Maquiavelo decía en sus consejos al "Príncipe" que "es de gran importancia disfrazar las propias inclinaciones y desempeñar bien el papel del hipócrita". Viendo la política uruguaya de hoy, está claro que esa máxima se mantiene tan vigente como siempre. Que la hipocresía, cuando se trata de la actividad política, es una cualidad, sobre todo si se la compara con otros defectos que suelen ser, sino tan habituales en los dirigentes políticos, seguramente más dañinos para la sociedad en la que actúan.
La reflexión surge a raíz de lo sucedido esta semana con la inauguración del nuevo Aeropuerto de Carrasco, obra que el país venía reclamando desde hace décadas, y que permitirá que todos nos sintamos orgullosos de la primera impresión que se lleven los visitantes al llegar a Uruguay.
Tanto como la obra en sí, la ceremonia de inauguración nos dio otro motivo para sentirnos satisfechos. El gesto del presidente Vázquez de convocar a su predecesor en el cargo, Jorge Batlle, para cortar juntos la cinta que daba por abierto el nuevo aeropuerto, fue algo tan poco usual como meritorio. Un acto que habla bien de nuestro sistema político, y que fue ampliamente resaltado por los presentes, sobre todo por los extranjeros que tienen inversiones en el país.
Es que esa muestra de madurez, seriedad, y estabilidad política, es un activo invaluable en el atribulado mundo de hoy.
Pero mientras uno escuchaba el engolado discurso del ministro Rossi alabando las cualidades de la nueva obra, no se podía menos que rememorar el origen de la misma. Un origen complejo y conflictivo, cuando en el ambiente de crisis y desesperación del año 2003, el Dr. Batlle procedió a subastarla al grupo inversor que la construyó.
En aquel momento, el Frente Amplio atacó duramente tal decisión, y en sintonía con lo que había sido su prédica histórica en contra de las privatizaciones y asociaciones del Estado con los privados, buscó obstaculizar el proceso todo lo que pudo, agravió a los inversores, y hasta amenazó con acciones legales para frenar el proceso.
El actual Presidente criticó con fiereza la concesión, como ya lo había hecho con otros temas similares como la ley de Reforma Portuaria, la instalación de Botnia, o hasta la concesión de Maroñas. Pero no fue el único. "Lo ocurrido con el Aeropuerto constituye una `vergüenza nacional`, pues se lo entregó a una mafia internacional…", afirmaba el senador Fernández Huidobro. "Dentro de unos meses veremos la consecuencia de esta concesión. Después no digan que no les avisamos", fue la frase que por entonces pronunció el diputado León Lev.
Qué difícil reconocer a aquel aguerrido ex dirigente comunista en el jerarca de hoy, que la otra noche en Carrasco regalaba sonrisas mientras degustaba canastitos de pollo al limón, cestas de caviar con aceitunas negras molidas, y exquisiteces similares, todo por cuenta del poderoso grupo empresario Eurnekian.
Cuando uno mira las encuestas de opinión, y escucha a los analistas políticos comentando estos hechos, no puede menos que asumir entonces que la hipocresía es positiva. Que la gente está dispuesta a premiar a quienes primero dicen una cosa para llegar al poder, con tal de que después allí hagan lo que es correcto, aunque sea totalmente opuesto a su discurso previo.
Ahora bien, sumidos en una campaña electoral donde el candidato favorito, José Mujica, ha hecho carrera autoproclamandose el paladín de la honestidad y de lo auténtico, ¿se puede esperar que tenga una actitud similar? ¿Que una vez que llegue al gobierno haga todo exactamente al revés de lo que venía sosteniendo? Y en este caso, el cambio ¿será para bien como en el caso de Vázquez, Rossi, Lev y compañía? ¿O será que la hipocresía puede jugar al revés, y que el aggiornado personaje que hoy gasta trajes de Muto y se abraza con los dirigentes de la Bolsa de Valores se lance a impulsar una agenda de gobierno al estilo "kun sang"?
Esa es la riesgosa apuesta, en la que dentro de pocos días los votantes tendrán la última palabra.
Por ello es bueno recordar otra frase del mismo Maquiavelo, que parece tener seguidores tan fieles entre la dirigencia frenteamplista: "el gobernante no tiene porqué mantenerse fiel a su palabra, cuando han desaparecido las razones que motivaron su promesa".