Los logros detrás del circo

Las relaciones exteriores, para un país con las proporciones físicas de Uruguay, suelen ser determinantes. En su inserción en el mundo se juega buena parte de su éxito o fracaso económico. El gobierno actual ha debido enfrentar un hostigamiento permanente en la materia, en buena medida porque esta administración llegó con el mandato claro de terminar con las relaciones carnales con dictaduras y autoritarismos de izquierda, ante los cuales las gestiones del Frente Amplio sacrificaron el más rico historial del país. Pero, sobre todo a partir del cambio de canciller por la salida intempestiva de Talvi, el país viene logrando resultados que pueden ser clave a futuro.

Esta semana se conoció una noticia trascendente. Un grupo de senadores de los Estados Unidos, con integrantes de los dos grandes partidos políticos de aquel país, propuso algo inédito al Congreso: una ley que busca beneficiar específicamente a Uruguay, debido a sus lazos históricos de amistad, a su historial de defensa de la democracia y la libertad, y a sus políticas racionales en un continente por momentos delirante. Este proyecto, un logro resonante de la cancillería y de la embajada llevada adelante por el Dr. Andrés Durán, permitirá exportar al principal mercado del mundo una amplia gama de productos sin pagar arancel alguno. Un “mini TLC”, como lo definió un experto, que cambiará radicalmente el comercio entre ambos países. Además, se incluyen otros temas, en particular la incorporación de Uruguay a un régimen privilegiado de visas, que es clave para empresarios y “startups” que buscar acceder a fondos de riesgo en Estados Unidos.

Pero esta no es la única victoria reciente de la política exterior nacional. Hay que sumar el excelente acuerdo logrado con Brasil, para que todos los productos generados en zonas francas de Uruguay, puedan ingresar a ese mercado sin pagar arancel alguno. Se trata de algo central para potenciar la inversión en nuestro régimen de zonas francas, amenazado por algunas corrientes externas en materia impositiva, nefastas para Uruguay, pero que cuentan con fervorosos defensores en el Frente Amplio. Un “cipayismo” tributario incomprensible, siempre dispuesto a ser el mejor alumno de la clase, cuando las cosas son para perjudicar al tejido empresarial y profesional del país.

Pero la labor de una Cancillería no se mide solo por los éxitos. Para usar términos legales, se trata de una obligación de medios, no de resultado. Y en este período es mucho lo que se ha trabajado en frentes que, lamentablemente y por culpas ajenas, no están dando los frutos deseados. Hablamos de todas las gestiones para lograr acuerdos de libre comercio con China, con la Unión Europea y con Turquía.

Es muchísimo lo que se ha hecho en esos frentes. Mucho lo que se ha viajado, lo que se ha negociado, lo que se ha transado. Y, sin embargo, por razones totalmente ajenas al país, estos acuerdos siguen sin avanzar. En algunos casos por culpa de dilemas propios de las contraparte (Europa y Turquía), en otros por influencias negativas de nuestros socios del Mercosur, como con China.

Sin embargo, en ese frente tan importante, se ha encendido una luz de esperanza con la posibilidad de avanzar para integrar a Uruguay al Acuerdo Trans Pacífico. Se trata de una alianza fundamental, que vincularía al país con los mercados con mayor potencial del mundo, y que tiene la ventaja de que no implica a bloques, sino que su integración es netamente por país. Lo cual nos libera de la pérfida influencia del Mercosur.

Sobre el Mercosur, es importante atender a la conclusión del canciller Bustillo en su última comparecencia al Parlamento, donde dijo que “en algún momento todos vamos a tener que pensar seriamente qué hacemos, porque no podemos seguir siendo rehenes de esta situación que, lamentablemente, venimos padeciendo desde hace tiempo”. No podemos seguir siendo esclavos de un bloque que nació para fomentar el comercio, y hoy es un nicho proteccionista que nos pesa como un yunque atado a la pierna de un náufrago.

Todos estos logros, disimulados por una oposición cuyo único fin es destruir, no deben opacar otros casi más importantes. Que son el haber recuperado el prestigio internacional, al haber roto las relaciones carnales con dictaduras como Cuba, Nicaragua o Venezuela. Haber dejado de ser el perro faldero de un partido político de Brasil, o de un sector del gobierno argentino. Y haber retomado una iniciativa y una independencia en materia exterior, que Uruguay nunca debió haber comprometido.

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