Moderados en vías de extinción

La renuncia de Mario Bergara a la precandidatura por el Frente Amplio implica un punto de inflexión en la campaña electoral hacia junio y octubre.

No es que fuera una noticia inesperada; se sabía desde que empezaron a publicarse las primeras encuestas del año que la puja de Bergara por el liderazgo del FA era precaria. Incluso lo reconocían públicamente asesores directos como Jorge “Chileno” Rodríguez, quien ya el 29 de enero pasado había declarado a La Diaria que “nosotros tenemos un acuerdo claro en Convocatoria (Seregnista) de que en los meses de febrero y marzo vamos a seguir con la campaña electoral, y es natural que vayamos haciendo evaluaciones. Se hará en marzo una nueva evaluación, pero esta tiene que ir más allá de los números, necesariamente tiene que tener en cuenta si la campaña presidencial sirve para expresar nuestra sensibilidad”. Ya entonces habían trascendido reparos a continuar con la precandidatura por parte de dos sectores que la apoyaban, Magnolia y Plataforma, a lo que se agregaba una postulación temprana de Álvaro García a la Intendencia de Montevideo. En la búsqueda de generar impactos de comunicación que gravitaran en los sondeos, Bergara lanzaba mensajes contradictorios, tratando de conquistar al núcleo duro de la izquierda. En un discurso en La Paloma echó mano al perimido recurso de la lucha de clases; luego alabó la revolución cubana, más tarde la emprendió contra los sobrevivientes de los Andes calificándolos de “muchachos de élite” que “sin embargo” lo emocionaban.

Lejos veían los moderados del FA a este precandidato de un Danilo Astori que en más de una oportunidad se había puesto de punta contra la ortodoxia marxista de los sectores radicales. Pero la esperanza de contar con una expresión racional y tolerante los siguió convocando… hasta el miércoles pasado.

El periodista Ramiro Pisabarro de El Observador relata en una crónica de ayer que la renuncia motivó un plenario de la agrupación de Bergara, donde se escucharon juicios tales como “hoy estamos velando a Fuerza Renovadora”, “Convocatoria se puso la lápida”, hasta alusiones más directas como “Orsi es una mala fotocopia de Mujica” y “¿cómo le explicamos al interior profundo, a aquellos que eran blancos y colorados, que ahora apoyamos a Orsi?”.

Al lado de estos sincericidios, las críticas a la opción de Bergara que en la noche del miércoles manifestaron dirigentes del oficialismo parecen tibias.

Ya es innegable que la caída de su candidatura termina de extinguir todo rastro de moderación en el Frente: la alternativa será entre comunistas y tupamaros. Una distopía que nunca hubieran imaginado fundadores de la talla de Líber Seregni y Zelmar Michelini.

La opción es entre Carolina Cosse, sustentada en el aparato del Partido Comunista uruguayo (un rara avis que nunca emitió declaración alguna de condena a las atrocidades cometidas por el marxismo-leninismo y el estalinismo a lo largo de todo el siglo XX), y Yamandú Orsi en representación del MPP, un sub-frente mujiquista cuya columna vertebral es el Movimiento de Liberación Nacional.

Si para un político del peso de Danilo Astori fue difícil lidiar con los radicales, que llegaron a enfrentarlo con un equipo económico paralelo desde la OPP y lograron torcerle el brazo en la iniciativa de firmar un TLC con Estados Unidos, imagine el lector el escaso o nulo margen de influencia que tendrá Bergara en semejante contexto de revolucionarios nostálgicos.

Cuando los dirigentes del oficialismo salieron a puntualizar esta simple verdad, los legisladores frenteamplistas pro Orsi respondieron -a coro con los infaltables trolls de la izquierda- burlándose del viejo anticomunismo pachequista.

Una de las declaraciones más desafortunadas fue la del senador José Carlos Mahía, indigna de la imagen de moderación y racionalidad que le caracteriza. Se mofó de las críticas calificándolas como “un lugar común de la época del 71, con los tanques rusos”.

La contestación del colorado Andrés Ojeda no se hizo esperar: “Los tanques rusos hace un año que están matando civiles en Ucrania y el Frente Amplio manda emisarios a aplaudir a Putin. Todo esto en pleno siglo XXI”.

Hay chistes que más vale no hacer, cuando más de medio siglo después de 1971, el imperialismo ruso sigue generando muerte y devastación, al tiempo que sus cultores uruguayos continúan justificándolo, aunque el viejo estalinismo haya devenido en un ultranacionalismo de derecha igualmente nefasto.

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