Mejoran los datos de pobreza

Se conocieron hace unos días los resultados del Instituto Nacional de Estadística (INE) que estiman para todo el país la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza monetaria y la que sufre de indigencia. Fueron resultados positivos porque señalaron que la pobreza siguió bajando, desde su punto relativamente alto de 2020 que fue de 11,6% de la población en esa situación.

Si se analiza más en detalle la información estadística hubo más noticias positivas. En efecto, uno de los temas políticos relevantes de estos meses ha sido la evolución de la pobreza infantil: la izquierda en general se ha quejado de que pasó de 17% del total en la población de menores de 6 años de edad en 2019, último año de su gestión gubernativa, a 22,5% en la medición que abarca el primer semestre de 2022. Ese aumento estadístico dio rienda suelta a las críticas contra el “neoliberalismo” de un gobierno “de derecha” al que no le importa la situación de los más débiles porque sólo se preocupa de los malla oro: parece una frase caricaturesca, pero resume bien la línea argumental izquierdista.

En este sentido, en primavera del año pasado los economistas alineados con la izquierda, que disimulan muy mal sus sesgos partidistas cuando dan cuenta de sus análisis pretendidamente técnicos y objetivos, destacaron tiquismiquis metodológicos con tal de evitar afirmar contundentemente que ya se estaba verificando en ese entonces una baja de la pobreza infantil. Y no solamente eso, sino que, con una mala fe digna de las mejores épocas estalinistas, jamás señalaron con claridad que el aumento de la pobreza en general y de la pobreza infantil en particular en los años 2020- 2021 fue sobre todo una consecuencia de la pandemia; que de ninguna forma podía decirse que se tratara de los peores guarismos de la historia del país; y que fue un fenómeno que se verificó, por la misma causa de la pandemia, en distintos países de todo el continente.

En el segundo semestre la pobreza en menores de 6 años de edad pasó al 16,5% del total de esos niños: menos que el 22,5% del primer semestre de 2022, y también menos que el 17% con el que entregó el gobierno el FA en 2019.

Así las cosas, los datos que acaban de publicarse señalan claramente una baja sustancial de la pobreza infantil. En el segundo semestre la pobreza en menores de 6 años de edad pasó al 16,5% del total de esos niños: menos que el 22,5% del primer semestre de 2022, y también menos que el 17% con el que entregó el gobierno el FA en 2019.

La explicación no es la casualidad, ni tampoco responde primero y antes que nada al aumento general de los salarios reales como procuró justificar uno de estos economistas pro- izquierdistas. La explicación es una política pública específica llevada adelante por el gobierno con el objetivo de enfrentar radicalmente este problema de la pobreza infantil. Como bien se explicó desde el Ministerio de Desarrollo Social, el bono crianza, los complementos a las asignaciones familiares plan de equidad, y el bono social de UTE, entre otras medidas concretas, focalizan su esfuerzo de gasto público social en favor de los niños. Es sobre todo por esto que se verifica esta baja tan pronunciada de la pobreza de un semestre a otro de 2022 (de 22,5% a 16,5%).

En definitiva, así como hubo que estar alerta por el aumento de la pobreza infantil entre 2019 y 2021, y que fue una consecuencia indirecta de la pandemia, también hay hoy que poner el acento en que se bajó en el segundo semestre de 2022 la pobreza infantil a una cifra menor a la del año 2019. Fue gracias sí a una mejora económica general, pero sobre todo gracias a medidas concretas centradas en los niños más pequeños.

Nadie puede decir con todo esto que el tema está resuelto. Sin embargo, es importante que el debate político y los análisis de los economistas admitan estas realidades, porque es la forma de poder evaluar con inteligencia el resultado de las políticas públicas que se están llevando adelante.

En parte por ello también es que con esta gestión el INE pasó a presentar resultados semestrales, y no solamente anuales como lo hizo hasta 2020: fue para poder medir rápidamente los impactos de medidas tomadas en coyunturas concretas, y facilitar así una pronta evaluación de políticas públicas que pudieran mejorar su implementación.

Frente al aumento de la pobreza ocurrido por causa del covid-19, el gobierno definió como prioridad aumentar el gasto social y sobre todo hacer foco en la pobreza infantil. Ya en 2022 se están constatando mejoras en este sentido, y sobre todo en la segunda mitad de ese año, lo que además seguramente perdure a lo largo de 2023 y hasta el final de esta administración. Se trata de buenas noticias para el país que importa que sean reconocidas.

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