La culpa ajena

Montevideo está sucia. Pese a las sucesivas administraciones comunales, pese a las promesas de proyectos de impacto, pese a los planes directores, pese a los exuberantes salarios de los funcionarios, a los convenios con ONG. La realidad es que el estado higiénico de la capital, y uno de los principales centros turísticos del país, sigue siendo lamentable. Y lo más alarmante es que no se ve por dónde va a llegar una solución, al menos a corto plazo.

Esta semana el director de la División Limpieza de la IM, Andrés Martirena, concurrió a la Junta Departamental a explicar la situación actual. Y sus palabras ratificaron en buena medida la falta de rumbo que muestra la comuna en este tema clave. A la hora de hacer un balance de su primer año de gestión señaló que encontró muchos problemas, entre los cuales destacó la "falta de apropiación de un Plan Director existente, escasa cultura de trabajo en equipo, falta de espacio para la planificación, escasa cultura de calidad, problemas de eficacia y eficiencia, escasez de recursos, debilidades en el mantenimiento y gestión de flota, problemas de infraestructura edilicia, sistema de contenedores debilitado". O sea, un desastre total.

Lo curioso, es que, lejos de la diplomacia habitual entre este tipo de jerarcas, Martirena no tuvo problemas para culpar de sus males actuales, a la "herencia" de la administración anterior. Curioso, además, porque fue una administración de su propio partido.

Pero la visita de Martirena a la Junta llega a continuación de la comparecencia que semanas atrás hiciera su jerarca inmediato, el director de Desarrollo Ambiental, Juan Canessa, quien también contó cosas interesantes. La primera es que ese Plan Director, que al parecer no fue bien "apropiado" por la comuna, costó a los contribuyentes la friolera de 2,5 millones de dólares. Es difícil interpretar lo que el director quiere decir con el término "apropiar", pero si costó esa cantidad, lo menos que puede hacer la intendencia es apropiarlo con el mayor de los cariños.

Canessa se despachó también contra los hurgadores que recorren la ciudad, y sostuvo que su actividad "lo único que genera en la ciudad es mugre". Algo que choca frontalmente con lo que ha sido el discurso de los jerarcas del Ministerio de Desarrollo Social, que siempre repiten que estos trabajadores informales cumplen un rol casi imprescindible para la sociedad. Según Canessa hay en la actualidad unos 5.700 hurgadores, que pueden llegar a generar unos 13 mil pesos por día en su actividad, con lo cual es poco probable que quieran dejarla a corto plazo para integrarse al mercado formal de trabajo.

Un aspecto en el que ambos jerarcas estuvieron de acuerdo fue en criticar el vandalismo que sufren los contenedores de basura, y la falta de colaboración de la sociedad a la hora de mantener limpia la ciudad. Sobre lo primero vale decir que el sistema de contenedores parece estar seriamente en entredicho. Desde que se implementó se ha denunciado lo caro que resulta el arreglo y reemplazo de los mismos, las dificultades que causan en el tránsito, que suelen ser objeto de vandalismo, y hasta que son funcionales al tráfico de drogas. Y por lo visto no vienen generando demasiados resultados positivos. Todo lo cual nos lleva a pensar si no habría que replantearse su funcionamiento y buscar alguna alternativa más acorde.

Sobre lo segundo, es más de lo mismo. Si hay algo que ha caracterizado a la joven administración comunal de Ana Olivera es cargarle a otros la culpa de su ineficiencia. Si la ciudad está sucia es porque la gente no la cuida, o es porque hay una campaña política en contra suya, o es porque los funcionarios no acompañan, o es porque la administración de su correligionario Ricardo Ehrlich no hizo las cosas bien.

Alguien debería recordarle a Ana Olivera que ya lleva más de un año de gestión. Y que va siendo hora de que comience a mostrar señales de que su trabajo da algún resultado. La explicación permanente de la culpa ajena, a la gente, ya comienza a dejarle gusto a poco.

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