Se cumple el próximo jueves un aniversario tan importante como discreto para la historia de la región: los 80 años de la asunción presidencial de Juan Domingo Perón en Argentina, que dio lugar al fenómeno político más importante del vecino país como es el peronismo.
Mucho se ha analizado la influencia y el peso de Perón y de su movimiento político para la vida argentina. Sin embargo, estos 80 años también deben hacernos reflexionar sobre esas dimensiones para nuestro propio país. En efecto, Argentina siempre ha sido un espejo en el cual nos hemos mirado con naturalidad. En el siglo XX y antes de la llegada de Perón al poder, fue por ejemplo importante para nuestro proceso de democratización la aprobación de la famosa ley Sáenz Peña en 1912 que determinó el sufragio universal masculino, secreto y obligatorio para ciudadanos nativos y naturalizados mayores de 18 años en Argentina. O también lo fue el proceso de creación en 1922 de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen, para lo que posteriormente fue el reflejo nacional de creación de Ancap en 1931.
Ese natural espejo argentino hace 80 años que nos da una imagen compleja y llena de sombras con el fenómeno peronista. No porque la llegada de Perón a la presidencia fuera un momento sombrío de la historia argentina: en definitiva, el gran biógrafo de Perón Joseph Page ha escrito con razón que se trató de uno de los comicios más límpidos de la historia del vecino país y con una mayoría clara de casi el 53% en favor de Perón. Sino porque a partir de allí Argentina construyó un movimiento de bases populares muy potentes pero nunca del todo alineado con los principios de la democracia liberal.
La influencia fascista en la concepción política de Perón ha sido bien estudiada y hoy es por todos aceptada. Pero lo que debe ser asumido también 80 años más tarde es que el éxito del peronismo sobre esas bases legó una tan importante como nefasta influencia para toda la región. Importante, porque el papel de Argentina en Sudamérica ha sido siempre naturalmente muy grande, como principal potencia económica y cultural, y mucho más en el Río de la Plata. Y nefasta, porque en un proceso de modernización social como vivió el continente en la segunda mitad del siglo XX, la tentación de encaminar el rumbo nacional lejos de las garantías y los balances de poderes propios de la democracia se extendieron por doquier.
Así, la influencia de ese peronismo de origen fascista y divorciado de la democracia liberal fue muy importante para los movimientos de izquierda, también antiliberales, de inicios de los años 1960. Además, toda la lógica de nacionalismo extremo con sentido de afirmación encerrada y anti-estadounidense, tan propio de aquella Argentina peronista, ganó adeptos por todas partes y fue una de las principales herramientas manejadas por aquellas juventudes de izquierda en los años sesenta y setenta para entender el mundo. Ciertamente también, la violencia como medio legítimo para conquistas sociales o cambios políticos tuvo su protagonismo peronista indudable, y fue un factor fundamental para que varias generaciones descreyeran de las formas graduales y consensuales que exige la democracia para avanzar firmemente en los cambios sociales y económicos.
Alguien podrá decir que todos esos fenómenos ya tienen más de medio siglo y que el peronismo ha protagonizado también la modernización argentina más liberal de los años 1990, por ejemplo. Y la verdad es que esa es también una enorme influencia del movimiento generado por Perón: su capacidad de cambiar radicalmente de rostro, al punto de poder liderar el menemismo de esa década, que reivindicaba para sí la tradición peronista, y luego ponerse a la cabeza del kirchnerismo iniciado en 2003, que también decía sostener las banderas de Perón mientras avanzaba con regulaciones estatales y encerraba a la economía argentina en un desorden macroeconómico que terminó en la crisis de 2023, esa que fue una de las más importantes de toda su historia. ¿No se ve acaso en esa naturaleza camaleónica un fenomenal inspirador del “como te digo una cosa, te digo la otra” que caracteriza al movimiento más importante del Frente Amplio hoy en día?
Cuando Perón llega a la presidencia, Argentina estaba entre las primeras potencias económicas y sociales del mundo. Hoy en día, ella pena por normalizar su vida tras décadas de malas administraciones sobre todo de inspiración peronista. Ese es, sin duda, el balance más diáfano de estos 80 años.