LA reunión tuvo lugar a principios de noviembre en un país centroeuropeo. Estuvo rodeada del mayor secreto, porque se trataba de la cúpula militar de ETA, un comando donde conviven varias tendencias y en el que dominaron finalmente los moderados para optar por "una vía política", proponer en España una tregua y deponer por el momento el camino de la violencia. En toda apariencia, esa decisión fue tomada a pesar de la rigidez de los integrantes radicales del movimiento, que en noviembre insistieron para no abandonar la vía armada, de manera que —bajo el mayor sigilo— el grupo separatista vasco podría estar actualmente embarcado en una negociación con las autoridades españolas para acordar la eventualidad de esa tregua.
La ETA nació en 1958 organizada por estudiantes vascos y su prioridad fue la lucha contra el régimen de Francisco Franco, que no sólo ignoraba las autonomías regionales dentro de España sino que reprimió duramente toda manifestación cultural —y desde luego política— en el país vasco, incluido el empleo del idioma local. La violencia desplegada por el grupo comenzó a practicarse en 1968, con la periódica ejecución de miembros de las fuerzas armadas o de los cuadros franquistas. Ese período tuvo su culminación en 1973, cuando la ETA mató al almirante Carrero Blanco, que a esa altura estaba designado por Franco como su sucesor en el gobierno. Pero luego la violencia se mantuvo, incluso cuando España recuperó sus libertades y su sistema institucional, con lo cual se modificó la finalidad inicial del combate de los etarras, colocando en primer plano de su lucha armada la conquista de la autodeterminación para el país vasco.
HASTA el momento, la ETA carga en su foja con casi 900 muertos, ejecutados en una larga hilera de atentados que van desde el balazo a quemarropa hasta los coches-bomba que en ocasiones mataron a mucha gente totalmente ajena a la actividad militar o política. La actividad de la ETA mantuvo a España en tensión, con frecuentes períodos de alarma en torno a los mayores atentados. Durante años, vastos sectores de la opinión pública realizaron marchas callejeras para pedir a ETA el fin de la violencia, pero lo que ha determinado esta reciente decisión de ofrecer una tregua no fue esa oleada de protestas populares sino el gradual debilitamiento de la propia organización clandestina, que en los últimos años sufrió severísimos golpes de parte de la policía española y también de la francesa, que diezmaron sus cuadros dirigentes y redujeron visiblemente su capacidad operativa.
Mientras avanzan las posibles negociaciones, el grupo armado ha proseguido con atentados de "baja intensidad" —es decir, sin pérdida de vidas— dirigidos mayormente a presionar a empresarios vascos para que paguen el llamado "impuesto revolucionario", que es una extorsión cuidadosamente organizada para lograr aportes de dinero con los que ETA financia sus comandos y su infraestructura. Pero lo más delicado serán sin duda las condiciones que la organización planteará a las autoridades para mantener su tregua. Entre ellas figura una posible vuelta futura a la lucha armada si la negociación fracasa, pero también figuran los viejos objetivos políticos del grupo: la autodeterminación, la libertad de los presos y la "construcción nacional de Euskal Herria".
ESTA última meta consiste en alcanzar la independencia de una región que no abarca solamente el actual país vasco (Vizcaya, Guipúzcoa, Alava) sino además la vecina Navarra y el territorio vasco-francés, del otro lado de los Pirineos. Condiciones como las señaladas han frenado en el pasado otras negociaciones igualmente secretas que ETA mantuvo con gobernantes españoles, como Felipe González en 1989 y José María Aznar en 1998. Por el momento, aunque oficialmente no se admita, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero habría auspiciado esa vía de diálogo, contra la bravía oposición del Partido Popular, que el sábado 25 (junto con las asociaciones que reúnen a las víctimas de ETA) convocó a una marcha por el centro de Madrid a la que asistieron decenas de miles de personas, incluidas viejas víctimas del grupo vasco y familiares de gente asesinada por esa banda armada.
SI el gobierno lograra destrabar las pretensiones planteadas por ETA, la opción política a la que pasaría ese grupo de acción directa agregaría un ejemplo más a la serie de organizaciones cuyo programa de violencia dejó paso a una alternativa pacífica y una incorporación a la vida política, como ha ocurrido con el IRA en Irlanda, los Tupamaros en Uruguay o (más recientemente) el Ejército Zapatista en México. Los insurgentes vascos cerrarían así un ciclo de 37 años de actividad terrorista y pasarían a un nuevo período de convivencia democrática en el que todos —empezando por ellos— tendrán mucho que ganar.
Surgió un candidato
Según llegan las informaciones por las agencias, en la Argentina se llevó a cabo el XII Congreso Nacional del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, largo título para denominar a una entidad. Durante las sesiones llevadas a cabo, dicho Congreso llegó a la conclusión de presentar en el próximo año, un candidato en las elecciones presidenciales. Para estas elecciones el actual presidente Kirchner ha ido esquivando el momento de decir si se presentará o no a la reelección. Pero en caso que lo resuelva favorablemente, ya tiene candidato enfrente. Y no solo eligió candidato a Presidente el Congreso. No. Eligió la fórmula completa. Que la integran el señor Raúl Castells, líder de los piqueteros y su señora, Nina Pelozo, que asumió el liderazgo piquetero cuando el señor Castells estuvo preso. Por cierto que bien temprano han aparecido estos candidatos. Tendrán tiempo de conquistar adherentes o el desgaste será muy grande.