Lenguaje soez

Si el líder político de la 609, José Mujica, practica la apología del lenguaje soez y la guarangada, no puede extrañar demasiado la ordinariez del "instructivo" que acompañó el reparto de preservativos pertenecientes a Salud Pública, organizado por la juventud de dicha agrupación.

El nuevo abuso detectado revela nuevamente, como el oficialismo se sirve del Estado para su propia campaña, en este caso repartiendo elementos comprados (con el dinero de los contribuyentes) por Salud Pública. Y recién después de descubierta la maniobra, la Ministra, generosa, salió a decir que los mismos están a disposición de todos los partidos. Más allá del desparpajo constatado, que se suma a muchos otros, (actos presidenciales, propaganda mediática de empresas estatales y monopólicas, giras de directivos de organismos del estado, inauguraciones varias de una misma obra o simplemente prematuras), vale la pena detenerse sobre el tipo de vocabulario del que suele dar ejemplo el candidato del Frente Amplio, nada menos que a la Presidencia. Modo de hablar que lamentablemente se ha extendido entre la juventud y buena parte de nuestra sociedad.

La costumbre de usar malas palabras intercaladas en la manera habitual de expresarse, no es otra cosa que una forma de violencia. Cuando una palabrota se usa como exabrupto que responde a un susto, sorpresa, disgusto o chiste, puede justificarse, pero el hábito de usar palabras sucias, simplemente porque sí, tiene profundas implicancias. Quien tiene la desgracia de entender cada vocablo que oye, en su verdadero significado y éste se le representa con su correspondiente imagen, naturalmente se siente repugnado por la inmundicia con que se expresa el interlocutor. Situación que se da cada vez más a menudo pues las bocas de muchos jóvenes y adultos son como cloacas.

La coprolalia antes era el habla de los bajos fondos, de las patotas o de algún individuo aislado. Esa extraña voz proviene de copros, que quiere decir excrementos y lalia que significa lenguaje. El diccionario médico lo define así: "el hábito de usar expresiones groseras, obscenas o relacionadas con los excrementos... se presenta en personas con inestabilidad nerviosa o como síntoma". Muchos individuos con desequilibrios psíquicos, tienen un repertorio escatológico.

Si consideramos que el discurso expresa sentimientos e ideas creadas por el intelecto y que ellas son acordes a la dignidad del espíritu de cada hombre o mujer, es evidente que la coprolalia es nociva y quienes aspiren a la superación, lo harán valiéndose de alocuciones elevadas y claras, exentas de vulgaridades y ordinarieces. Aquellos que no se expresan de esta última manera, es obvio que han perdido la sensibilidad estética y moral del lenguaje.

En la juventud, estos hábitos se explican por diversos motivos, entre los cuales no se puede descartar el ejemplo de lo que oyen en su casa, de sus referentes o lo que escuchan en el cine, la televisión y su entorno. También el vértigo por el cambio; pareciera que ya no hay nada vedado, que todo está permitido y tanto ellos como ellas, pueden decir lo que se les antoje. También hablan así como una manifestación de protesta y lucha o simplemente, ello forma parte de un empobrecimiento intelectual generalizado. Del "achatamiento" que ciertos líderes promueven. Y lo peor es que el mal hablar es contagioso y es muy posible que ni siquiera se tenga noción cabal de la decadencia verbal en la que se está.

Llega a ser una cuestión de moda y hasta un tonto snobismo en algunas esferas o un querer demostrar que se han perdido las inhibiciones. Y a menudo esta deformación mental afecta tanto a jóvenes como a adultos que han trastocado sus valores. Porque hasta hace un tiempo, los términos groseros eran una muestra de mala educación. Era algo como estar sucio, con la ropa manchada y aún peor, era como mostrar una sordidez interior. Se aspiraba a ser capaces de expresarse bien, a contar con un léxico amplio, correspondiente con un buen nivel educativo, en lugar de contentarse como hoy, con modos de comunicación paupérrimos, de esos que condicen con los estratos sociales más bajos y que sin embargo, actualmente predominan inclusive entre quienes tienen acceso a buenos niveles de educación. Dándose la grave paradoja de que muchos de los que tienen la responsabilidad de enseñar, de dirigir y de predicar con el ejemplo, hacen lo opuesto en vez de levantar la mira.

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