La importancia de los cambios internacionales a los que estamos asistiendo en este mes de enero obliga a analizar algunas de las consecuencias que, desde ya, se pueden ir presintiendo para nuestro escenario político nacional.
En primer lugar, está la previsible caída del régimen chavista. Toda transición tiene sus dificultades, pero es evidente que el involucramiento estadounidense en Venezuela no está hecho para terminar en un rotundo fracaso que termine con un gobierno contrario a Washington. Al contrario, si bien es difícil definir hoy el ritmo y la profundidad de los cambios que se vivirán en Caracas, lo cierto es que con la detención de Maduro allí ocurrió un verdadero cambio de época que tendrá repercusiones en toda la región.
No es que no hubiésemos sabido ya, en Sudamérica, la gravedad y extensión de la corrupción generada por el chavismo. Sin ir muy lejos, aquí en Uruguay el libro “Petrodiplomacia”, que en 2024 llevaba ya dos reediciones, narró varios casos importantes de todo este entramado corrompido venezolano. Pero, como siempre pasa, la información trasciende a gran escala cuando la opinión está realmente dispuesta a escuchar sobre los asuntos en cuestión. Y, hasta hoy, las investigaciones similares a “Petrodiplomacia” permearon solamente en círculos muy politizados e informados.
Sin embargo, todo esto cambiará en 2026-2027. El vendaval para la izquierda regional vendrá de Argentina: en efecto, la elección presidencial de 2027 será un potente incentivo para hacer explícitos los profundos lazos de corrupción que ligaron al chavismo con el kirchnerismo. En plena campaña, será muy útil al oficialismo de Milei indagar en todo esto. Habrá además una amplia clase media que estará atenta a conocer más sobre esos procesos. Y cuando algo así ocurre en Argentina, la ola siempre llega hasta nosotros.
En Uruguay se hará entonces evidente no solamente la amplísima mancha corrupta de izquierda en la región proveniente de la tiranía que ha asolado Venezuela durante todo el siglo XXI. Sino que también es previsible pensar que en este 2026 ocurrirá otro cambio muy importante para toda Latinoamérica: no parece posible que la infame dictadura comunista cubana se mantenga en el poder por mucho tiempo más. Allí también, los lazos de ese régimen deleznable saldrán a la luz en lo referente a vínculos culturales, económicos, sociales y de acomodos de la izquierda en general con la tiranía de los Castro: aquella conocida estafa del título del exvicepresidente Sendic, que involucró a Cuba, quedará incluso como una anécdota menor al lado de lo que se terminará conociendo en los próximos años.
Así las cosas, la sumatoria del poschavismo y del poscastrismo generará una inmensa onda expansiva. Y si a eso sumamos lo que puede terminar de ocurrir con los cambios que trae consigo el 2026 para la dictadura teocrática iraní, definitivamente el horizonte que se avizora es muy distinto a lo que vivimos hasta el año pasado en toda Sudamérica. En efecto, recordemos, por ejemplo, que la sede diplomática iraní en Montevideo tuvo su vínculo estrecho en la planificación de los atentados de los años 90 contra sedes israelíes en Buenos Aires.
Lo que se terminará sabiendo en los próximos años sobre los nexos entre Irán y la izquierda latinoamericana dejará asombrada a mucha gente. De nuevo, no es que no se sepa ya hoy mucha cosa sobre estos temas. Por ejemplo, la colaboración estrecha del chavismo con los terroristas iraníes, o la estrategia de Hezbolá de utilizar a regímenes afines -como la Bolivia de Evo Morales- como plataformas de repliegue en su combate contra la democracia de Israel, han sido objeto de rigurosas investigaciones periodísticas y académicas. El tema es que todo esto será visto y analizado con mucho más interés que antes por unas clases medias que en un par de años estarán ávidas de entender el shock político que habrá vivido la región a partir de este 2026.
El cambio en la comunicación política será entonces muy potente. Las izquierdas sudamericanas estarán no solamente en retirada electoral -eso ya estaba ocurriendo antes de todos estos episodios de este mes de enero. Estarán también y sobre todo en retirada moral, y no solamente para los pequeños círculos interesados en estos temas, sino para las grandes mayorías democráticas que pasarán a conocer esquemas de violencia y corrupción que en muchos casos resultarán inimaginables.
Estamos ante un cambio de época. Desde el campo político no izquierdista hay que ser muy consciente de ello.