La hora del sálvese quien pueda

Diversas noticias políticas de los últimos días conducen a una misma conclusión: la manera como el partido de gobierno expone cada vez más impúdicamente sus diferencias internas es el reflejo preciso de su nerviosismo por la desaprobación popular.

Entrevistado en Desayunos informales de canal 12, el secretario de presidencia Alejandro Sánchez admitió que, para destrabar el nefasto conflicto portuario, “si se tiene que recurrir a la herramienta de la esencialidad, el Poder Ejecutivo va a recurrir a ella”. Cuando la periodista Paula Scorza le recordó que apelar a ese recurso sería, para el ministro de Trabajo Juan Castillo, “uno de sus límites para permanecer en el cargo”, Sánchez fue claro y contundente: “Si ese es el límite de Juan y si hay que declararla, renunciará. Es un tema de Juan, no es un tema del gobierno. El gobierno está dispuesto a hacerlo”.

No hace falta insistir en la necesidad imperiosa de terminar con ese conflicto que dinamita la economía nacional, sobre lo que hemos escrito abundantemente en esta página. Lo insólito es el nivel de discusión entre los protagonistas del gobierno.

Después de la explícita amenaza de Sánchez, el presidente del FA Fernando Pereira salió a aclarar que la esencialidad no estaba sobre la mesa, pero el prosecretario Jorge Díaz replicó que sí lo estaba. En un tema tan importante para el país, los disensos internos de primeras figuras del gobierno revelan un despiste de proporciones sorprendentes. ¿Se reúnen para ponerse de acuerdo en lo que van a declarar a la prensa? Parecería que ni siquiera lo hacen para gobernar.

Otra noticia de similar disonancia: en la discusión por la rendición de cuentas, la oposición cuestionó un curioso artículo 122, que fijaba que un beneficio extraordinario que recibía un cargo, podía continuar al asumirse otro diferente. El artículo fue propuesto para favorecer a Fabiana Goyeneche, dirigente del sector frenteamplista Casagrande, ahora en un pase en comisión al ministerio de Relaciones Exteriores, que le hacía perder una compensación monetaria por “compromiso de gestión”. Llegado el momento de la votación del artículo, ocurrió algo inesperado: en un caso que creemos no tiene antecedentes en la vida parlamentaria, no solo no fue votado por la oposición, ¡tampoco lo respaldó el oficialismo! Por la afirmativa: cero. Lo incluyeron en el proyecto pero no lo votaron. Nadie se hace cargo de haberlo incorporado y menos aún de las razones que los impulsaron a hacerlo. Todo queda justificado porque “se abrió un expediente”. Pero lo que está claro es que, si la oposición no hubiese reaccionado, lo aprobaban. Otra vez eso del “si pasaba, pasaba”.

Estos gazapos suelen atribuirse por parte del oficialismo a “problemas de comunicación”. Veamos lo nuevo a ese respecto. El colega El Observador develó esta semana la existencia de un asesor “de bajo perfil”, que según titula la periodista Federica Bordaberry, “moldea la comunicación del presidente Orsi”. Dice que “es el asesor de comunicación más influyente del gobierno y, a la vez, el más desconocido”. Según la nota, “no es un consultor más de Yamandú Orsi. Es uno de los que figura en la mesa chica del presidente”.

Por supuesto que la noticia no pasó desapercibida en redes sociales, donde este hombre joven, de bajo perfil, fue literalmente linchado, no solo por trolls ignotos sino incluso por algún periodista del Frente Amplio con nombre y apellido. Uno tuiteó “llevó a la ruina a M24 y luego quiso vender la cadena de radios a la ultraderecha argentina en nombre del MPP. Ahora se entienden mejor las torpezas de Orsi”. Otro dijo “estamos muy mal, durmiendo con el enemigo”.

La verdad es que acusar a una persona, por más mesa chica que integre, de los errores comunicacionales de este gobierno, es un poco mucho, ¿no?

¿Acaso este muchacho le pudo haber dictado al presidente la célebre frase de los descuentos a los que se tira de cabeza? ¡Por favor! No busquen chivos expiatorios ni arrojen gente a los leones para justificar sus falencias de gestión política.

A esta altura, el FA tendría que optar por una introspección: ponerse de acuerdo en qué ideología profesa y qué rumbo quiere dar al país en los próximos tres años.

Mientras sigan criticándose entre ellos, no votando ni argumentando a favor de sus propias medidas e inventando cabezas de turco que paguen los platos rotos, la opinión pública seguirá evaluándolos con el rigor creciente que viene demostrando en cada encuesta.

Las excusas se agotan, pero el malestar de la ciudadanía siempre se renueva.

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