Inserción y desarrollo

Luego del estrepitoso fracaso del retiro espiritual convocado por el presidente Lula en Brasilia, las dificultades que persisten en el Mercosur y las trabas que aparecen en el acuerdo con la Unión Europea, parece necesario plantearse cómo debe seguir adelante nuestro país en su estrategia de apertura al mundo. Dado que nadie en su sano juicio duda que Uruguay debe ser un país más abierto y que el gobierno nacional ha mostrado su decisión de avanzar en esta agenda, vale la pena estudiar cuáles son los verdaderos caminos disponibles y cómo dar pasos concretos.

Con cierta ingenuidad algunos analistas pensaron que la cumbre convocada por Lula podía deparar alguna novedad positiva para la integración regional. Lo cierto es que la lavada de cara de la dictadura venezolana que pretendió realizar el presidente de Brasil empañó todo el evento, así como su intención de silenciar a sus colegas interrumpiendo la transmisión del evento.

Si la intención fue realizar una especie de retiro para conversar a puertas cerradas con confianza, claramente fracasó desde el inicio y se transformó en una cumbre más con discursos de ocasión, foto absurda con los brazos arriba (¿qué sería lo que está celebrando?) y canapés.

Por si fuera poco, se encargó a una comisión seguir adelante con el análisis del asunto, lo que todo el mundo sabe es la mejor forma de enterrar un tema. Lula además, producto de su sesgo ideológico o de que lo viene alcanzando la biología, viene mostrando una torpeza nada esperable para un líder político de su trayectoria. Su posición ambigua y prochina de la invasión rusa a Ucrania lo hizo retroceder varios pasos en la visión de las democracias occidentales, incluidos naturalmente los países de la Unión Europea que tanto lo extrañaron en la época de Bolsonaro. Su reciente posición respecto a que Venezuela no sufre una dictadura sino un problema de “narrativa” lo terminó de hundir a los ojos de cualquier persona con el más mínimo apego a la democracia y los derechos humanos.

Entendámonos bien, esta posición que ha asumido Lula perjudica severamente las posibilidades de que el Mercosur firme el mentado tratado con la Unión Europea, porque su figura se ha deteriorado a pasos agigantados al defender explícitamente a un dictador sanguinario que viola sistemáticamente los derechos humanos y ha provocado la mayor migración humanitaria de la historia de América Latina. Esto también, por tanto, perjudica a Uruguay en una de las apuestas claves que tiene en relación con su inserción internacional, que es el acuerdo con Europa.

Antes las dificultades que también tiene Uruguay para concretar tratados de libre comercio con varios países, las opciones se reducen. Con Estados Unidos porque el país del norte no quiere, con China y Turquía porque la presión de Brasil dificulta avanzar con la iniciativa. Por tanto, la principal apuesta de Uruguay en el corto plazo debe ser lograr su ingreso al CPTPP, el acuerdo Transpacífico que es una de las mayores zonas de libre comercio del mundo y a la que ya hemos solicitado el ingreso.

La principal apuesta de Uruguay en el corto plazo debe ser lograr su ingreso al CPTPP, el acuerdo Transpacífico que es una de las mayores zonas de libre comercio del mundo.

La estrategia diplomática de nuestro país se ha dirigido acertadamente en la dirección de alcanzar este acuerdo que tiene buenas posibilidades de avanzar en la medida que se vayan cumpliendo las condiciones de adhesión requeridas.

Este acuerdo lo integran varios países de gran interés para Uruguay, como Australia, Canadá, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur o Vietnam, con los que es posible aumentar sensiblemente el comercio. Además, junto con el comercio vienen los flujos de inversiones y nuestro país cuenta con las condiciones de estabilidad política, económica e institucional para ser un gran receptor de inversiones en un mundo convulsionado plagado de territorios con incertidumbres.

Los beneficios del libre comercio son indiscutibles, ha sido una de las palancas del progreso desde el fondo de la historia y, en particular, a partir de las sucesivas olas de la globalización que comenzaron en el siglo XIX. El comercio es fuente de prosperidad y de libertad para las personas que pueden elegir entre una mayor variedad de bienes y servicios a menores precios. Todos los indicadores internacionales de libertad económica que se publican año a año dan cuenta de la altísima correlación entre libre comercio y crecimiento económico, por lo que esto es un dato de la realidad aunque Olesker, Civila y Andrade prefieran ignorarlo.

Avanzar en una agenda de libre comercio no solo es lo mejor para Uruguay, es notoriamente su destino manifiesto.

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