El proyecto es alentador. Lo plantea la Intendencia Municipal de Montevideo y consiste en promover la revitalización de la avenida 18 de Julio, esa vía pública desvalorizada por razones múltiples, desde la presencia desbordante del ambulantismo en sus veredas hasta el tránsito de los carros hurgadores, el adefesio de las marquesinas que abruman las fachadas y hasta la composición del público que actualmente circula por la zona. Los tiempos cambian, y con ello también se transforman los hábitos sociales y culturales, pero eso no quiere decir que la degradación de un punto céntrico como el mencionado deba considerarse irremediable. Para intentar la reanimación del alicaído centro montevideano, la gente de Espacios Públicos de la Intendencia anunció ese proyecto revitalizador del que podrían depender muchas cosas, para demostrar en el mejor de los casos que el deterioro no es irreversible.
Entre las cosas que se promoverán, con apoyo de los comerciantes de la zona, figura el traslado de los vendedores callejeros hacia las galerías que se encuentran actualmente vacías, que son unas cuantas. No hace falta razonar mucho para comprender que el gradual abandono de esas galerías y su estado semidesértico actual, deriva precisamente del empobrecimiento del entorno, un cuadro en que el ambulantismo tiene algo que ver y que refleja la vieja historia de la gallina de los huevos de oro. Habrá que ver bajo qué régimen se logra instalar la venta callejera en los locales y espacios disponibles de las galerías, pero desde ya parece importante planificarlo e intentarlo. De la misma manera, ya que es la propia Intendencia la que destaca el interés turístico de la zona, habría que pensar sin perder más tiempo qué solución puede -y debe- haber para que el acalambrante desfile de carros hurgadores se borre del mapa céntrico, por lo menos. El aspecto e irregularidades múltiples de esos vehículos compromete gravemente la imagen de la ciudad, sobre todo en un punto altamente poblado de hoteles (y por lo tanto de circulación turística) como es el Centro.
Pero el proyecto comunal también contempla, siempre en coordinación con los comerciantes locales, una nueva normativa en materia de cartelería y marquesinas, dato que se vincula directamente con otro de los rubros del plan, la mejora de las fachadas de los edificios con valor patrimonial que existen sobre 18 de Julio y las calles cercanas. Será difícil recuperar esas fachadas si no se procede con cierta severidad ante el bosque de marquesinas que en muchos casos arruinan esos frentes, por no hablar de la saturación visual que producen y de la manera en que se anulan unos a otros por su aglomeración de volúmenes y materiales. Si se echa una ojeada a las avenidas más calificadas de las grandes ciudades, podrá verse que la existencia de marquesinas es discreta y está regulada por exigentes disposiciones en materia de tamaño y calidad. Pero en el centro montevideano hace décadas que el desplante de esos aleros comerciales escapó a todo sentido de la proporción, toda mesura y todo manejo de las armonías estructurales, configurando un ejemplo de contaminación visual a tener en cuenta. Por lo visto, la Intendencia incluyó el caso en su proyecto, lo cual no quiere decir que sea viable su solución de futuro.
Se busca obtener así "un centro comercial de primera línea", meta que no parece sencilla de lograr ni cercana en el tiempo cuando se toman en cuenta los elementos señalados. Porque entre las condiciones que deben lograrse para mantener una zona comercial de primera línea, debería figurar la seguridad pública, un aspecto que como se sabe está lejos de alcanzarse en esta época en que el Centro es una de las áreas donde prosperan los arrebatos, hurtos y demás asaltos que a su vez ponen en peligro la categoría turística, incluyendo la presencia de mendigos y niños de la calle durmiendo en las veredas y portales, nada lejos de la famosa avenida. Ya se ha postergado largamente todo intento de revitalización del Centro, y hasta los retoques efectuados sobre 18 de Julio (recorte de veredas, nuevas columnas de alumbrado) resultan sumamente discutibles en su estilo y sus soluciones. Pero ahora conviene ser optimista y apostar a que se logren algunos de los puntos del nuevo proyecto. Habrá que esperar y ver.