Nada, nada

El primero de marzo de 2005 el Frente Amplio llegó por primera vez en la historia al gobierno nacional. Tabaré Ramón Vázquez Rosas asumió y en su discurso ante el mundo, enumeró decenas de medidas concretas que daban la pauta de por dónde iba a ir el nuevo gobierno.

Como bien repasaba hace unos días Romina Andrioli en En Perspectiva, ese 1° de marzo Vázquez anunció nada menos que: la reforma tributaria, la incorporación de docentes a los consejos de primaria y secundaria, el plan de emergencia social, el restablecimiento de las relaciones con Cuba, el inicio de las excavaciones en los cuarteles, la reparación de locales educativos para iniciar las clases y la reinstalación de los consejos de salario entre decenas de otras propuestas. Sin entrar a discutir las medidas concretas, el contraste con el discurso del pasado sábado no puede ser mayor.

El discurso de asunción del presidente Yamandú Orsi fue conciliador, nada sectario. Optó por una retórica de revalorización de la pluralidad democrática y de la convivencia en el marco de los 40 años de democracia. En particular se detuvo a elogiar el rol de los partidos políticos uruguayos representados por los distintos expresidentes que él tuvo a bien nombrar.

Fue un buen discurso de cara a vender el país hacia el exterior, un discurso que se encargó de reivindicar lo mejor de nuestras instituciones políticas a los ojos de los representantes internacionales que nos estaban acompañando. Pero también fue un discurso sin prácticamente nada concreto como jefe de gobierno.

Fue un discurso absolutamente insípido. Carente de sorpresas o de anuncios concretos de qué debemos esperar de este gobierno que inicia. Para ser honestos, fue un discurso muy coherente con lo que fue su campaña.

Una retórica políticamente correcta que reivindica la promoción de “la pública felicidad” respetan- do siempre las reglas de juego con un tono por demás amable y conciliador.

Pero cuidado, la campaña y el papel resisten cualquier pirueta retórica, la realidad no. Si Orsi y Sánchez creen que pueden gobernar exitosamente con caras amables y promoviendo mesas de diálogo van por muy mal camino. Gobernar es siempre priorizar recursos finitos, monetarios, políticos y temporales. A 5 de marzo es muy poco lo que podemos prever en ese sentido.

Para ser rigurosos, sí existieron algunas menciones a temas concretos, como el cambio climático, la producción agropecuaria, el lavado de activos y la pobreza infantil. Pero se trató simplemente de comentarios generales, enfatizando la preocupación por estos temas, ¿quién podría estar en contra de eso? A diferencia de Tabaré Vázquez en 2005, no hubo ningún anunció concreto de cómo se abordaran dichos temas. La única confirmación concreta es la creación de una Secretaría de Ciencia en Presidencia. Es decir, el único anuncio concreto es algo políticamente correcto con el que nadie va a polemizar y muy lejos de las preocupaciones centrales de los uruguayos.

Parecería que Orsi y Sánchez creen que pueden gobernar sin decir nada concreto, sin hacer enojar a nadie en ningún tema. Claro, se toman muy en serio el rol de equilibristas entre las agendas contradictorias de Gabriel Oddone y de Juan Castillo. ¿Cómo se gobierna con un ministro de Economía que quiere desindexar y flexibilizar las relaciones laborales y uno de Trabajo que quiere bajar la jornada laboral y restringir el despido? Parece que la respuesta de Orsi y Sánchez es: “no diciendo nada y pateando pa’delante”. La penillanura ni siquiera estará levemente ondulada estos años parece.

El sábado volvió a faltar con aviso cualquier referencia concreta a novedades en las políticas de gobierno. El contraste entre la llegada de la izquierda en 2005 y en 2025 no puede ser mayor. Hace 20 años Vázquez llegó al gobierno con muchísima ilusión pero también con una agenda de gobierno cargada de cosas concretas, una agenda construida durante décadas que representó un cambio notorio, para bien o para mal. En cambio, el sábado pasado llegó un señor bueno y amable pero que no se le cae una idea concreta en ningún tema ni que lo sacudas.

Pero la realidad es cruel. Se vienen unos primeros meses en los que Orsi y Sánchez tendrán que tomar definiciones concretas que no resisten palabras bonitas. El presupuesto, la ronda de negociación colectiva, la caja de profesionales y la propuesta de bajar la jornada laboral nos mostrarán rápidamente con qué bueyes aramos.

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