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Todo el mundo sabe que el sistema político está partido en dos mitades.
Por un lado, la coalición de izquierdas formada por el Frente Amplio (FA), y por el otro lado la Coalición Republicana (CR) formada por cinco partidos, que se estrenó en este período de gobierno con el liderazgo del presidente Lacalle Pou y que está llamada a perdurar como herramienta electoral y política.
En las próximas elecciones todo el mundo sabe también que ganará alguien que represente al FA, o que se alzará con el triunfo alguien que esté respaldado por la CR. En efecto, la lógica parlamentarista instalada con la reforma constitucional de 1997, que viene funcionando desde las ya lejanas elecciones que dieron el triunfo a Jorge Batlle en 1999, fija una gran gobernabilidad política -algo que es destacable en el contexto de nuestro continente tan inestable-, y se traduce, gracias al enfrentamiento claro del balotaje, en un cruce de caminos que tiene el mérito de la claridad hacia el ciudadano y de la simplicidad de las opciones en juego.
Así las cosas, si la CR quiere repetir en la conducción del gobierno a partir de 2025, precisa desde ya llevar adelante con más vigor una acción proselitista mucho más amplia que la que hoy en día se verifica en el debate político nacional. Y no debe confundirse acción proselitista con danzas de nombres para precandidatos presidenciales de tal o cual partido, que eso abunda y es muy poco útil hoy en día. De lo que se trata es de plantarse frente a la ciudadanía de forma de defender las políticas que lleva adelante el gobierno y plantar cara a las críticas exacerbadas de parte de la oposición frenteamplista.
La acción proselitista no precisa de grandes coordinaciones. Cada partido de la CR tiene su matiz, su perfil y su electorado que le es más afín: uno está más centrado en el Interior y mira al mundo productivo de la agropecuaria; otro es más urbano y se place en prestar atención al protagonismo del Estado; otro se autodefine una socialdemocracia radical y de izquierda; otro tiene un mayor peso en Canelones y conserva un vínculo con el trabajo popular hecho de esfuerzos y sacrificios personales; y finalmente hay otro que irrumpió como novedad en 2019, aportando consigo un voto popular y periférico urbano que es de gran importancia para la suma de voluntades en favor de la CR.
No alcanza con satisfacerse de que la economía crece y el desempleo baja, sino que se precisa, además, salir a contradecir fuertemente el relato falso del aumento de la desigualdad social y del aumento de la pobreza.
En cada uno de esos matices, a cada público diferente al que cada uno le puede hablar con mayor legitimidad política, los partidos de la CR deben tener mucho más protagonismo en la defensa de la tarea que lleva adelante el oficialismo. No hay que descansarse en la buena imagen del presidente, o en la excusa de que gobernar lleva tiempo y energía, o que falta mucho para las elecciones.
Si el FA un día sí y otro también no ceja en su empeño de pintar todo de negro o de mentir descaradamente sobre la situación social y económica del país de forma de desprestigiar la tarea oficialista, es hora de que los distintos actores de la CR caigan en la cuenta de que todo ese discurso opositor descabellado puede terminar haciendo mella en una opinión pública que sufrió el embate feroz de la pandemia y que, por cierto, ya venía muy golpeada del período prácticamente de estancamiento económico entre 2015 y 2020.
No alcanza, por ejemplo, con apoyar la reforma de la seguridad social y aportar matices que en muchos casos puedan ser contemplados por el Ejecutivo para conformar un gran proyecto de ley a ser considerado por el Parlamento: se precisa, además, salir con fiereza a desenmascarar la actitud completamente demagógica de una izquierda que por años en el gobierno fue incapaz de enfrentar esta importante reforma que el país precisaba.
No alcanza, por ejemplo, con satisfacerse de que la economía crece y el desempleo baja, sino que se precisa, además, salir a contradecir fuertemente el relato izquierdista falso del aumento de la desigualdad social y del aumento de la pobreza: ni el índice de Gini empeoró en 2021 con relación a 2015, por ejemplo, ni la pobreza es mayor hoy que cuando creció fuertemente en 2020 por causa de la pandemia.
No hay que descansarse. La acción proselitista precisa de blancos, colorados, cabildantes, independientes y del partido de la Gente, cada uno en su lugar y hablándole a la gente: a través de los medios de prensa, claro, pero también y sobre todo dando la cara en el mano a mano del barrio, del pueblo y de la ciudad. Si la CR quiere tener chances de ganar en 2024, tiene que, desde ya, contrarrestar la embestida mentirosa que está desplegando el FA.