Mucho para explicar

El titular bien podría llevar al lector a pensar que estamos hablando de la Universidad Católica y el problema que le ocasionó al gobierno y al ministro Peña por el “error” en su escolaridad que le costó nada menos que la renuncia a su cargo. Por cierto que la Universidad Católica, fiel a la seriedad que ha caracterizado su trayectoria, estará realizando una investigación para saber si el “error” se debió a que alguien metió mal un dedo o a una maniobra de un empleado infiel, pero el editorial de hoy va por otro lado, nos referimos a los problemas que ha acumulado el Frente Amplio en las últimas semanas.

No es novedad para nadie que Fernando Pereira se ha transformado en un verdadero “Grinch” de la política nacional. El “Grinch” es un personaje de ficción que quiso robarse la navidad en varias películas y otras adaptaciones, caracterizado por su actitud misántropa, igual que el presidente del Frente Amplio que parece odiar todo lo bueno y lo bello en la humanidad. No cuesta mucho imaginarse lo tortuoso que debe ser el trabajo de Pereira de tener que estar día y noche buscando lo malo en todo lo humano, lo que lo lleva al cinismo y el gesto adusto y de desagrado que tiene en cada entrevista. Es, al fin y al cabo, un nuevo ejemplo de lo que produce en seres humanos de apariencia normales la entrada a la picadora de carne rociada con veneno que es la interna del Frente Amplio.

Una de sus últimas andanzas fue atacar a la Justicia uruguaya, en la figura de la fiscal Fossati con insultos y acusaciones denigrantes que son -o eran- completamente ajenas a la tradición nacional. Así como en los últimos años nos hemos acostumbrado a tener un canal público convertido en un panfleto militante frentista, ahora el partido opositor nos quiere acostumbrar a que se ataque a la Justicia cuando no le gusta alguna de sus acciones, en este caso, un mero llamado a declarar como indagado a un extraño dirigente que realizó una maniobra por demás oscura.

No podemos ni debernos acostumbrarnos en nuestro país a que la política se convierta en el barro a la que la llevan Pereira, Cosse, Leal, Bergara, Civila y compañía. No vale la mentira, la maniobra artera, usar recursos públicos para fines proselitistas, abrazarse a la corrupción kirchnerista o la deslealtad institucional e intelectual permanente. Esto va mucho más allá del juego político, responde a una campaña sucia orquestada cuya víctima no es el gobierno ni la Coalición Republicana, sino directamente el país. Como los hunos de Atila, el Frente Amplio aplica la estrategia de tierra arrasada, no les importa destruir lo que encuentran a su paso con tal de cumplir su estrategia de saqueo.

El Frente Amplio debe explicar muchas cosas antes de seguir con la actitud de fiscal del gobierno, la Justicia y todas las instituciones. Debe explicar los privilegios que tenia Morabito en prisión, desde una celda reservada como despensa gourmet”, que comía “corderos” y tenía a disposición “cuchillos y un gimnasio”, además de tener libertad de reunirse con delincuentes sin registro, como consignó ayer una crónica de nuestro diario. ¿Cómo fue todo esto posible sin una corrupción escandalosa en las más altas esferas del Ministerio del Interior? ¿Cómo no se va a escapar caminando por la puerta de Cárcel Central si adentro hacía y deshacía lo que quería?

El Frente Amplio debe explicar que fue a hacer Leal a la casa del padre de Astesiano, dónde claramente no fue a recabar una entrevista para un nuevo libro sensacionalista. Fernando Pereira debe explicar con que criterio sigue defendiendo a Leal y atacando a la Justicia por indagar en un episodio por demás escabroso del que no tiene forma de salir bien parado. Cosse debe explicar el sobrecosto del Antel Arena, un caso que avanza muy lento pero en el que todos los elementos apuntan a que existieron elementos que merecen ser examinados muy de cerca. Civila debe explicar su cercanía y defensa del gobierno más corrupto de la historia argentina -lo que es mucho decir- y todos deben explicar por qué siguen apoyando gobiernos que torturan y asesinan a sus ciudadanos como Cuba y Venezuela.

En fin, son demasiadas cosas que pesan sobre el presente, ni hablamos de los procesamientos en la Justicia de un vicepresidente, un ministro y un presidente de ente, como tuvieron en sus gobiernos. El pueblo uruguayo se merece que le expliquen todo esto, pero parece poco probable que lo hagan, se sienten muy cómodos chapoteando en el lodo.

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