NACIDA pocos días después de los atentados del 11 de setiembre, la "USA Patriot Act" (ley patriótica por definición y antiterrorista por naturaleza) establecía nuevos medios de vigilancia del ciudadano de Estados Unidos, para los cuales acaba de dar luz verde la sentencia de una corte especial de apelaciones: la Corte de Revisiones de Vigilancia de Inteligencia Externa. En estos días, ese tribunal otorgó al gobierno norteamericano "un poder que puso los pelos de punta a los defensores de la vida privada de los ciudadanos", es decir a los que luchan contra todo recorte de garantías y derechos respaldados por el sistema democrático. Según la resolución de aquella corte judicial, el gobierno "no tendrá restricciones para aplicar la ley antiterrorista que lo autoriza a realizar escuchas telefónicas y otras formas de espionaje electrónico, en su objetivo de procesar a sospechosos", según dijo un corresponsal en Washington.
Abrir el camino a esa ley "representa un enorme retroceso y una invasión de la privacidad de los norteamericanos" afirman las organizaciones defensoras de las libertades civiles. Según explica la prensa norteamericana, "desde ahora los investigadores podrán desarrollar todo tipo de sistemas de escucha y vigilancia de comunicaciones orales, telefónicas y electrónicas", incluida la red mundial de Internet. Hasta ayer mismo, una acusación criminal sólo podía llevarse adelante en Estados Unidos cuando los datos surgían de escuchas telefónicas "legales" debidamente ordenadas por la Justicia. "Pero esa barrera también fue demolida" por las nuevas disposiciones, que a algunos observadores suspicaces les recordaron la pesadilla futurológica de la novela 1984 de George Orwell, donde todo el mundo estaba vigilado a toda hora.
DESDE ahora, las personas podrán ser controladas "desde monitores del FBI por orden de investigadores de Inteligencia o de fiscales del crimen, y esa información podrá ser compartida con otros departamentos o agencias y con investigadores de todo el país". Pero además se vigilarán "las cuentas de teléfono, los e-mails, los viajes y las transferencias bancarias" de cualquiera, pudiéndose asimismo "detener a sospechosos de terrorismo por tiempo indefinido". La directora de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles declaró: "Estamos muy decepcionados con la resolución, que sugiere que la Corte especial existe sólo para aprobar solicitudes gubernamentales de vigilancia intrusiva. Desde hoy, el procurador general puede suspender todo requerimiento legal para poder escuchar llamados telefónicos". A eso se agrega que el reciente fallo no podrá ser apelado ante la Corte Suprema de Justicia.
EL episodio coincide —según se informa desde Washington— con el nuevo impulso dado a medidas largamente discutidas, como una iniciativa del Pentágono para diseñar un sistema de vigilancia global de todas las computadoras del mundo: "el espionaje tambien llegará a todas las bases de datos de las computadoras de uso oficial, comercial y privado, en todo el mundo", proyecto detrás del cual figura John Pointdexter, que fue asesor de seguridad nacional de Reagan y estuvo —junto con Oliver North— acusado por las operaciones de desvío de armas de Irán hacia los "contras" nicaragüenses en los años 80.
Si hubiera vivido unos años más, Orwell podría haber aprendido algo para escribir una continuación de su novela.