La demagogia y los votos

La demagogia es mucho peor que la mentira. Porque es una mentira, mentirosa”. Esas palabras no son de ningún filósofo o politólogo famoso, sino de Tim Maia, uno de los músicos más importantes y populares de la historia de Brasil. Y vienen a cuento para analizar dos noticias que hemos tenido esta semana, y que dejan en evidencia el nivel superior de demagogia y doble discurso que manejan, tanto los máximos dirigentes del Frente Amplio, como la cúpula sindical del país.

El martes, se anunciaron los números oficiales de la empresa telefónica Antel del año 2022, que cerró con un “resultado extraordinario”, con una ganancia neta de 246 millones de dólares. La explicación del carácter extraordinario de esta ganancia la dio el presidente del ente público, Gabriel Gurméndez, quien afirmó que “es un resultado extraordinario en el sentido de que junto con el de 2021 son los mejores resultados de la historia”, y se da en “un año en que Antel había decidido no realizar ningún tipo de aumentos de tarifas y en el contexto del mayor marco de competencia” con el primer año pleno de aplicación de la portabilidad numérica.

Como dato, en el último año de gestión del Frente Amplio, Antel había tenido ganancias de 149 millones de dólares. Esto es relevante porque desde que asumió este gobierno, el eje compuesto por la cúpula gremial de Antel, y la dirigencia del Frente Amplio vienen denunciando una intención aviesa de esta administración por liquidar a la telefónica estatal. Y un punto particularmente álgido de este discurso se vivió cuando el referéndum sobre la Ley de Urgente Consideración, que incluía el derecho de los usuarios de líneas telefónicas móviles a cambiarse de empresa manteniendo su número. Hasta el cansancio hubo que escuchar a Fernando Pereira, a Mario Bergara, a Carolina Cosse y al capo de Sutel, Gabriel Molina, denunciando que era una operación destinada a desfinanciar a Antel, y preparar su funeral. Seguramente para poder privatizarla a precio vil a algún capitalista neoliberal, amigo del gobierno.

Los datos muestran que estaban mintiendo, o son muy malos haciendo números y balances. O ambas cosas a la vez, cosa consistente con su cálculos cuando planificaron el Antel Arena.

Los balances de Ancap y Antel conocidos esta semana, con ganancias récord para las empresas estatales, dejan en evidencia la demagogia o incapacidad de dirigentes sindicales y del Frente Amplio, cuando se debatió el referéndum sobre la Ley de Urgencia.

Apenas 24 horas después, se conocieron los números oficiales de Ancap. La empresa estatal cerró el 2022 con ganancias de US$ 163 millones, a pesar de haber resignado ingresos por US$ 236 millones, por ventas a precios por debajo de la paridad de importación. Esto es particularmente interesante, ya que en la previa del referéndum sobre la LUC hubo que escuchar una letanía de mentiras y falsedades de boca de gente como Fernando Pereira, Mario Bergara, Carolina Cosse, y el capo de Fancap, Gerardo Rodríguez, denunciando que la nueva paramétrica que incluía la LUC para fijar el precio de los combustibles, y las reformas al sistema de funcionamiento de Ancap, eran todas maniobras para fundir a la empresa, y poder privatizarla.

Alcanza buscar en Google para ver la catástrofe que se denunciaba que azotaría a la empresa si se mantenía la LUC, además de que se la culpaba del aumento de combustibles que por entonces afectaba al país, en buena medida, por culpa de la guerra en Ucrania.

De nuevo, los datos dejan bien claro que era todo mentira. O que como en el caso de Antel, esta gente es muy mala a la hora de hacer cálculos matemáticos y empresariales, algo que condice con el manejo siniestro que hicieron los gobiernos del Frente Amplio con Ancap, a la cual casi funden, al punto que los contribuyentes debieron capitalizarla en más de 800 millones de dólares para que pudiera sobrevivir.

Un detalle importante. Pese al buen resultado del año pasado, Ancap debió asumir 25 millones de dólares de pérdida, culpa de las unidades de portland y cal, que siguen siendo una sangría para la empresa, y sus dueños. Los uruguayos en general. Y cuya fundamental reforma, sigue siendo resistida por esta misma gente, que tan poca idea tiene de cómo manejar un negocio.

El gran tema, a todo esto, es descifrar cómo gente que se presenta como tan capaz, formada y bien intencionada, puede cometer errores tan tremendos de cálculo. Y no solo anticipar tragedias que nunca ocurren, sino acusar livianamente a quien sí hace las cosas bien, de querer perjudicar al país. Solo hay dos posibilidades. O son directamente burros, y su formación o capacidad intelectual no permite otra cosa. O son unos demagogos, capaces de mentir sin pudor, con tal de ganar una ventajita política menor. Usted, amable lector, decida qué es peor.

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