La historia militante

El debate público en nuestro país suele ser de mala calidad, especialmente cuando se tratan temas de fondo que desbordan nuestra cotidianeidad. El debate sobre nuestra historia reciente es un claro ejemplo. Se repiten argucias que se transforman en lugares comunes para buena parte de la ciudadanía, se omite información relevante y, en definitiva se bastarde la historia que deja de ser una ciencia social para transformarse en panfletos de ferias.

Existen varios ejemplos en los últimos meses, pero a efectos se concentrarnos en un caso claro y documentado tomemos las argucias que sin despeinarse desarrollo la “historiadora experta en la derecha” Magdalena Broquetas en una entrevista reciente en un canal de streaming.

Luego de las aclaraciones del caso sobre que la historia no puede ser historia sectorial o de que “no es correcto el uso político de la historia” se vuelca de lleno a hacer un uso político brutal de la historia. Algunas de sus argucias son indignantes, otras simplemente despiertan la hilaridad.

Para Broquetas “los años noventa fueron muy duros” porque se aplicó un modelo neoliberal. En esos años duros, sin ir más lejos durante 1990 y 1995 durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera la pobreza bajó a la mitad, de 12% a 6% según estimaciones de la CEPAL y del 30% al 15% según el Instituto Nacional de Estadísitica. El país creció, el salario y las jubilaciones reales también, bajó la mortalidad infantil, mejoraron sustancialmente los indicadores sociales entre otros aspectos que la “historiadora” omite para dar su veredicto de que fueron “años duros”. No se estaría notando demasiado que no simpatiza con el uso político de la historia.

Atribuye la crisis del modelo de sustitución de importaciones de mediados del siglo pasado a la falta de divisas, cuando lo que en verdad ocurrió fue un estancamiento general de la economía del que no nos salvaba ninguna cantidad de divisas. Lo que fracasó fue el modelo proteccionista y estatista, como hoy admite toda la académica económica seria, algo que notablemente la historiadora desconoce. Para disgustarle el uso político de la historia un gol en contra.

Para Broquetas “el liberalismo conservador que es una cultura política de larga data … que es profundamente autoritario que siempre ha estado vinculado en la historia uruguaya y en otras partes del mundo a momentos de dictaduras y de golpes” Aquí la muestra de ignorancia es directamente supina. El liberalismo conservador de Burke, Tocqueville, François Guizot, Lord Acton, José Ortega y Gasset, Alexander Hamilton, John Adams, James Madison, Raymond Aron y Wilhelm Röpke, entre muchos otros enormes pensadores de la historia es para la ilustre historiadora compatriota una ideología totalitaria. Esta sola afirmación bastaría para desacreditarla ante cualquier auditorio medianamente informado y, que duda cabe, es un uso político de la historia directamente inaceptable.

Pero, pese a todo el engrudo anterior, viene lo peor. Para la historiadora de marras la única resistencia a la dictadura la hicieron personas de izquierda, el resto de los uruguayos fue cómplice de la dictadura. “Entre el 73 y el 80 las acciones de resistencia vinieron por la izquierda clandestina” y los partidos tradicionales “resistencia como tal hasta después del 80 no hicieron”. Por si quedaran dudas del “sesgo” ante la pregunta del periodista respecto a si hubo personas de izquierda que apoyaron el golpe, responde sin inmutarse que “no”.

El espacio no alcanza para recordar el secuestro encapuchado de Lacalle Herrera y otros tantos por su oposición al golpe, la resistencia del wilsonismo y del batllismo, entre otros episodios documentados. También sobra evidencia sobre los apoyos entusiastas a los comunicados 4 y 7 de buena parte de la izquierda que defendía la posición de que la cuestión no era entre civiles y militares sino entre pueblo y oligarquía.

Para Broquetas los medios de comunicación “lo que se publicaba estaba guionado” y “los medios que salieron entre el 73 y el 80 fueron apoyos entusiastas”. La historiadora omite, nuevamente, censuras y secuestros como los de Ramón Díaz, director de Búsqueda, que le espetó a la dictadura en su momento más oscuro: “Prefiero morir habiendo hablado a mi manera, que hablar a la vuestra y vivir… La dificultad no está en evitar la muerte, sino en evitar la indignidad.”

Sobre el final de la entrevista Broquetas afirma “voy a salir de acá y me van a sacar el título” y el periodista apunta “puede ser”. No deberían quitárselo, debería devolverlo.

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