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Es muy habitual que algunos gremios o algún personaje insignificante deseosos de protagonismo utilicen los actos oficiales de las fechas patrias para dar a publicidad su existencia o las causas que los desvelan.
No respetan para nada el significado de esas conmemoraciones, ni los homenajes que pudieran realizarse en su evocación ni la grandeza de formar parte de una Nación. No les da la cabeza. Son estúpidos, incapaces por sí solos de hacer o decir algo que valga la pena.
El historiador francés Ernest Renán (1825-1882) describió como ninguno qué es una nación. “Una nación -apuntó- es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que, a decir verdad, no son más que una constituyen esta alma: una está en el pasado, la otra en el presente. La una es la posesión en común de un rico legado en recuerdos; otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa (…) Un pasado heroico, grandes hombres, la gloria (me refiero a la verdadera); he aquí el capital social sobre el cual se asienta una idea nacional. Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía, he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo”.
Este 25 de agosto, 197 años después de la Declaratoria de la Independencia en la Piedra Alta de la Florida, en el mismo lugar se rindió homenaje a aquel episodio fundamental en la historia nacional y a los protagonistas que lo impulsaron, que contó con la presencia de una importante delegación oficial encabezada por el presidente de la República, Luis Lacalle Pou y donde Álvaro Delgado, secretario de la Presidencia, hizo una emotiva evocación. No era para menos; se trataba de la culminación de la gesta artiguista y la lucha contra el poder extranjero. Esa Declaración marcaba el comienzo de la construcción de un nuevo Estado.
Hasta ahí todo bien. Pero, como suele suceder, aparecieron los “convidados” dispuestos a robar protagonismo y cámaras aprovechando las coberturas periodísticas. No fueron a rendir homenaje a aquellos hombres que forjaron la patria, fueron simplemente a aprovechar sí que mucha gente estaba allí para honrar el pasado y llegaron para enviar su mensaje egoísta y sacar provecho personal de la Declaratoria de la Independencia.
No hay que olvidar de que siempre ha existido cierto rechazo de sectores frentistas y el Pit-Cnt a las efemérides uruguayas porque las consideran funcionales a los partidos tradicionales, cuya existencia y sus jefes se remontan prácticamente a los comienzos mismos de la Nación.
Allí estaban -unidos contra el gobierno- representantes de los gremios de la enseñanza, representados por miembros de las diferentes organizaciones que integran la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza y por otro lado, Gustavo Salle con su tradicional megáfono antivacuna (la OMS acaba de anunciar que por el covid han muerto 6,4 millones de personas, un millón de las cuales han ocurrido en lo que va de este año “a pesar de que se cuenta con todas las herramientas para evitarlo”).
Dejemos a Salle y pasemos a los gremios de la educación. Un grupo de estudiantes en formación docente -actualmente en conflicto con el Gobierno por la próxima reforma educativa- cantó y reclamó durante gran parte del acto. Sobre el final, los reclamos se transformaron en cánticos e insultos soeces: “Te puso el Fondo (Monetario Internacional), Cuquito botón. A vos te puso el Fondo, Cuquito botón. Te vendés a los yankis, entregás el país. Sos un hijo de yuta, te tenés que ir”.
Allí estaban Gustavo Salle y su megáfono antivacunas y representantes de los gremios de la enseñanza que se dedicaron a cantar durante la conmemoración y terminaron con una retahila de insultos al Presidente de muy baja estofa.
Mientras el Presidente se despedía, oyó los cánticos y con un gesto irónico los miró y comentó: “Estos son profesores, ¿no? ¿Y están diciendo ‘hijo de puta’?” lo que molestó más a la patota cantora, que siguió con su retahila de insultos: “de qué reís, “alcahuete”, “botón” y otras groserías irreproducibles.
Lamentable, aunque el Presidente se mantuvo siempre con una sonrisa que fastidiaba cada vez más a los agresores. Y penoso si pensamos en que ese grupo de maleducados y desubicados son los que tienen a su cargo la educación de los niños. ¿Qué enseñanza pueden tener si lo único que manejan son insultos, carecen de un mínimo respeto al Presidente de la República y nada les importa la conmemoración de una de las fechas mayores de la historia nacional?
Qué distintos son estos futuros profesores de todo aquello que describió Renán sobre una Nación. Hacer “cosas juntos” parece cada día más imposible. Ellos se dedican a deshacer.