Para dentro de 15 días (el 28 de julio) está fijado el acto electoral en Venezuela, que podría terminar con la larga satrapía de Nicolás Maduro.
Decimos que “está fijado” porque de ahí a que se concrete ese acto electoral con sus consecuencias y se respete su pronunciamiento hay un largo y difícil camino que nadie sabe si servirá y se respetará.
Nicolás Maduro empezó por no aceptar la candidatura opositora de María Corina Machado que ganó en forma abrumadora las elecciones primarias de su partido (de acérrima oposición a Maduro) y crecía como favorita en las encuestas. Y luego también bloquearon a Carina Yoris que fue elegida en sustitución de Machado. Nada de mujeres para enfrentar al dictador, por más respaldo popular que tuvieran.
Finalmente Maduro y sus secuaces aceptaron la candidatura de Edmundo González Urrutia, de 74 años, diplomático, profesor y escritor venezolano.
Con el apoyo de María Corina Machado, que no estará en la boleta de las elecciones presidenciales, pero ha sido la gran figura que ha recorrido y recorre una y otra vez el país, González inició una fuerte ofensiva electoral que recogió el aplauso y el apoyo del pueblo.
Y vaya si el trabajo dio buenos resultados: según publicó La Nación de Buenos Aires, las últimas encuestas independientes de la semana pasada mantienen al frente al diplomático. Para ORC Consultores la intención de voto para el candidato opositor ha alcanzado el 58,4% de los apoyos frente al 14,2% de los que se manifiestan a favor del continuismo.
Hercon Consultores, por su parte, da 68,4% para Edmundo González y 27,3% para Maduro, que obviamente “ha intentado posicionar encuestas fake” en una campaña de manipulación informativa y que puede llevar a “justificar” el fraude electoral.
No hay dudas de que esto, si ocurre, será una mera repetición de hechos. El gobierno de Venezuela huele a corrupción desde hace muchos años. Todo lo que nace o termina en Caracas lleva una impronta fulera y poco clara que trasmite la sensación de que lo político y las afinidades ideológicas están muy por encima de lo jurídico. Y que las urnas tienen nombre y apellido apenas se abren.
El Consejo Nacional Electoral (CNE), máximo órgano en esa materia, es juez, jurado y parte en todas las convocatorias a las urnas, trampea y decide todo lo que ordena Maduro.
Pero hay más: es un país donde el Poder Judicial es cualquier cosa menos independiente; donde no existe la libertad de expresión y de prensa; donde se violan los derechos humanos; se apalean y matan estudiantes en manifestaciones y se apresan sin más a dirigentes opositores; donde la gente muere porque pasa hambre y las góndolas de los mercados están vacías. Que está inundada de petróleo, pero tienen que importarlo para el consumo.
Que tiene un presidente paranoico que vive denunciando conspiraciones mundiales contra su régimen o hablando mano a mano con un pajarito que es la reencarnación del difunto coronel Hugo Chávez (ese coronel que no fue recibido en una visita a nuestro país por el Gral. Líber Seregni, entonces presidente del Frente Amplio) que la sensación de corrupción es insoportable. Venezuela es una democracia taimada, solo le queda el ropaje que le prestan los actos electorales.
Esto lo ha hecho durante años. Tiempo atrás, Maduro fue muy claro sobre lo que tenía enfrente y el futuro: “Quien tenga oídos que entienda, el que tenga ojos que vea clara la historia, la revolución no va a ser entregada jamás (…) gobernaré con el pueblo y en unión cívico militar”.
Y por lo menos una vez dijo la verdad: si el “cívico” le gana, buscará mantenerse por el lado del “militar”. ¿Volverá esta amenaza o directamente se concretará ante la derrota? ¿Qué pasará con los militares si las elecciones voltean a Maduro?
Ese es el gran tema: en Venezuela hay 31 ministros, 14 de ellos son militares. Y como si fuera poco, el general en jefe del Ejército, Vladimir Padrino López, ejerce ese cargo desde el año 2014 y es además ministro del Poder Popular para la Defensa.
¿Volverán a hacerse los distraídos cuando el fraude busque triunfar sobre la mayoría como ya ha ocurrido? ¿Volverán a ser socios pasivos en la defensa de Maduro y las burdas maniobras del Consejo Nacional Electoral que ha creado o defenderán las decisiones del pueblo de Venezuela como nunca lo han hecho?
Diez millones de venezolanos se han ido de su país para sobrevivir. Es hora de que puedan recuperar y disfrutar de su patria en democracia.