La hemiplejia moral de Pereira

La oposición política en nuestro país, liderada por la entente Frente Amplio - Pit-Cnt viene decayendo progresivamente en la calidad de sus argumentos y de su propio accionar. Ya no son cada vez más agresivos y grotescos, sino que sus contradicciones invalidan incluso las críticas que pueden ser por causas justas, lo que se hace muy evidente para cualquiera que analice la realidad con cierta atención y un poco de honestidad intelectual.

Un caso muy reciente puede dar cuenta del aserto. Resulta que hace pocos días se dieron a conocer conversaciones por WhatsApp del año 2018 entre la diputada tupamara Susana Pereyra -en ese entonces esposa del Ministro del Interior Eduardo Bonomi- y jerarcas de la Policía Nacional en que pedía el traslado de presos de determinados centros de reclusión a otros más amigables. En algunos de estos casos se trataría de integrantes de la barra brava de Peñarol con antecedentes penales a los que Pereyra estaría defendiendo. Los pedidos, en algunos de estos casos al menos, habrían sido respondidos de forma favorable, lo cual tiene sentido ya que no debía ser fácil para un policía denegar una solicitud de la esposa de su jerarca por más reñida con la legalidad, la ética y los procedimientos establecidos que estuviera.

El presidente del Frente Amplio Fernando Pereira salió en defensa de Susana Pereyra con la argucia de que no veía ninguna irregularidad, de que era un tipo de solicitud normal y de que las personas por las que pedía eran ejemplares ciudadanos. Dejando de lado de que todo lo dicho por el primero sobre la acción de la segunda es falso y muestra un grado de desprecio por la inteligencia de los ciudadanos propia de la actitud cínica y deleznable que ha asumido desde que fue invadido por los venenos de la mesa política frentista el otrora amable dirigente sindical, lo que tenemos es, además una contradicción flagrante.

Como se recordó en un programa de televisión recientemente, los mismos que hoy salen a afirmar que las acciones de Pereyra son normales y no entrañan ningún acto condenable, por el contrario, serían perfectamente normales, hace poco tiempo pidieron la renuncia del entonces Ministro de Turismo Germán Cardoso por una actitud mucho menos comprometedora. En efecto, Cardoso había simplemente denunciado a un policía hechos de apariencia delictiva para que se investigaran y se tomaran cartas en el asunto, sin obtener ni pedir ningún tipo de beneficio personal y el Frente Amplio, con la actitud iracunda que lo viene caracterizando desde que lo tomó el nerviosismo de haber perdido el poder, pidió la cabeza del político fernandino.

Estaba claro ya en el año 2021 que el pedido de la coalición de izquierdas era un completo absurdo, pero ahora, a la luz de la defensa de la legisladora tupamara que pedía beneficios para delincuentes comunes queda en evidencia lo que Ortega y Gasset llamaba con elegancia hemiplejia moral y que, con menos gracia que el maestro español podemos llamar tener poca o ninguna vergüenza. No hay forma de que Fernando Pereira pueda justificar que en un caso se pida la renuncia del acusado y en otro se entienda que está todo bien salvo que se caiga en la enorme inequidad de pensar que los ajenos son malos en todos los casos y los propios son buenos aunque comentan las mayores canalladas.

Es de tal tenor la hipocresía en que se cae que la ya devaluada credibilidad de Fernando Pereira acaba de desaparecer luego de esta salida en falso. No se puede justificar de ninguna forma las malas acciones de los compañeros y pretender incinerar a otros por acciones que no conllevaban ninguna ilegalidad ni inmoralidad. Este tipo de doble discurso socava la confianza en los partidos políticos, ya que si son sus máximos representantes quienes mienten a cara descubierta con tanto desparpajo ya no quedan reparos morales a los que atenerse.

Estamos en la antesala de una campaña electoral que todo hace presumir que será muy reñida, como es habitual en nuestro país. Que no pueda existir un mínimo de terreno común sobre que consideramos normal y que reprobable complejiza enormemente un escenario ya signado por la crispación y el encono. Es responsabilidad principal de los líderes políticos poder transcurrir esta etapa que está por comenzar en nuestro largo ciclo electoral con la mayor tranquilidad y normalidad posible. Si la hipocresía de Fernando Pereira va a ser la norma nos espera una campaña muy sucia y poco uruguaya.

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