Cuando la Fiscal Gabriela Fossati mandó a un equipo del Departamento de Inteligencia con orden de arrestar al custodio Astesiano, nada menos que a Suárez y Reyes, adonde vive el Presidente de la República, quien regresaba de una corta vacación con sus hijos, no se oyó ni una crítica a esa drástica medida. Todo lo contrario, la satisfacción que provocó el episodio en la oposición fue notoria y abundaron los sordos aplausos, por el accionar de la fiscalía y de paso, la incómoda sorpresa al Presidente.
Sin embargo, apenas la Fiscal decidió cambiar la carátula del expediente para investigar no como testigo, sino como imputado a Gustavo Leal, el ex jerarca del Ministerio del Interior de tiempos de Bonomi -quien sonaba fuerte como próximo Ministro del Interior en caso de seguir en el poder el Frente Amplio- la actitud en los círculos frentistas cambió rotundamente. De la noche a la mañana, la experimentada fiscal se convirtió en la mala de la película.
Y lo que es más grave, es que los movimientos subterráneos de protección al Sr. Leal consiguieron algo inaudito; que al poco tiempo Gabriela Fossatti fuera apartada del caso y la causa judicial se archivara. Un hecho que trae a la memoria algo ocurrido en épocas del gobierno del Frente Amplio. Se debatía entonces la reforma del Código del Proceso Penal, uno de cuyos principales impulsores era el Fiscal General Jorge Díaz. Una persona que en poco tiempo logró empoderarse como ningún otro, dado que si bien el cargo existía, nadie le había dado la tónica que éste le impuso.
La prestigiosa fiscal con una larga trayectoria de más de 20 años, fue trasladada. Había manifestado reparos a ciertos aspectos de la reforma, que indudablemente no le cayeron bien a gente poderosa en los ámbitos judiciales y repentinamente la mandaron al sótano. Años tuvo que dedicarse a los casos antiguos que aún se tramitaban bajo el antiguo Código.
Y ahora se repite la historia. Si molesta, se la manda a un sitio en el que no pueda hacer gran cosa.
La extraña aparición de Leal en casa del padre de Astesiano a quien no conocía, en la barra del Chuy, la consideraron muy normal y que no ameritaba ser investigada. La impresión de que la justicia no es igual para todos, preocupa.
El actual fiscal Gómez, quien luego de haber sido llamado por Jorge Díaz a trabajar junto a él lo sucediera en la función (se suponía que interinamente), permanece a partir de la renuncia de su colega al frente de la Fiscalía General. Como podía esperarse, hasta ahora no se ha podido llegar a ningún acuerdo con el Frente Amplio, para nombrar un sucesor.
Y en esta instancia, a pesar de la investigación que llevaba adelante Fossatti, la apartaron y su lugar pasó a manos de Sabrina Flores. Una fiscal con fama de buena técnica, muy cercana al fiscal predecesor que se fue a la actividad privada y hoy trabaja en un conocido estudio de abogados. Tanto la fiscal Flores como el fiscal Negro, se cuentan entre los más fieles asistentes a cualquier acto o evento que convocara el ex Fiscal.
El lamentable asunto Astesiano, un avezado manipulador más que otra cosa, que supo despertar una inmerecida confianza en el Presidente, al menos tuvo de bueno haber servido para desbaratar una trama de falsificaciones. De documentos uruguayos con conexión en Rusia y hoy está en prisión, con una pena de 4 años y medio.
En cambio, el archivado caso Leal genera por ese mismo motivo, honda preocupación.
Salvo para el personaje en cuestión y su entorno, del affaire Leal no es posible rescatar nada de positivo. Lleva a pensar en aquella famosa frase de Hamlet en el drama de Shakespeare, “ algo huele mal en Dinamarca…”. No solo llama la atención negativamente la actuación del fiscal Fernando Romano (vecino de puerta de Díaz en las oficinas de la Fiscalía) al que se le asignó el caso del sociólogo, para cubrir una breve licencia médica de Fossatti. Apenas adjudicado el caso, muy diligentemente, cosa no habitual en oportunidades semejantes, se fue a visitar a Astesiano.
De regreso Fossatti antes de la fecha estipulada para la licencia, pero con el alta médica que la acreditaba, la Fiscal creyó evitar lo que sin embargo sucedió poco después.
La fiscal Flores, en la misma línea de Romano, resolvió que no habían suficientes indicios para imputar a Leal de un delito de encubrimiento u obstrucción a la justicia, como lo había tipificado. O sea, que la extraña aparición de Leal en casa del padre de Astesiano a quien no conocía, en la barra del Chuy, la consideraron muy normal y que no ameritaba ser investigada.
La impresión de que la justicia no es igual para todos, preocupa. Editorial