Misterios revelados

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Hay personas que poseen una particularidad muy distintiva. Desde muy pronto poseen una vocación marcada, saben lo que querrán hacer en el futuro, lo cual no es poca cosa.

En el departamento de Policía Científica de Uruguay trabaja una mujer con ese rasgo que la diferencia de gran parte del resto de los mortales. Es Natalia Sandberg, la genetista que de pronto acaparó miradas, cámaras y titulares, lejos del aislamiento, el silencio y el cuasi anonimato habitual de los investigadores. Una enamorada de su profesión quien desde su ingreso a la Universidad tenía claro lo quería estudiar; una gran ventaja que ahorra las dudas que angustian a tanto joven en esa etapa de su vida.

Con ese impulso tan fuerte hacia su especialidad se dedicó en cuerpo y alma a dilucidar el misterio que rodeaba al asesinato de Lola Chomnalez. Una adolescente recién llegada de Buenos Aires para las fiestas de fin de año, a un balneario de Rocha. Pasaron 6 años y nada concreto se sabía. Hubo lista de interrogados, de sospechosos, algún procesado, pero para desesperación de su acongojada familia seguía sin descubrirse quien la había ultimado. No se detectaba al causante de la muerte de esta chica que tuvo la desgracia de encontrarse con un asesino en un simple paseo por la playa, que seguiría circulando por ahí como si nada malo hubiese hecho y con su crueldad disimulada.

Pero finalmente, la mezcla de determinación y capacidad de la científica Natalia Sandberg rindió sus frutos. Así como la perseverancia de la familia de Lola que nunca bajó los brazos ni se resignó a que el delito (como muchos otros) quedase impune. El cinematográfico desenlace, la individualización del matador después de más de un lustro provoca reflexiones. En primer lugar, admiración por el logro de la genetista que encabeza el Registro Nacional de Huella Genética, un hecho de esos que se ven en los films o las series policiales, sobre todo las que se desarrollan en el primer mundo y que sin embargo, tuvo lugar aquí, en el lejano Uruguay. Demostrativo de la importancia de un trabajo hecho a conciencia, del valor de atreverse a cambiar la rutina del camino habitual; de la creatividad y la convicción de que se debe innovar; el dedicar dos años de esfuerzos enfrentando avances y fracasos, sin rendirse. Al mismo tiempo, una constatación de lo positivo que resulta contar con un buen equipo y un jefe de Policía Científica como Fabio Quevedo, que no frustró sus aspiraciones sino que le dio para adelante. A su vez, la significación que tiene el apoyo del Ministerio del Interior para aumentar conocimientos, lo bueno de las políticas de intercambio internacional en el ámbito de la seguridad con posibilidades como las que permiten los “trainings” en el FBI.

Como siempre, el factor humano es el gran determinante. Para lo bueno y para lo malo. El cruento episodio de Valizas, la absurda muerte de Lola, recuerda inevitablemente, el genial volumen de Truman Capote, A Sangre Fría.

Pero sin la audacia de la bióloga confrontada con el empantanamiento en la búsqueda de pruebas y sin la decisión de ir por un camino no explorado hasta entonces, nunca se podría haberle dicho a esos doloridos padres que por fin, se habían encontrado los resultados esperados.

Como siempre, el factor humano es el gran determinante. Para lo bueno y para lo malo. El cruento episodio de Valizas, la absurda muerte de Lola, recuerda inevitablemente, el genial volumen de Truman Capote, A Sangre Fría. Un libro que abrió dentro de la literatura un nuevo estilo, una variante en el mundo de la novela, con tintes de periodismo, de investigación policial y un revolucionario enfoque mezcla de ficción y no ficción. El escritor se propuso destapar algo más sobre un horroroso crimen ocurrido hacía tiempo en una ciudad del interior de Estados Unidos. Decidió bucear en la historia oculta tras esa barbarie inexplicable de los sujetos que dieron muerte a unas sencillas personas mayores. Quiso encontrar alguna explicación a lo sucedido y lo que fue saliendo a la luz no era que exculpara a los actores, pero sí ampliaba la mirada sobre dicha tragedia. Algo semejante pasa al leer sobre los orígenes y el entorno familiar de Leonardo Sena, el actual acusado del homicidio de Lola. Hijo de una mujer (aún viva), que tuvo 11 vástagos con distintos padres, ocho de ellos varones y tres mujeres, adoptado luego por una pareja...

La iniciativa de la cientista descubrió que la huella genética del asesino hasta ahora no identificado, era igual en un 50% a la de un preso que resultó ser medio hermano suyo por el lado materno. Cuyas huellas sí figuraban en el banco de datos de la policía. Vía manual, la científica consiguió introducir los cambios necesarios en el sistema informático, para descifrar al homicida. Una realización que merece ser reconocida como novedad, a nivel internacional.

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