La respuesta incómoda

El escándalo que el Frente Amplio montó por las declaraciones del senador Sergio Botana revela bastante más sobre el oficialismo que sobre el propio Botana. Porque la discusión de fondo no es si el Frente Amplio es un “narcopartido”. No lo es, y plantearlo en esos términos caricaturescos solo sirve para desviar el debate ya que nadie lo planteó así. La verdadera cuestión es otra: si en los hechos, por acción, omisión, negligencia o ceguera ideológica, esa fuerza política ha acumulado decisiones y posturas que terminan favoreciendo al narcotráfico. Y la respuesta, incómoda pero evidente, es que sí.

No hace falta atribuir intenciones para llegar a esa conclusión. Alcanza con mirar los hechos. En materia de seguridad, y especialmente en la lucha contra el crimen organizado, hay decisiones que fortalecen al Estado en materia de seguridad y otras que lo debilitan. Y cada vez que se bloquea una herramienta útil, se relativiza una amenaza o se desincentiva la cooperación internacional, los únicos que ganan son los narcos.

Por eso es inequívoco que el senador Botana tiene razón en lo sustancial. El Frente Amplio tiene un largo historial de posiciones que, objetivamente, benefician al narcotráfico. Lo hizo cuando, en lugar de entender que el avance del crimen organizado exigía más inteligencia, más cooperación y más firmeza, optó por sembrar dudas, trabas y relativismos. Lo hizo cuando durante su anterior gobierno terminó yéndose de Uruguay la oficina de la DEA, en un episodio gravísimo que fue atribuido por exjerarcas de esa agencia a la falta de intercambio de información por parte del gobierno. O cuando los esçaneres del puerto se rompían misteriosamente.

Lo hizo también cuando se opuso a la incorporación de herramientas como los allanamientos nocturnos, descalificando como “demagógica” una discusión que, en cualquier país serio, debería darse con sentido de urgencia y sin reflejos sensibleros. Lo hizo cuando cuestionó el respaldo al policía otorgado por la LUC y los ministros del interior del gobierno anterior. Y lo hizo al no querer participar de la convocatoria que realizó recientemente el gobierno de Estados Unidos a participar de la coordinación entre países para enfrentar frontalmente al narcotráfico.

Ni que hablar de la decisión sobre las patrulleras oceánicas, que dejan al país sin custodia de sus aguas.

Nada de esto prueba connivencia, pero sí prueba algo políticamente relevante: una cadena de decisiones equivocadas que, en los hechos, alivian la tarea de quienes viven del delito. Ese es el punto central. El narcotráfico no necesita que un partido lo avale explícitamente. Le basta con que desde el sistema político se tomen decisiones funcionales a su expansión. Le basta con encontrar debilidad, confusión, falta de determinación y una renuencia persistente a usar todo el poder legítimo del Estado para combatirlo.

Por eso resulta tan poco creíble la indignación del Frente Amplio. No tiene derecho a rasgarse las vestiduras ni a presentarse como víctima de un agravio intolerable. Y más aún porque desde el Frente Amplio existió, como de costumbre, un ataque mucho más violento e inaceptable contra el gobierno anterior. Están en X y nunca se borraron ni se pidieron disculpas las expresiones de José Carlos Mahía -entonces diputado, hoy ministro de Educación y Cultura- llamando a la administración anterior “NarcoGobierno”.

¿A nadie en el Frente Amplio le pareció excesivo y un ataque a la democracia? ¿No siembra desconfianza en el sistema de partidos? ¿No es algo canallesco? Hoy ponen el grito en el cielo por algo infinitamente menor quienes avalaron un disparate impresentable, lo que demuestra una enorme hipocresía.

Ese doble estándar no es un detalle, es un verdadero modus operandi. Indignación con Botana por señalar lo obvio y premio a Mahía con el ministerio de Educación por jugar sucio. Y no fue el único, ya que el propio presidente Orsi dijo en su momento que “Duele que en la mismísima Torre Ejecutiva se haya montado una red para delinquir”.

Uruguay necesita una discusión adulta sobre el narcotráfico. Una discusión que descarte el insulto fácil, pero también la amnesia conveniente y la hipocresía. Una discusión en la que se pueda decir, con claridad, que hay posturas del Frente Amplio que han sido funcionales al crimen organizado, sin que eso implique acusar a todo un partido de ser parte de él. Porque una democracia se lesiona con acusacionepolitiqueras, y se fortalece cuando los problemas se miran a los ojos directamente como hizo el senador Botana.

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