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Una encuesta de Equipos Consultores publicada por El País días atrás concluye que alrededor de un 80% de los uruguayos (que incluso pueden ser más) considera que el Frente Amplio debe acordar con el gobierno en materia de una reforma del sistema de seguridad social.
No hay dudas de que la conclusión llama la atención y lo que parece hasta medio inverosímil es que los votantes del Frente Amplio piensan muy distinto a las mayorías iluminadas que se mueven en la dirección de su partido y en la del Pit-Cnt, compañero de mil batallas hoy convertido en jefe opositor. Estos quieren trancar todo y lo quieren hacer desde la aparición de un anteproyecto de reforma (si es anteproyecto significa que ni siquiera tiene la categoría de proyecto) que el Presidente de la República entregó en visita personal a la sede del FA.
Allí anda el presidente del Pit-Cnt anunciando huelgas y tirando piedras desde la vereda de enfrente como ya se hizo durante la lucha contra el Covid. Pero las bases, o el pueblo frenteamplista, parece que no. Que el combate se puede librar en una gran cantidad de temas, pero el futuro de la seguridad social es una tarea para encarar todos juntos, porque a todos afecta y no es cuestión de rehuir del diálogo ni centrarse en el trancazo o la zancadilla porque eso no soluciona nada.
Como dijo el presidente Lacalle Pou durante su visita a la “Huella de Seregni”, la reforma de la seguridad social “si tiene costo político no sé; sí tiene costo personal mirar para el costado”.
Si bien la reforma puede aprobarse exclusivamente con los votos de la Coalición Republicana que apoya al gobierno, la importancia del tema y la transformación de fondo que afectará a las futuras generaciones e incluso a los futuros gobierno (¿acaso el FA no tiene aspiraciones de encabezar el futuro gobierno?) reclama la presencia de una política de Estado.
Si bien la reforma puede aprobarse solo con los votos de la Coalición Republicana, la importancia del tema que afectará a futuras generaciones e incluso a futuros gobiernos reclama la presencia de una política de Estado.
En estos momentos, Uruguay tiene un gasto del 11% del Producto Interno Bruto en el sistema de seguridad social. Según las proyecciones, de seguir con el sistema actual el gasto va a seguir creciendo y no sería de extrañar que -sin reforma de la seguridad social- en el futuro se recurra a aumentos en los aportes jubilatorios o del IASS que ya pagan los jubilados para cubrir esas mayores exigencias.
Sobre esta base ¿cuáles son las principales líneas del anteproyecto de 307 artículos elaborado por el Comité de Expertos en Seguridad Social que preside el Dr. Rodolfo Saldain?
-Subir la edad de jubilación mínima de 60 a 65 años, con excepciones en caso de trabajos físicos (la construcción o trabajadores rurales, por ejemplo). Los 60 años de edad fueron fijados por ley del año 1925. La gente hoy cada vez vive más, los jóvenes cada vez son menos en la ecuación demográfica, por lo que la única salida es que la gente se retire un poco más tarde.
-Unificar en forma gradual las cajas que hoy están separadas del Banco de Previsión Social: la militar, la policial, la de profesionales, la notarial y la bancaria. Seguirán conviviendo el BPS y las AFAP como lo hacen hasta ahora.
-Mantenimiento de los derechos adquiridos: no se quitarán derechos a ningún jubilado activo, ni sacará bonificaciones que ya tengan los pensionistas actuales.
-Mujeres con hijos: se mantienen beneficios y se les resta un año para la jubilación por cada niño que tengan.
¿Hay alguna queja sobre estas bases?
Rodolfo Saldain, en la misma línea del Presidente de la República, ha reiterado que es necesaria (y urgente) la reforma y que para que pueda perdurar “es necesario buscar los acuerdos más amplios posibles entre los diferentes sectores de la sociedad uruguaya”. Sin soberbia y con humildad, se pide el apoyo a todos.
El Pit-Cnt sí las tiene. Por lo menos su presidente Marcelo Abdala. La consigna es la movilización contra la reforma de la seguridad social. Por suerte dentro de los votantes del Frente Amplio por lo menos, la decisión es otra y va por el lado de la cordura y la razón.
No es la hora de bobear por la existencia de un anteproyecto o de un proyecto que ha asumido la coalición de gobierno, sino en que lo que corresponde es estudiar el tema y colaborar en la redacción de una ley para que sea una buena ley y abra las puertas a una política de Estado. No es un tema menor. Nos incluye a todos, mujeres y hombres, sin importar simpatías o cariños políticos de izquierda, centro o derecha.