¿Más impuestos?

Uruguay, lejos de lo que dicen algunos, es un “infierno fiscal”. Esta afirmación tiene un sustento de sensación y otro fáctico. Si vamos a lo primero, usted nunca deja de pagar impuestos a lo largo del mes. Arranca cuando cobra su sueldo, con las “mordidas” durísimas por IRPF (si es tan millonario que gana más de $ 39 mil nominales) aportes jubilatorios, Fonasa, fondo de no sé qué, etc, etc.

Después vienen los impuestos municipales, el IVA de 22%, y lo que se sigue aportando cada vez que se paga la luz, el agua, internet. Súmele Fondo Solidaridad, Primaria, Patente, Patrimonio, Imesi, y siga y siga. Lo fáctico comprueba todo esto. La recaudación como porcentaje del PIB llega en Uruguay al 26,5%, de las más altas del continente. Menos que el 33,5% de Brasil, pero mucho más que el 12% de Panamá.

Pese a esto hay gente que cree que hay que pagar más. Eso sobrevuela en el artículo publicado el domingo pasado en la nueva sección de “Consultor Tributario”, liderada por Carlos Loaiza, y donde se presenta la propuesta de Cinve, para una reforma tributaria de “segunda generación”.

Un breve paréntesis. Entre los firmantes está un señor Viñales, que en los últimos meses ha tenido salidas bastante desagradables en medios y redes sociales contra cualquiera que lo contradiga. Con particular desprecio si el antagonista posee el cromosoma “Y”. Pero, en El País se debaten ideas, no personas, y por eso festejamos la apertura del amigo Loaiza.

Volviendo a tema, la propuesta de Cinve implica bajar más el mínimo no imponible, ya que reconocen que “subir las tasas a las franjas más altas tendría poco impacto recaudatorio”. Adaptarse a los criterios internacionales sobre “residencia fiscal”, y “fuente territorial”, y que el impuesto al patrimonio grave las herencias. Esto se justificaría por el “creciente reconocimiento de la imposición como instrumento para mitigar males”, las nuevas tendencias en la fiscalidad internacional, “modificar determinados comportamientos de la población”, y para “incorporar la perspectiva de género en la tributación”. Todo muy inclusivo, diverso, sustentable, multidisciplinario... casi sueco. El tema es que vivimos en Uruguay.

A ver... no nos vamos a meter en detalles técnicos, pero hay cosas que sobrevuelan esta propuesta que parecen un dislate voluntarista. Para empezar, temas prácticos. Aumentar impuestos a las herencias o al patrimonio suena muy lindo, pero nunca sale bien. EE.UU. y Gran Bretaña son dos de los países con estos impuestos más altos, y sin embargo recaudan muy poco por ellos.

¿Cómo puede ser? Por algo obvio: la gente que tiene mucha plata contrata a gente muy inteligente para que le diga cómo pagar lo menos posible. ¿Es eso justo? Discutible. Pero si esos países no logran frenar esa “fuga”, ¿Uruguay lo va a arreglar?

Lo que termina pasando es que se termina fajando a la clase media, al que hereda la casita de balneario del padre, un autito, algún bien que le sirve para el pago inicial de una casa propia.

Algo parecido sucede con los criterios impositivos. Uruguay tuvo, y todavía tiene algo, de una interesante industria financiera y legal, que emplea a mucha gente con buenos sueldos. Y que vive de ser una plaza confiable y segura para quienes manejan su patrimonio desde aquí. La propuesta quiere eliminar todo eso, para quedar bien con la OCDE, y un esquema global de impuestos, que hay que ver si algún día se pone en marcha. Locos por ser el mejor de la clase, cuando los mismos países que imponen eso habilitan perforaciones por todos lados en sus sistemas.

Después hay un tema conceptual, que ya hemos mencionado aquí en ocasión de una polémica sobre la idea de poner más impuestos a la “comida chatarra” para desestimular su consumo. Perdón por incomodar a los economistas con banalidades de este tipo, pero... ¿dónde dice la Constitución que los gobiernos tienen derecho a usar los impuestos para “cambiar comportamientos”, “mitigar males”, y todas esas cosas?

Los impuestos son contribuciones que hacemos al Estado para que resuelva los temas en común. Lo demás es petulancia tecnócrata y paternalista, que cree que los gobernantes deben tutelar a los ciudadanos como si fueran menores de edad.

Durante los gobiernos del FA la plata que el Estado extrajo a la sociedad se multiplicó por 4. Pese a eso, al final de su período había un déficit de más de 5%. A cambio de ese sacrificio, ¿qué mejoría sentimos los uruguayos en salud, en educación, en seguridad? Eso sí, con la fiebre de consultorías, y contratos a ONG, el desempleo en sociólogos y economistas llegó a casi cero. La cúpula actual de Cinve fue en su momento la cúpula económica del FA. Por lo que no es descabellado pensar que si gana ese partido, este proyecto se aplicará. ¿Están de acuerdo los uruguayos en que se nos obligue a pagar más impuestos para estas cosas?

*La propuesta de reforma tributaria analizada en la sección “Consultor Tributario” es exclusiva de la consultora Cinve, sin que el comentario mencionado implique apoyo a la misma.

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