Nuevas perspectivas en el Frente Amplio

No es novedad que el Frente Amplio (FA) es el principal partido del país y que dentro de su estructura de coalición conviven sectores diversos y con pesos electorales claves para lograr en conjunto las grandes votaciones que cosecha desde 1999. Por eso mismo todo lo que ha ocurrido en estas últimas semanas abre escenarios políticos y electorales nuevos que importa tener claros.

Hay un dato evidente: la elección de 2024 fue la última en la que el carisma de José Mujica arrimó agua para el molino de los candidatos del MPP. Tanto el presidente Orsi como el sector más votado del FA, de un peso parlamentario tan enorme que se asemeja al de todo el Partido Nacional, deben a la figura del ex-presidente estrategias y declaraciones claves en momentos singulares de aquella campaña. Para lo que se viene no solamente Mujica no estará, sino que tampoco es que la figura de Orsi, que él ayudó tanto a llevar a la presidencia, haya podido transformarse en un hacedor de liderazgos nuevos pensando en 2029.

Y ese es el segundo dato de la interna del FA: lejos de consolidar una jefatura política desde la presidencia que pudiera incidir en el futuro de la coalición, toda la evolución de Orsi en el poder y sobre todo en estas últimas semanas lo han ido poniendo en un lugar marginal para resolver lo que vendrá. No estamos, en efecto, ante un político de peso presidencial clásico que pueda, por ejemplo, definir con éxito quién será su delfín electoral. Más bien al contrario, como va evolucionando la interna lo más probable es que tendrá más chances de hacerse con un liderazgo futuro potente dentro del FA aquel que pueda mostrar no haber estado alineado con Orsi en todas estas circunstancias tan tortuosas que ha vivido.

Aquí se abre por lo tanto un tercer aspecto muy importante para el FA. Se trata del perfil moderado que tanto precisa la izquierda para ganar apoyos entre los votantes de sensibilidad social-demócrata y de tradición astorista. El ministro Oddone tenía todo para encarnar ese protagonismo. Empero, su potenciación precisaba de un presidente bien aspectado, con influencia y peso de manera de no solamente apoyar ahora políticas económicas que no siempre caen simpáticas dentro de la estructura frenteamplista militante clásica, sino de poder volcar también en un futuro un apoyo sectorial decisivo en favor de su ministro. Eso, definitivamente, desde las constataciones de este otoño, no estará disponible: el presidente tiene una pésima imagen en declive y, además, no se librará pronto de todas las suspicacias del affaire de la camioneta.

Es aquí donde aparece una novedad que cambia el escenario izquierdista. Se trata, en efecto, de la jugada de Bergara en Montevideo. No solamente logró evitar el disparate que se pretendía hacer en 18 de Julio, sino que además cerró un convenio laboral llamado a asegurar cierta paz sindical en la intendencia, y sobre todo se hizo de las mayorías necesarias en la Junta Departamental para generarse un botín enorme de dineros a ser invertidos en distintas partes de la capital. Si Bergara es capaz de mejorar veredas y calles, encauzar la basura, y además iniciar saneamientos tan necesarios para varios barrios montevideanos, y si con todo eso llega al escenario de la interna del FA de 2029 encarnando además un perfil seregnista, entonces es bastante evidente que estamos, hoy, ante una nueva perspectiva en la izquierda.

Por supuesto que falta mucho para las definiciones electorales, donde suele pesar más lo reciente. Pero es importante darse cuenta de que en este otoño el escenario cambió dentro del FA. Por un lado, la figura de Orsi viene perdiendo peso rápidamente, y con ella lo que podríamos llamar la eventual influencia directriz de presidencia. Por otro lado, el perfil seregnista acaba de conseguir potenciar un candidato asentando en Montevideo, es decir, en el principal bastión electoral del FA, conocido del mundo empresarial y de las clases medias urbanas, con vasta trayectoria izquierdista - fue, incluso, militante comunista en su juventud -, y con una caja para invertir millones de dólares en cuestiones esenciales para la capital, de esas que podrán ser vistas y evaluadas por los montevideanos seguramente antes del otoño de 2029.

El FA no baja de 39% en elecciones generales desde octubre de 1999. Hay que ver toda la fotografía de apoyos y variables izquierdistas, y no sólo tomar nota del desastre de gobierno que está representando la presidencia de Orsi. Porque, evidentemente, se han abierto nuevas perspectivas dentro del FA.

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