Curioso país el Uruguay, en que grupos politicos de escasa votación llegan a la representación parlamentaria por ingeniería electoral y apoyan a candidatos a la presidencia de la República que no son candidatos.
Este es el caso conocido en estos días en que la Vertiente Artiguista manifestó su respaldo a la candidatura no declarada de Yamandú Orsi que vivirá en los anales de Ripley.
El episodio, más allá de la rareza en que Orsi agradeció el apoyo a su candidatura que dice que no existe, es sintomático de la forma en que el Frente Amplio se va aproximando al clima electoral. Los distintos grupos comienzan a organizarse en el embudo que, finalmente, lleva a una contienda entre el intendente de Canelones y la intendente de Montevideo.
Orsi tiene el respaldo del MPP, lo que le garantiza la principal base de recursos y estructura de la coalición de izquierda. Si a eso le suma otros grupos notoriamente le servirá para ampliar el restrillo, pero tiene una columna suficientemente grande que lo respalda para tener una precandidatura realista en marcha.
En abril presenciaremos un episodio muy particular pero ya visto en política: la vuelta del perro. Richard Reed, un hombre que toda la vida fue frentista se apresta a lanzar un “nuevo” partido político de izquierda fuera del Frente Amplio. ¿Con qué objetivo? Pactar con el Frente Amplio para crear un paraguas más amplio que el Frente Amplio y apoyar la candidatura de Yamandú Orsi. Aunque suena ridículo -y lo es- es parte de la estratagema por la que un partido que se ha radicalizado ferozmente en los últimos tres años buscará lucir como más moderado. Pero, claramente, la “adhesión” de Richard Reed no es la de Nin Novoa que se sumó desde el Partido Nacional o la de Rafael Michelini que se sumó desde el Nuevo Espacio. Alejarse del primo para reincorporarlo a la familia en el siguiente cumpleaños no es agrandar la familia, simplemente genera un incidente bastante absurdo. Si, además, Reed ya tiene pactado el apoyo a Orsi toda la voltereta se convierte en un paso de comedia.
La intendente Cosse la tiene más complicada. Necesita desesperadamente el apoyo del Partido Comunista para sumar alguna estructura partidaria de algún peso más allá de los micro grupos que la respaldan, pero los comunistas ya saben por experiencia que al otro día de pactar con Cosse les va a dar la espalda y no les va a dar ningún espacio en su forma de conducción zarista (con el perdón de los zares).
Caído Andrade en desgracia, sin embargo, tampoco está claro que los comunistas tengan muchas opciones. Cosse parte de atrás y su estilo de política kirchnerista que incluye uso de recursos públicos para su promoción personal y convertir un medio público en un pasquín militante, difícilmente conecte con el uruguayo promedio que valora la democracia y la Republica.
Lo que supo ser el astorismo, desdibujado y en peligro de extinción, también tiene un dilema. Tiene un sólo dirigente que quiere que el grupo Seregnistas-Progresistas tenga un precandidato propio que es el senador Bergara que quiere ser candidato.
Los demás tienen claro que su espacio político los lleva a menos del 5% de la interna lo que es un papelón más que una posibilidad de marcar votos. Ni el espacio ni el posible candidato juntan votos, así que seguramente también terminen pactando con Orsi más temprano que tarde.
¿De este análisis se desprende que el camino de Orsi esté despejado de dificultades? Ciertamente que no, pero las dificultades parecen las propias del partido y del candidato. El Frente Amplio está en un tono de estridencia notoriamente mayor que el del gusto de la mayoría de los uruguayos y escorado tan a la izquierda que se aleja de las preferencias mayoritarias. Orsi ha demostrado que cuando sale de Canelones suele meter la pata al hablar de asuntos nacionales y no se ha movido con la habilidad necesaria en los medios de comunicación y en las actividades de campaña.
Seguramente a medida que el ritmo de la campaña le obligue a exponerse más va a tener más yerros que aciertos, ya que la elevadísima exposición de los candidatos finalmente los desnuda y Orsi no es Vázquez. Por tanto, es probable que con el andar de los meses la euforia opositora de quienes piensan como Esteban Valenti que tienen la elección ganada irá dando paso al desánimo a fuerza de aciertos del gobierno y la Coalición Multicolor y a la nula simpatía que existe entre los principales candidatos y dirigentes frentistas.