La culpa es nuestra

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Es insólito que el mayor número de choques registrados en estos meses en Montevideo hayan ocurrido en esquinas que cuentan con semáforos. Es decir, en lugares donde existen los correspondientes recaudos como para que estos accidentes no ocurran.

Eso habla mucho, y no precisamente bien, de como se comporta el tránsito en Montevideo.

El lugar donde se registraron más accidentes en estos tres meses, según un interesante informe publicado por este diario el domingo pasado, es en el cruce de Garibaldi con José L. Terra. El segundo lugar con más accidentes es en Bulevar Batlle y Ordóñez (ex Propios) y José Pedro Varela.

Lo que sorprende de ese “ranking” es que en ambos cruces funcionan semáforos. La pregunta obvia es cómo es posible que lugares donde la señalización garantiza seguridad, sean los primeros en número de accidentes.

Muchas veces las crónicas periodísticas informan sobre choques, dan cuenta de su gravedad, de los heridos y quizás muertos, despliegan imágenes de los autos y motocicletas impactadas, pero no narran qué hizo cada conductor para que el accidente ocurriera, por dónde venían manejando, si habían sobrepasado la raya amarilla o cruzado con luz roja, creyendo que el tiempo se los permitía.

Saber porqué pasó un accidente, y no tan solo el dato qué sucedió, tendría un efecto de alerta para quien mira el noticiero o lee la crónica y llevaría a entender que los accidentes no siempre ocurren por mera fatalidad, sino porque alguien hizo algo que no debió hacer.

En el caso del cruce de Garibaldi y Terra, el semáforo lleva años de instalado. Terra es una calle que va en una única dirección y el semáforo habilita al tránsito a entrar a Garibaldi o cruzarla para luego desembocar en la avenida General Flores.

Es verdad, como bien señala el informe, que Garibaldi fue pavimentado a nuevo hace poco tiempo. Durante muchos años, dicha avenida estuvo en muy mal estado y siempre, en algún lugar, había un corte por obras. Hace un par de años se hizo un trabajo a fondo respecto a los desagües y el saneamiento para que finalmente, una vez terminado, se colocara una capa de bitumen en el tramo que va de Bulevar Artigas hasta avenida San Martín. Eso hace que el tránsito fluya con comodidad, pero no se trata de una avenida que permita levantar excesiva velocidad. Hay varios semáforos a lo largo de su recorrido y es demasiado angosta como para hacerse el loco.

Los últimos datos sobre accidentes de tránsito aclaran una serie de aspectos que deberían ser tomados en cuenta por los conductores más que por las autoridades.

Como bien dice el informe, los accidentes registrados ocurren en distintos momentos del día. No se puede aducir que de noche hay menos tránsito y eso invita a andar más rápido, o que temprano de mañana hay un movimiento más denso. Los accidentes ocurren de mañana, de tarde y de noche.

Lo mismo sucede en el segundo lugar señalado con más choques. Es realmente asombroso que el cruce de Bulevar Batlle y Ordoñez y José Pedro Varela, se lleve ese galardón. Es un cruce de notoria visibilidad. Más allá de los semáforos, se trata de dos enormes avenidas, anchas, con cantero central, donde la señalización no permite giros a la izquierda, sin edificación alta a su alrededor, lo que ofrece aún mayor visibilidad. Cualquiera sabe, al acercarse a ese punto, que debe estar alerta y pronto para disminuir la velocidad y a veces frenar con tiempo y anticipación. Cualquier otra cosa sería una imprudencia capaz de causar accidentes. Que es lo que, al parecer, está ocurriendo con demasiada frecuencia.

El informe da cuenta de una minuciosa clasificación de puntos donde los accidentes son más frecuentes y menciona, aunque al pasar, que tal vez podría haber problemas de iluminación.

Es verdad que Montevideo es oscura. No porque haya partes donde no hay iluminación pública, sino porque ésta no da suficiente luz. Se usan focos con menos potencia de la necesaria. Para colmo, si los postes son muy altos, quedan tapados por el follaje del arbolado. Este es un serio problema, pero por si solo no explica la seguidilla de accidentes en puntos donde no deberían estar ocurriendo.

Se podrían señalar otras causas, donde quizás la responsabilidad recaiga en omisiones de las autoridades, en el crecimiento del parque automotor, o en el inesperado desorden que causan las motos que van pasando de un lado a otro de la calzada en forma imprevista. Pero en definitiva, la responsabilidad última recae en los que manejan. Son ellos quienes deben cuidarse, cuidar a los demás, evitar imprudencias, respetar las señales.

No siempre se trata de señalar a otros, sino de reconocer que ciertas responsabilidades son puramente nuestras.

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