Conocida es la voluntad de la actual administración de procurar una mayor apertura internacional de Uruguay en distintas dimensiones. La reunión del presidente Lacalle Pou con el presidente de Estados Unidos (EEUU) de la semana pasada significa un paso importante en este sentido, y nada menos que con la principal potencia económica del mundo.
De entrada, se hace necesario señalar que no hay nada equivocado en que el presidente se reúna con Biden en la Casa Blanca, a la vez que en paralelo sea objetivo de nuestra cancillería lograr una reunión de similares características bilaterales con China.
En efecto, en el juego mundial actual hecho de rivalidades potentes entre Washington y Pekín, es natural que países como Uruguay, que infelizmente quedaron rezagados en los movimientos de aperturas comerciales de inicios de este siglo, procuren hoy en día un mejor relacionamiento con ambas potencias en lo que refiere a comercio y a inversiones, sin por ello dejar de lado el convencimiento democrático que es característico de los países occidentales. En definitiva, si cada país del mundo fuera a comerciar solamente con aquellos países amigos y parecidos, realmente no existiría la enorme globalización económica actual que es, sin duda, la más importante de la historia de la Humanidad.
Es ese convencimiento democrático que hace que Uruguay sea un país relevante en el concierto internacional. El comunicado de la Casa Blanca, luego de la reunión presidencial bilateral, reconoció que somos “una fuerza moral en la región” y que nuestra sociedad es ejemplar: estamos ante lo que en estas páginas tantas veces se ha señalado como el “soft power” de Uruguay, es decir, una influencia en la escena exterior que va mucho más allá del tamaño de nuestra economía o del protagonismo de nuestra fuerza militar, por ejemplo, para ir al corazón de los mejores valores que son defendidos por Occidente y que desde siempre han caracterizado a nuestro país.
Desde ese lugar tan particular de Uruguay, y desde esa rivalidad de EEUU con una China que es hoy el socio comercial más importante de toda Sudamérica, es notorio que Washington ha decidido dar señales claras de su voluntad de estrechar vínculos comerciales y económicos con nuestro país. Evidentemente, el camino hacia un tratado de libre comercio bilateral quedó muy empedrado y muy cuesta arriba hoy en día - lo que, por cierto, deja más en evidencia aún la conocida oportunidad histórica que perdió el Frente Amplio de conseguirlo en 2006 -.
Sin embargo, la política de cancillería de avanzar con pequeños pasos, pero de manera firme y convencida, parece estar dando resultados. En efecto, no solamente Uruguay ya forma parte de la iniciativa Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, que busca fomentar inversiones estadounidenses en varios países de la región, sino que, además, puede verse beneficiado por el proyecto de ley que la semana pasada fue presentado por un senador republicano y otro demócrata en el Senado de EEUU y que tiene el objetivo de profundizar la asociación estratégica bilateral con Uruguay.
Si se aprueba, eliminará aranceles a todas nuestras exportaciones que hoy no tienen límites de cuotas en EEUU: se trata así de un salto potencialmente enorme para productos como cítricos, madera, miel, vino, caviar, carne ovina, lanas y cueros, por ejemplo, es decir, para aquellos en los que Uruguay es competitivo y presenta altos niveles de excelencia. Además, en la reunión bilateral Lacalle Pou logró el compromiso de Biden de analizar cómo mejorar el acceso de nuestra carne bovina al mercado de EEUU que está, hoy en día, limitado por cuotas.
En definitiva, sin poder concretar aún un tratado de libre comercio, lo cierto es que EEUU reconoce en Uruguay a un aliado importante, con una influencia ejemplar en lo que refiere a valores democráticos y respeto del derecho internacional en toda la región, y que merece una atención destacada de forma de mejorar sus vínculos de comercio con la gran economía del norte.
Para liberarnos del encierro que significa el estancamiento comercial del Mercosur que ya lleva décadas, precisamos aliados lejanos y poderosos. Transitar el camino de una mayor relación con EEUU es algo muy positivo para Uruguay. Constatar que estamos dando pasos en ese sentido es una muy buena noticia.