Hoy en Estados Unidos hay tres temas que se destacan y acaparan la atención, las discusiones, las coberturas de prensa, los artículos, los reportajes. En lo internacional, el asunto de continuo debate es Afganistán y desde todos los ángulos. Hasta el extremo de que en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York -Meca artística occidental si la hay- una de las dos exhibiciones del otoño está dedicada a ese país.
Los otros dos son el desempleo, que con el aumento que ha traído la crisis está golpeando duramente a una mayor parte de la población y la reforma de la salud. Gran desafío éste, para el Presidente Obama y motivo de preocupación en variados estamentos de la sociedad. En la cual conviven quienes temen las malas consecuencias de los cambios que se proponen, sumadas las dudas respecto de dónde saldrán los dineros que demandará la transformación, algo que el propio Presidente no parece tener demasiado claro, y los que militan en favor de los nuevos planes, desde el Congreso, hasta por medio de inesperadas "parades" por la calle .
Entre los variados cuestionamientos que se suscitan, hay uno bastante original que apunta hacia un blanco diferente. No a la ineficacia del sistema, a los perversos incentivos, a las innecesarias pruebas y procedimientos, a la codicia o la falta de competencia, sino a los hábitos y costumbres. Y como corolario, a la industria alimenticia. Observaciones que no nos son tan ajenas, dado que hasta nuestras tierras han llegado y lo siguen haciendo, hábitos cuyas consecuencias, como la obesidad inclusive en los niños, ya son motivo de preocupación por estos lares.
En el país del Norte se gasta en el cuidado de la salud, la friolera de US$ 2.3 trillones, (2 millones 300 mil millones) el doble por persona, que en la mayoría de los países europeos. Y la explicación, según un estudio aparecido el mes pasado, estaría vinculada no tanto a la mala manera de gastar, sino con la relación existente con distintas enfermedades crónicas, que tienen que ver con el tipo de dieta. Por este motivo, la posibilidad de tener éxito en el control y mejora de los gastos en salud, se encuentra directamente relacionada con la alimentación y por ende, con su poderosa industria.
Allí se gastan US$ 147 billones en tratar la obesidad, US$ 116 billones en diabetes y cientos de billones más, en enfermedades cardio-vasculares y muchos tipos de cáncer asociados con la comida occidental. Se estima que un 30% del aumento en el gasto en el cuidado de la salud de los últimos 20 años, ha sido impulsado por el crecimiento de los obesos, una condición que cuenta por una décima parte de todo el gasto. El mes pasado Obama habló de poner un mercado hortícola frente a la Casa Blanca y de crear nuevas cadenas de distribución, para conectar a los granjeros locales con los colegios públicos de modo que a la hora de almorzar, hayan más productos frescos y menos comida chatarra. Pero por el momento, no se menciona nada sobre una reforma de la alimentación al plantearse los cambios en los seguros médicos.
Y se da la paradoja de que el gobierno subsidia el costo de tratar la diabetes Tipo 2, así como el consumo del "syrup" de maíz, de alto contenido en fructuosa, con sus subsidios agrícolas. El agro negocio domina las comisiones de agricultura en el Congreso y nunca ha apoyado ninguna alteración, pero si el sector de salud reacciona, al darse cuenta de que las políticas agrícolas hacen que el "junk food" sea barato y los productos frescos caros, contribuyendo al aumento de la diabetes, puede que actúen. De la misma forma que parte del sector asegurador apoyó la campaña contra el tabaco, tal vez llegue el momento de que empiecen a respaldar esfuerzos públicos como el que lleva adelante la ciudad de Nueva York, con su campaña educativa en contra de la ingestión de bebidas gaseosas. El consumo de estos brebajes tan a la moda y tan inofensivos en apariencia, representan el 15% de la toma de calorías. Por lo cual, bien puede darse que una reforma en las ingestas del mediodía en los colegios, provenga de la puesta en vigor de un impuesto sobre ellos y que esta causa, en pos de desalentar estos hábitos, cuente en EE.UU. con el lobby del sector de los seguros médicos. Si bien aquí no hay mucha semejanza con el sistema de seguros, sí lo hay en la difusión que ha tomado la alimentación poco saludable y sus efectos se están haciendo notar.