Las murgas compañeras del Carnaval montevideano atacan de nuevo. Casi por casualidad -a partir de un comentario de un oyente del programa “La pecera” de Ignacio Álvarez- tomó estado público el exabrupto contra Laura Raffo por parte de la murga Asaltantes con Patente, en la última función que brindaron en el Teatro de Verano.
Los detalles del asunto son de un nivel de patetismo que no tiene parangón.
Un murguista fuerza a otro a que califique a Laura Raffo como lo ha hecho en los tablados. Su interlocutor dice que no, “para que no lo echen de canal 12” (sic). Entonces el desafiante lo dice: “conchuda”, y explota una carcajada de la platea. La producción del programa radial acudió a la trasmisión de Tenfield y encontró el registro del hecho.
La dirigente nacionalista, más que habituada a esto de ser difamada por su filiación partidaria y su condición de mujer, dio declaraciones reivindicando el humor pero deplorando el improperio sexista. El insultador difundió rápidamente una nota de disculpas y -según se dijo- las expresó directamente a la dirigente injuriada, llamándola por teléfono.
En su nota, el murguista -quien además de tal es el libretista de la agrupación, que ganó el primer premio de este año- no ahorra en adjetivos peyorativos para referirse a sí mismo y su boutade: “estupidez”, “falta de oficio y talento”, “muy idiota”, “analfabetismo”. Incluso asume su ignorancia ante un hecho elemental: para él, el agravio proferido “no tenía una carga especialmente machista (…) pensé que era un insulto más, que sonaba fuerte y ridículo, hasta escolar (sic), pero no sabía que era agraviante para el género en su totalidad”. Sin embargo, termina su declaración haciendo una referencia burlona a un cuplé de la murga: “que siga el remate ambulante de descargas sobre mi persona, quién da más”. No era momento, la verdad, para darle a su mea culpa un giro victimista y menos aún irónico.
Generosamente, la dirigente nacionalista dio por terminado el tema con el pedido de disculpas e incluso rechazó la propuesta de un fiscal de judicializarlo, lo que podría haberse realizado perfectamente, apelando a los delitos de “violencia simbólica” y “violencia mediática” tipificados por la Ley 19.580 de Violencia hacia las Mujeres Basada en Género.
En tanto, en el charco barroso de las redes sociales las “descargas sobre la persona” del murguista no fueron todas negativas. Al contrario: decenas de cuentas anónimas se manifestaron a favor del exabrupto, y algunas no tan anónimas. Por ejemplo la del periodista de Tevé Ciudad Diego González, quien luego de admitir que fue “un horror y bastante ordinario”, lo matizó agregando que “hablando de insultos, ‘conchuda’ no me parece de los más potentes, en la misma línea ‘cotorruda’ es más pesado, la ‘rr’ es letal” (sic).
También Lilián Abracinskas aclara que no lo repudiará hasta tanto no escriba cartas similares el senador oficialista Sebastián Da Silva. Parece que para algunas feministas, los reclamos de género se omiten cuando la violencia machista viene por izquierda.
En realidad, el agravio a Laura Raffo es meramente anecdótico. Lo que importa aquí es que confirma la continuidad de un discurso intolerante y ofensivo que en las murgas compañeras viene de lejos y que a nivel de la oposición frenteamplista se ha convertido ya en una seña de identidad.
Apenas asumió el gobierno en 2020, la murga Metele que son pasteles publicó en Youtube un videoclip titulado “Vamos a la plaza”, donde llamaban literalmente a una revuelta popular, haciendo explícita referencia y elogio de los desórdenes que habían acaecido en Chile en octubre de 2019. En el Carnaval del año pasado, el mismo murguista que se excusó ahora de insultar a Raffo para que no lo echaran de un canal, le cantó al “soretito blanco de la calle” (sic). Otra agrupación se burló del fallecimiento de Jorge Larrañaga.
En el Carnaval reciente, profirieron acusaciones falsas y nada graciosas de corrupción del gobierno y hasta se metieron con los hijos del presidente. Todo esto bajo el auspicio y patrocinio de la Intendencia de Montevideo, que año tras año cede el Teatro de Verano en forma gratuita a los carnavaleros durante un mes y medio, y paga premios y sueldos de jurados con la plata de los contribuyentes.
Así se pronuncia la cultura frenteamplista.
No imaginamos qué dirían Carlos Quijano, Mario Benedetti e Idea Vilariño si vieran en qué se convirtió su proyecto político.