Las críticas que vienen de adentro

Cada vez más, referentes sectoriales del Frente Amplio cuestionan decisiones que toma el gobierno. Estas discrepancias entre el partido y el gobierno (que responde a ese partido) son notorias y por cierto contraproducentes. Las más frecuentes suelen referirse a la economía o a la política exterior.

Dichas discrepancias vienen de la militancia frentista, como también de algunos legisladores que, por tener esos cargos, deberían actuar con otra responsabilidad y una mejor comprensión de lo que significa gobernar un país.

Parte del problema es haber hecho campaña con un programa electoral fuertemente ideológico, aunque inaplicable, que se contradice con lo que hace el gobierno, obligado a atender realidades que no se resuelven con dogmatismo.

Es entendible que el militante de un comité de base, desde su intransigencia, cuestione al gobierno, pero no es aceptable que lo hagan algunos senadores pues de ellos se espera otra sofisticación. No solo no explican a sus “bases” por qué el gobierno toma determinadas decisiones, sino que además ellos mismos critican como si fueran opositores o peor aún, se quedan en el mero rol del militante de barrio.

Entender la economía no es sencillo, pero es verdad que mucha militancia y dirigencia se maneja con frases hechas y no con conocimientos serios. Por eso plantean propuestas inviables, que arrinconarían al país y le harían un enorme daño a los sectores que dicen defender.

Con esa visión elemental y errónea de la economía, presionan al ministro Gabriel Oddone, al que consideran casi que un neoliberal. En ocasiones Oddone se desdice de reflexiones y visiones que tenía cuando no era ministro. Aún así, en varios temas no ha cedido y no porque responda a una escuela opuesta a lo que predica el Frente Amplio, sino porque tiene la certeza que de seguir el camino que le exigen los militantes, fundiría al país. Solo una economía sana y sensata generará la riqueza que creará más empleo y ofrecerá mejores salarios. Si bien esto es obvio, no es fácil convencer a los dogmáticos del Frente.

El otro terreno donde la militancia y algunos legisladores dirigen su artillería es el de la política exterior. Algunos gestos del presidente Yamandú Orsi y de su canciller Mario Lubetkin generan desconfianza en la militancia que considera que van contra los dogmas de la izquierda, a la vez que no entiende el vuelco que ha dado el mundo en su modo de relacionarse, un vuelco que produce incertidumbre y desconcierto. A partir de una visión y un estilo impuesto por el presidente norteamericano Donald Trump, las viejas pautas de la diplomacia ya no siguen vigentes. Eso obliga a países chicos como Uruguay (y a los grandes también) a manejarse a ciegas. Es todo un arte entenderse con una potencia como Estados Unidos, cuando éste toma decisiones cuyos efectos son imprevisibles. En ese sentido, más siendo un gobierno de izquierda, la cancillería ha sido relativamente prudente y cuidadosa en algunos temas. Los militantes deberían entender el vidrioso terreno en el que hay que moverse.

Las críticas parten desde la intransigencia ideológica pero también desde la ignorancia sobre cómo un país maneja sus relaciones con el resto del mundo. Y más en un momento como este, donde es difícil ver hacia donde vamos. Hay mensajes que deben ser atendidos para entender dónde estamos parados y hay iniciativas que deben ser escuchadas, aunque al final no se acompañen. Y si no se reacciona por ignorancia, entonces es por algo peor: es el deseo que el país solo se acerque a las peores dictaduras del mundo.

Estas críticas no hacen más que agravar el problema de imagen que tiene el gobierno presidido por Orsi. Hay inoperancia, lentitud y una tendencia a dar malas soluciones. Pero también las críticas inciden en como la gente responde a los encuestadores.

Los cuestionamientos desde dentro del Frente se suman a las de la oposición, aunque no son iguales. Cuando vienen desde adentro del Frente, en realidad lo que están reclamando es un viraje hacia posturas extremistas y radicales. Ellos, que señalan con alarma un supuesto crecimiento de la extrema derecha, cuestionan a Orsi, a Oddone y a Lubetkin desde la extrema izquierda. Es importante tenerlo en cuenta porque cuando las encuestas hablan de la impopularidad del gobierno, no discriminan si las respuestas vienen de la oposición, de los frentistas moderados o de las que presionan por políticas más extremistas. La impopularidad es la misma, pero las razones de unos y otros, no.

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