos barrios de la zona, como si fueran propias, camas, mesas de luz, sábanas y mantas. Ese disparate se pretendió justificar en su momento al amparo de la privatización del viejo Hotel, privatización que tuvo sus más ardientes defensores en las autoridades del Frente, -precisamente ellos, que tanto criticaban y obstruían las que pretendía llevar adelante el Poder Ejecutivo-, y que, a los siete años de promovida, todavía no ha podido concretarse, dando lugar a los más variados comentarios. Como ejemplo de ineficacia administrativa configura un jalón importante.
Vaciado el hotel -menos algunos objetos que se dejaron en comodato, como arañas, un reloj inglés, ánforas, estatuas de mármol, mesas napoleónicas y sillas-, luego de dos llamados a licitación para explotarlo, uno en 1997 y otro en 1999, ese propósito recién cristalizó después de un complicado proceso, en el cual una empresa se comprometió a invertir U$S 19: 960.000 y a pagar a la Intendencia un canon de U$S 120.000 anuales. Los trabajos comenzaron en el 2001, debían entregarse a los dieciocho meses, pero se interrumpieron en octubre de 2002, poco antes de que venciera el plazo. Allí se abrió otro largo camino, donde la Intendencia aceptó pesificar aquel canon de acuerdo a un dólar a $ 21 -con lo cual se transformó en criollos $ 2: 268.000-, a oficiar de garantía en la solicitud de préstamo de financiamiento y a extender los plazos, todo lo que dio lugar a una oportuna y muy dura observación del Tribunal de Cuentas. En definitiva, ninguno de los auxilios prestados sirvió para nada.
Luego apareció una empresa naviera de capitales griegos que se haría cargo de terminar los trabajos; otra oferta de la Banca de Loterías y Quinielas y de la Red Abitab; una polémica modificación del contrato original el 1o. de julio de 2005, firmada por un Intendente de paso que también fuera muy cuestionada por el Tribunal -esa es otra historia paralela que no habría que dejar morir; el otorgamiento reiterado de más plazos y la aplicación de tres multas, coronados por una tardía rescisión que reintegró el Carrasco al lecho municipal. El Hotel había cerrado sus puertas en el año 1997, y a los nueve años de consumado el hecho, sigue tan cerrado y peor que antes, con la novedad que ahora se pretende incluirlo en un "combo" zonal, llamando a licitación por su explotación junto a un ex restaurante, una sala de fiestas, un ex cine y un boliche, todas ruinas municipales en el barrio de Carrasco, convertidas hoy en un ejemplo de la ineficacia del Frente y de la Intendencia de Montevideo para solucionar los problemas urbanos de la capital. Y en este tema no pueden decir que la culpa es de los partidos tradicionales, de blancos y colorados, de la oposición, etc. etc. ya que los artífices de su fracaso han sido ellos mismos a lo largo de la gestión de sucesivos Intendentes y Secretarias. Si este es el "Montevideo de todos", como dice el nuevo logo, que lo cambien.