Años ha, en la jerga españolizada de colegios a cargo de antiguos y famosos educadores religiosos, se denominaba "ínsula asnaria" a un espacio que en las dos o tres últimas filas del salón de clase, era asignado a los alumnos de bajo rendimiento de días anteriores. Se procuraba una sanción moralmente muy fuerte y así era sentida en la mayoría de los casos, no en todos. El método disciplinario se consideró demasiado severo y agresivo y duró muy poco tiempo. Pero el recuerdo quedó.
En todos los órdenes de la actividad nos podemos encontrar, y de hecho nos encontramos, con ejemplares de primera categoría para integrar ínsulas asnarias virtuales. En niveles de jerarquía como el de los profesionales universitarios, una estadía en una de esas ínsulas puede comprometer sin remedio la carrera de un médico que en lugar de curar mata, un abogado incompetente, un arquitecto a quien se le derrumban las casas. Y también hay países con aspirantes de gobernantes que hacen cola para ingresar a cargos de relevancia en el ejercicio del poder. Nosotros los tuvimos, los tenemos, y hacemos méritos suficientes para seguirlos teniendo. Vamos a un episodio de reciente ocurrencia, y no precisamente para reírnos.
Hace pocos días se dio a conocer que, revisado el resultado final de los números del año fiscal 2011, el déficit en ese orden era menor del previsto (1.1%) situándose en un 0.8 %. La diferencia se cuantificaba en el orden de los 140 millones de dólares. Esto poco menos que se quiso festejar con un feriado. Se transmitió la idea que los ciento cuarenta millones estaban ahí nomás en caja, disponibles para ser utilizados en cualquier momento con cualquier destino.
Esto era una barbaridad, un error descalificante para la valoración de la realidad. Lo único a destacar es que por un error o desajuste de cálculo, al déficit fiscal había que bajarlo de 1.1% a un 0.8%. Pero el presupuesto fiscal sigue siendo deficitario, algo menos de lo pensado, pero deficitario al fin. No pasó de ser deficitario a superavitario.
¿De dónde salió esa disminución del déficit? Muy sencillo, de poner los números en limpio. Lo aclara perfectamente Hernán Bonilla en su nota del 17 de febrero ("el ciberespacio fiscal"): "En el período de mayor crecimiento económico del país desde la década del cuarenta del siglo pasado, no hemos logrado un solo año de superávit y de 2005 hasta el presente hemos duplicado la deuda bruta del sector público. Es muy difícil cómo puede llamarse `prudente` a esta política".
Y lo es también concluir que este error de apreciación sea consecuencia de una falacia para el autobombo del gobierno explotando la ingenuidad de sus votantes. Ya lo ha hecho, pero esto es demasiado burdo. Pero tampoco es sencillo hacerle ver a la gente que esto no es la obra del gobierno mágico que se dio. Todo el problema con cierta forma de pensar muy habitual en el entorno oficialista es que el Estado se las arregle para mantener el poder adquisitivo del salario, y lo atribuye a que estos genios que nos gobiernan sigan encontrando soluciones para eso, para estimular el empleo, o para asistirlos y comprarles con ello el voto cuando no quieren o no les sirve trabajar, pagándoles igual el subsidio o haciendo la vista gorda para cobrar en negro. Si este Estado barril sin fondo necesita más recursos, hoy no tiene otra solución que endeudarse para gastar más, o de sacarle a uno para darle al otro, porque la palabra "ahorro" no está en el diccionario de nuestra izquierda gobernante.
En síntesis, si el gobierno de izquierda quiere seguir gastando, lo hará, como lo ha hecho hasta ahora. Refinanciará los pagos de la deuda a más plazo y más interés, y con eso generará artificialmente los recursos, como si estos fueran ganancias genuinas, que están muy lejos de serlo. El fuerte aumento de la recaudación, lo absorberán los contribuyentes porque la tendencia es siempre la de la igualdad social, pero hacia abajo, que es mucho más fácil y rápido que igualar hacia arriba. Siempre estamos en lo mismo.
Que el ministro Olesker, a quien se le reconocen condiciones de economista, ante este "descubrimiento" de un excedente presupuestal que él sabe que no es tal, ya haya tirado un tarascón para el Mides de cien millones, no lo condena a una ínsula asnaria. Es que todavía no se inventaron las ínsulas de los ligeros.