Ministro analista

Quienes escucharon la entrevista que concedió esta semana el ministro de Economía y Finanzas a un programa de streaming asistieron a un ejercicio intelectual acrobático.

Gabriel Oddone repasó con solvencia los problemas estructurales del país: el crecimiento insuficiente, la inversión estancada, el peso de un Estado caro e ineficiente, las regulaciones que asfixian la competencia. Ante las preguntas de Juanchi Hounie, que había leído el libro que el ministro escribió antes de entrar en la función pública, “El Despegue”, explicó el deber ser de las cosas con la claridad que lo caracterizó durante décadas como consultor. El problema es que, con la misma naturalidad, fue admitiendo que la enorme mayoría de esos asuntos no serán abordados en su gestión.

La escena no fue una excepción sino la versión más nítida de un patrón. A mediados de julio, ante empresarios, Oddone los invitó a “pensar con más libertad” y a esperar menos del Estado, y sostuvo que este debe jugar “un papel menos relevante que lo que ocurrió siempre”.

Tras la reciente visita de la directora del Fondo Monetario Internacional, transmitió con entusiasmo la recomendación de “tomar un poco más de riesgo” en las reformas de competencia, empresas públicas y mercado laboral. Ahora, ¿alguien escuchó alguna propuesta concreta para flexibilizar o modernizar las relaciones laborales? ¿Y para las empresas públicas? Nada sustantivo va a pasar en ninguno de los dos temas, lo máximo que podemos esperar del ministro en estos dos temas, es que la cosa no empeore mucho a partir de las iniciativas de los ministros Castillo y Cardona.

También el lunes reclamó salir de la “discusión miniatura” sobre el crecimiento y calificó de “inaceptable” el escaso desarrollo del crédito. Todo correcto. Todo dicho, sin embargo, en un tono curioso: el de un observador externo que comenta las carencias de un gobierno que resulta ser el suyo. ¿O es que se viene una profunda reforma del sistema financiero y aun no nos enteramos?

Cuando el ministro enuncia públicamente lo que hay que hacer y a renglón seguido admite que la restricción no es técnica sino política. Oddone sabe cuál es la agenda que Uruguay necesita; la escribió en sus libros y la repitió en cada foro en el que lo invitaron. Si esa agenda no avanza, no es porque falten diagnósticos, sino porque el Frente Amplio no la comparte. El propio ministro lo anticipó en setiembre pasado con una frase reveladora: “nadie nos eligió para hacer la revolución”. Detrás de la modestia del enunciado se esconde la verdadera confesión: su partido y sus socios sindicales funcionan como un límite infranqueable para las reformas que él mismo considera imprescindibles.

Podría argumentarse que un ministro franco es preferible a uno que niega los problemas. Es cierto, pero la franqueza tiene un efecto secundario menos inocente. Al describir con lucidez todos los males que no piensa resolver, el ministro genera la ilusión de que el gobierno los tiene presentes y trabaja sobre ellos. Desactiva de antemano la crítica: ¿qué le va a explicar la oposición al Ministro si él ya formuló el reproche mejor que nadie? El análisis funciona así como una anestesia. El país escucha el diagnóstico, celebra la honestidad intelectual del ministro y mientras tanto nada cambia.

Peor aún. Mientras el ministro describe la realidad con agudeza, su gobierno empeora los problemas en muchos sentidos: proyectos de ley estrambóticos que regulan alquileres, propuestas de más gasto público a diestra y siniestra, propuestas de estatización de las AFAPs (auspiciadas por él mismo) y apología a ser un país caro de parte de su colega Cardona.

En su etapa anterior Oddone fue uno de los analistas más respetados del país. Pero los análisis ya los conocíamos, y eran gratuitos. Al aceptar el ministerio asumió otra tarea: transformar el diagnóstico en decisiones. Los ministros no se juzgan por la calidad de sus columnas orales sino por sus resultados. Uruguay no necesita que le expliquen una vez más lo que debería hacerse; necesita un gobierno dispuesto a hacerlo.

Ante la insistencia de Hounie, el Ministro Oddone le decía “todas juntas no podemos atacarlas”, como justificación al no abordaje de los problemas diagnoticados por él mismo antes y durante su gestión. La pregunta que surge es ¿cuál si vamos a atacar? No parece que este gobierno vaya a ser el de la reforma laboral, ni el de la baja de la energía, ni el de la baja del déficitl, ni de una reforma laboral, ni tampoco el de mejorar de las empresas públicas. Nadie le pide a Oddone que vaya a todas.

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