El Uruguay no ha tenido siempre buen tino cuando de darle nombres a plazas, parques o edificios públicos se trata. No debemos olvidar, por ejemplo, que todavía es cuestión de polémicas el haber designado como Cagancha (una batalla de la que la historia nacional debería mejor olvidarse) a una de las mayores plazas céntricas de Montevideo, y también abundan en nuestro nomenclátor, más de una nominación que deja bastante que desear respecto de lo acertado de su elección.
El desatino tiene ahora en el Hospital de Ojos una nueva muestra: el gobierno de Tabaré Vázquez, en un acto de agradecimiento rayano con la obsecuencia, bautizó al nosocomio con el nombre de José Martí. El argumento fundamental es que su equipamiento proviene de Cuba.
Martí era un poeta de grandes méritos intelectuales, pero no científicos, al que Montevideo ya homenajea con una importante calle en el barrio de Pocitos y con un busto en la avenida de las Américas. Eso debería resultar suficiente para los vínculos existentes entre el ilustre personaje y nuestro país. De manera que José Martí lleve el nombre de un hospital uruguayo, parece por lo menos inapropiado, sobre todo tratándose de un instituto de especialidad médica (la oftalmología) en la que nuestro país tiene a una de las figuras científicas más reputadas a nivel continental, como el profesor emérito Dr. Raúl Rodríguez Barrios, quien entre muchos otros logros sentó las bases de la neuro-oftalmología nacional. Vaya como mejor soporte de lo dicho, que la Sociedad Uruguaya de Oftalmología (SUO) ya se encargó de reivindicar su nombre como el más apropiado para el referido hospital, a la vez que hizo notar su "asombro" y "desconcierto" por la elección del nombre de José Martí.
En un país que recibe cotidianamente donaciones extranjeras para equipamientos científicos, tecnológicos y culturales, puede sentar un precedente peligroso hacer alegres y ligeras concesiones de nombres como el referido. Siguiendo ese criterio -y por citar dos ejemplos de países que acostumbran realizar donaciones al nuestro- instituciones como el canal de televisión oficial y hasta el teatro Solís deberían entonces recibir los nombres de ilustres figuras de Alemania y Japón, ya que ambas son receptoras de importante equipamiento donado por esos países. Cuesta pensar en el Sodre como "Willy Brandt Canal 5" o el bautismo de una sala "Hirohito" en el Teatro Solís, con todo el respeto que nos merecen ambas figuras.
Este gobierno, tan proclive a aceptar dádivas de Hugo Chávez -y conociendo las formas del mandatario venezolano, insistentes y avasallantes, sin pruritos para la exigencia- puede que no termine su mandato sin tener que designar con los nombres de Simón Bolívar (o a lo mejor "Revolución Bolivariana", o, quiera Dios que no, "Cnel. Hugo Chávez"), a más de un edificio público o instituto que vaya a recibir las ayudas (aunque hasta ahora con más promesas que realidades) del gobierno chavista.
Habrá que ser más moderado. Y en todo caso tomar el asunto de los bautismos y designaciones pensando sobre todo en aquello que afirme una identidad nacional antes que cumplir con un favor ante una dádiva externa. En ese sentido, nos apresuramos a dar alguna idea para la flamante terminal aérea internacional que en poco tiempo estará inaugurándose en nuestro país.
Antes que verla bautizar con algún otro nombre que nada le signifique a nuestra historia y a nuestra identidad, sería oportuno ratificar la paternidad de la magnífica pieza musical de Gerardo Matos Rodríguez que está considerada como el "himno de todos los tangos", es decir, "La Cumparsita". Antes que seguir polemizando en debates que se lleva el viento que ese tango es obra de un uruguayo, que lo plasmó en Montevideo y que fue estrenado en 1917 por la orquesta de Roberto Firpo en la confitería "La Giralda" (que estaba donde está ahora el Palacio Salvo) parece más adecuado defenderlo físicamente, en un contexto de reafirmación de la identidad nacional, donde el tango es al fin y al cabo, un pilar de nuestra identidad cultural. Y entonces ¿por qué no? ¿Qué impediría bautizar al nuevo aeropuerto con el nombre de "La Cumparsita"? Será una forma de hacerle saber a los extranjeros que nos visiten, que ese tango es esencialmente uruguayo, por más que su autor lo haya registrado en Buenos Aires. Sería bueno que la idea prospere.