Cuando el Tribunal de Apelaciones de 1er Turno en lo Penal devolvió a la Dra. Fanny Canessa el expediente sobre irregularidades en los Casinos Municipales que había llegado a su estudio por un incidente de excarcelación -finalmente denegado- estampó en su resolución una serie de consideraciones que hacen al fondo del asunto. Dijo que tenía la "sensación" de que el expediente no estaba cerrado (con los procesamientos que se habían dictado hasta el momento) y que las pruebas que restan "permitirán (o no) arribar a la convicción suficiente para vincular a otras personas al proceso (…)". "Interrogatorios profundos -agregó- podrán demostrar lo que sostienen los defensores respecto a que todos estaban en total conocimiento de la gestión de Casinos (…) y que todas las medidas se tomaron con conocimiento y conformidad con los mismos".
"O también podrá demostrar -concluye- lo contrario, que los jerarcas confiaron en Bengoa y su equipo al punto que omitieron la diligencia mínima en el contralor del subordinado y fueron engañados o, en alternativa menor, eran ineptos en el ejercicio del cargo que desempeñaban".
Cuando el Tribunal emitió esta opinión, estaban pendientes, entre otras cosas, los careos del ex Director de Casinos Municipales, Juan Carlos Bengoa, con las principales jerarquías de la Intendencia capitalina de la época. A saber: el Director de Desarrollo Económico de la IMM y varias veces Intendente interino, Alberto Roselli (hoy en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto), la Secretaria General, María Julia Muñoz (hoy ministra de Salud Pública) y, lógicamente, el Intendente de Montevideo, Mariano Arana (hoy senador y ex ministro Viviendas, hasta hace uno año).
Los careos culminaron ayer con la presencia de Arana en el Juzgado, enfrentado a su ex subalterno. El lunes había estado Muñoz y antes lo había hecho Roselli. De las declaraciones públicas que formularon luego, los involucrados o sus abogados, no pueden extraerse conclusiones válidas. Cada uno ratificó su posición: la culpa o la responsabilidad es del otro.
Vamos a aclarar. Este asunto de los Casinos Municipales pasa por dos vertientes. Una es la pérdida ininterrumpida y consecutiva por cinco años que tuvieron hasta redondear un monto superior a los 15 millones de dólares. La segunda es la forma de explotación que se eligió: reacondicionamiento del Parque Hotel, uso de otra sala por el cierre del Hotel Carrasco, arrendamientos de slots, adjudicaciones de los mismos y algo más que puede quedar en el tintero.
Sobre el primer tema: pérdidas. ¿A nadie llamó la atención que los casinos municipales dieran pérdidas? ¿A ninguno se le ocurrió llamar al Director para que explicara los motivos de los números en rojo, no un año, sino por cinco de corrido? ¿Les pareció normal? ¿Dónde quedó aquello de que "la banca siempre gana"? ¿No tiene pensado este gobierno incorporar y explotar más salas en todo el país? En definitiva, explotar casinos ¿es buen o mal negocio?
Sigamos. El reacondicionamiento del Parque Hotel. De acuerdo a lo que se sabe la IMM no invirtió en ello, sino que se recurrió al aporte de privados, interesados de una manera u otra en mejorar su apariencia. Fueron donaciones voluntarias que llegaron a los 270.000 dólares y que la IMM, por carta de su Director de Desarrollo Económico, agradeció, aunque nunca figuraron los ingresos en la contabilidad municipal. ¿Esto es normal? ¿Las obras municipales se financian con donaciones "voluntarias"? ¿Nadie preguntó nada? ¿Se asiste a la reinauguración de la sala y nadie se preocupa por saber cómo se había financiado, de dónde había salido la plata?
Terminemos (por hoy). El cambio en el sistema de explotación de los slots o maquinitas. Se pasa de ser propietaria (la IMM) a arrendar su uso. ¿Cuál fue el motivo? ¿Qué estudios se hicieron? ¿Cómo se llamó o se convocó a los interesados en el nuevo servicio? ¿Cómo se los seleccionó? ¿Nadie preguntó nada? Porque lo que se hizo público fue que se adjudicó directamente el negocio -sin llamado a licitación- y que como resultado de ello se creó un entramado de relaciones familiares, parentescos, repeticiones de nombres y direcciones que parecen difíciles de explicar y distan mucho de ser transparentes.
Las preguntas -y las dudas- son muchas. La Justicia está ante un gran misterio, porque salvo Bengoa y algún otro procesado, nadie sabía ni sabe nada.