La Historia en un águila

Fue el tema de la semana: la decisión de fundir y convertir el águila que estuvo en el Graf Spee en una escultura que representara una paloma de la paz.

Una oleada de reacciones cercanas a la unanimidad se opuso al planteo del presidente de la República en acuerdo con el escultor Pablo Atchugarry, al punto que dos días después, Lacalle Pou retiró la propuesta.

El águila fue rescatada del fondo del Río de la Plata, donde yace el acorazado de bolsillo hundido por su propio capitán. Impresiona verla, por su tamaño y por lo visible y ofensivo que resulta la svástica grabada en su parte inferior: un recordatorio de lo peor del siglo XX, el nazismo, con su concepción totalitaria, su ansia de poder y conquista sobre Europa, su persecución a los judíos a quienes quiso aplicar una cínica y cruel “solución final”.

La batalla del Río de la Plata fue de los primeros combates navales, frente a Punta del Este, cuando la guerra recién empezaba en 1939. El Graf Spee era una amenaza para la armada británica y la marina mercante. En ese temprano arranque, Gran Bretaña resistía aún sola el embate del nazismo.

Los uruguayos vieron de cerca esa batalla en que el Graf Spee, acosado por tres pequeños barcos británicos, sufrió serias averías y debió refugiarse en el puerto de Montevideo.

El gobierno hizo cumplir a rajatabla la neutralidad. El Graf Spee solo podía estar un tiempo determinado y luego debía irse. Ese plazo no alcanzaba para arreglar los daños sufridos. Su capitán sacó la nave del puer- to, evacuó a toda la tripulación y la voló. Miles de personas se acercaron a la costa montevideana para ver ese dantesco espectáculo.

En un único lugar, todo ese material, de una y otra parte, ofrecería una valiosa muestra de una batalla histórica que se combatió en nuestras costas y que terminó involucrando la neutralidad de nuestro país al más alto nivel.

El águila rescatada es una parte de lo que fue el Graf Spee y la imagen de la svástica con todo lo que significa, genera repulsión. Sin embargo, es un objeto histórico que recuerda un momento clave de la guerra y como tal debe ser conservado, de la misma manera que se conservan bienes sin valor artístico pero que dan cuenta de hechos relevantes.

Pese a todo su horror, a nadie se le ocurrió barrer los campos de concentración en Alemania y Polonia. Hoy se los visita para ver como se llevó a cabo la despiadada “solución final”, dirigida a exterminar a los judíos.

Transformar el águila en otra cosa (y dado el reconocido talento de Atchugarry, hubiera hecho una hermosa pieza artística) es negar una realidad que existió y sacudió al mundo. “Cancelando” la svástica, aún con la mejor de las intenciones, no borra lo que fue el nazismo.

¿Qué hacer con el águila? La pieza estuvo en disputa entre quienes la sacaron del fondo del río y el Estado, hasta que la Justicia falló que era propiedad del Estado uruguayo y en caso de venderse, un 50 por ciento debía ir a los hermanos Etchegaray que fueron quienes la rescataron.

En las redes sociales surgen ideas. Una es la de enviarla al país vencedor, el Reino Unido, para que la exponga en uno de sus museos sobre la guerra.

Otros creen que habría que conservarla para exhibirla en un único museo temático acá en Uruguay (hay uno en Sarandí del Yi), que reúna todo el material posible sobre una batalla que enfrentó a dos países lejanos, pero ocurrió frente a la vista de los uruguayos.

Uruguay puede aportar material. En el puerto está el telémetro del Graf Spee. Pero también debería exponer fotos tomadas por los medios de la época, documentos que muestren la frenética actividad de la cancillería haciendo valer el principio de neutralidad, frente a la presión del embajador alemán y del británico, el legendario Sir Eugen Millington Drake. Esas mismas embajadas podrían acercar material vinculado a la batalla.

Así, en un único lugar, todo ese material, de una y otra parte, ofrecería una valiosa muestra de una batalla histórica que se combatió aquí y que terminó involucrando a nuestro país.

Entre lo que se exhiba, estaría el águila. Su presencia no implicará una apología del régimen nazi, sino una muestra de que esto ocurrió y fue real.

Sería una solución interesante aunque no termina de resolver un tema pendiente: el reclamo de quienes lo rescataron, que implica recibir la mitad del precio de venta.

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